El bebop de la ciudad, lecciones de diplomacia y dos marrones grandes

Artesanos Cafetería. Centro. Caracas                                             Fotografía: Marcelo Volpe.
Artesanos Cafetería. Centro. Caracas Fotografía: Marcelo Volpe.

Sobre la acera vio los gatos agolpados detrás de la puerta de vidrio y recordó su paso por la embajada de Bolivia, esta vez desvariando en el hastío de su “reconfortante” para entonces, vida diplomática. Aunque no soportó tanto distanciamiento jamás pudo comer del Charquekán  (Carne de Llama) el día de la  graduación. Cuando las vio pastar supo que jamás le metería a las llamas, mucho menos le interesó probar la cocaína que la hubiera puesto hiper en esos días de furia por las calles de La Paz. Lo que se vino con el cuento de las escaleras eléctricas, el shopping y el baile de graduación fue recordar la pobreza y contrastarla con su estilo de vida.

La ilusión tenía la frecuencia del turquesa en un vestido de princesa, este sería su regalo como madrina y al mismo tiempo como funcionaria diplomática. Tal y como se lo imaginó Octavio Paz, sobre nuestro continente. Latinoamérica es un adolescente que se mira en el reflejo del agua y tiene una visión transfigurada del niño que dejó de ser y del hombre que será.

Van 73 mordidas y media de golfeado y seguía pensando en la Llama y en la carajita que ahora debe tener más de 20.

Llevo medio sándwich en tres mordiscos (esto no es un selfie de comida) y habíamos pasado del acto de patear la mesa, picarla con golpes de karate, hacerla leña y quemarla a la frivolidad de la guerra de los estereotipos. Hablar de una guerra de estereotipos en una sociedad donde el 90% son indígenas es más que una frivolidad televisiva, el conflicto de la identidad se complejiza (por favor no le llamemos transculturización, ese no es el problema, y evitemos hablar de multiculturalismo en terminos diplomáticos). Ella no tenía porque tolerar el comportamiento “tan mamaguevo” de sus amigos o compañeros de trabajo, las contradicciones la superaban, el discurso lo veía colgado de las paredes mientras, afuera había una revolución indígena en proceso.

Cuando la burbuja de la vida diplomática se explotó. Renunció. A las semanas empezó a trabajar con los movimientos sociales, mineros, mujeres, LGBTI;  la interrumpí pensando de nuevo en que la cocaína boliviana debe halarse como el ciclón del dinero al esnifarla, y diluirse como un éter, a ella nunca le pareció relevante, entonces llegamos al paso, o de cómo el papá de la niña se negó a subirse a la escalera mecánica dentro del centro comercial, el paso de la brecha cultural (otro eufemismo de la diplomacia) o el simple miedo de sentirse llevado como un pedazo de cobre, con la posibilidad de resbalar y rodar por esas escaleras, no es lo mismo. Le faltaba escoger los zapatos. En esa diagonal de la escalera mecánica se podía representar la diagonal ascendente del tiempo y el espacio, la cadena involutiva del capital, en términos de identidad sería como hablar de los agujeros negros. La res extendida, la res pública, la res de McDonald’s, la resbaladera. Preguntó ¿Que sería de nosotros sin la palabra cosa?,  ahora que lo pienso creo que no existiríamos, es la segunda naturaleza.

Fugazi, Fugazi, recordé a Matthew Mcconaughey en la película El Lobo de Wall Street, después de improvisar un canto de guerra indígena y de esnifar cocaína en una clase magistral de capitalismo para niños.

El efecto es el mismo: una espiral.

Entonces vi esa espiral en la secuencia de Fibonacci, para explicar la sumatorias de las partes a escala dentro del un caos infinito, la zona áurea de la composición clásica y las formas del estado, y por una extraña coincidencia, mientras trataba de dibujarla sobre la mesa con el circulo de baba que dejan los vasos, esta misma figura reaparece tatuada en el brazo de quien preparaba los café, le pedí que por favor nos enseñara su tatuaje, cuando lo vimos en su antebrazo, me dijo que ella guardaba las coincidencias donde se guardan los juegos de las cosas que pasan y de la gente que aparece, como si el precipitarnos en el azar de los pronósticos y de las sentencias nos diera un  acceso vip al hiperurano, donde todas las ideas juegan solas y entre sí.

@CesarVzquez3

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