La guerra del dólar ficticio (II)

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Si la tasa manipulada del dólar paralelo impuesta por DolarToday es el arma contra la economía venezolana, entonces es el poder de monopolio que tienen pocas empresas el que presiona el gatillo y dispara contra el salario de los trabajadores en una maniobra articulada que debe analizarse para comprender el origen y comportamiento histórico de esta guerra del dólar ficticio.

En un ejercicio de simplificación se obtiene que el esquema económico nacional posee tres actores, uno es el Estado, otro el sector privado y el tercero el pueblo consumidor. El primero tiene la capacidad de ingresar las divisas al país por concepto de venta de petróleo, el segundo la de recibirlas a tasa preferencial para abastecer el mercado nacional y el tercero la de consumir los productos con su salario.

Sin embargo, la propiedad de los medios de producción y distribución en pocas manos le confieren a una parte importante del sector privado el llamado “poder de monopolio”, que le ha permitido inducir la inflación con fines políticos y que se fortalece con el comercio de importación, tanto de materias primas como de alimentos, cuyos costos maximizados termina pagando el pueblo.

Mientras transfieren hacia el exterior las divisas otorgadas por el Estado a precio preferencial, especulan con alzas de precios en el mercado interno ―recibiendo más bolívares por una misma cantidad de dólares otorgados― haciendo creer a la opinión pública que sus productos fueron adquiridos con dólares del mercado paralelo para así inducir la inflación con fines políticos.

El poder de monopolio

En entrevista con Desde La Plaza, la economista Pasqualina Curcio, explicó que en toda economía al aplicarse controles cambiarios surgen los mercados paralelos, los cuales presentan una brecha en comparación con el tipo de cambio preferencial que establece la autoridad monetaria, lo que motiva a empresas que importan bienes “a buscar el precio del mercado más alto, para poder convertir en bolívares lo que compró afuera en divisas. Eso ha sido histórico”.

De esta manera, “aunque hayan recibido a tipo de cambio preferencial ellos (los oligopolios) van a colocar en el mercado nacional un precio mayor y se van a guiar por ese mercado ilegal”, sin embargo, señala que desde 2007 este mercado paralelo “comenzó a ser manipulado en sus valores a través de sus portales web y de redes sociales” como DolarToday.

Aunque es el Estado el que ingresa las divisas que circulan en el país, este mercado paralelo, pequeño y marginal, al que acuden viajeros y particulares, presenta un precio manipulado “y al ser una referencia en los precios internos eso tiene un efecto sobre los niveles de inflación y ese es el mecanismo con el que están distorsionando la economía, por la vía de los precios”.

Pero el factor que oxigena a esta estrategia es la dependencia de las importaciones, que son el 35% del Producto Interno Bruto y quienes importan “son grandes corporaciones, muy pocas empresas con grandes capitales pero que son monopolios”, resalta Curcio, “Por ejemplo: los que importan repuestos, si son dos, tienen lo que se llama el ‘poder de monopolio’, que no es más que la capacidad que tienen para fijar precios en los mercados”.

Este poder de monopolio se potencia porque está en manos de aquellos oligopolios proveedores de bienes asociados al día a día, como alimentos, medicinas y repuestos de vehículos, por lo tanto “las personas estamos dispuestas a pagar el precio mayor, porque es un bien muy necesario”, destaca.

La autora del libro La mano visible del mercado (2016), resalta que el problema de fondo es la gran dependencia que tiene el mercado venezolano con estos grandes monopolios que inciden no sólo en la manipulación del tipo de cambio, sino en el desabastecimiento.

Inflación de facto

El sector privado, que “no exporta, ni se provee de sus propias divisas” siempre ha dependido del Estado para adquirirlas y actualmente se otorgan con el propósito de proteger el salario de los trabajadores con referencia a un justo índice de precios, pero en 17 años sin representación política en el Gobierno, dicho sector no capta directamente la renta petrolera y en consecuencia le impone al pueblo una inflación inducida, un impuesto de facto, para maximizar la ganancia golpeando el salario nominal de los trabajadores.

“Históricamente, en Venezuela han sido pocos los momentos en que el mercado cambiario ha estado liberado”, señala Curcio, quien sostiene que de hacerlo los oligopolios tendrían la capacidad de apropiarse de la renta petrolera para un uso distinto “no van a invertir esa renta en construir hospitales, ni escuelas, ni en un sistema público de distribución de alimentos, sino en su propio beneficio”.

Un ejemplo de este uso inadecuado de la renta petrolera quedó demostrado cuando el gobierno de Luis Herrera Campíns (1979-1984) aplicó el régimen de cambio diferencial. El entonces presidente del Banco Central de Venezuela, Leopoldo Díaz Bruzual, se opuso a que el Estado asumiera deudas del sector industrial privado no financiero ―las cuales sumaban ocho mil millones de dólares― porque representaban un peligro para las reservas internacionales por ser resultado de un endeudamiento por “bienes de capital, apartamentos en Miami, financiamiento para la compra de dólares luego sacados al exterior”, reseñaba una nota informativa de El Nacional, publicada el 27 de febrero de 1983.

Haciendo uso de los medios de comunicación y redes sociales este sector promueve la opinión de que el Estado no otorga los dólares al sector privado, el cual ha tenido que adquirir las divisas en el mercado paralelo, cuando en realidad la mayor parte de las divisas (65% en el lapso 1999-2014) han sido y continúan siendo otorgadas a dicho sector para las importaciones, señala Curcio en el capítulo II de su libro, titulado “Inflación inducida”.

Otra de las matrices que recientemente circula es que con la ampliación del cono monetario habría una mayor liquidez que aumentaría la demanda de divisas y su precio, al respecto la economista explica que “todos los bolívares que están en la economía uno no los utiliza para comprar dólares, uno compra comida, servicios de transporte, salud, es una pequeña cantidad que se utilizaría para comprar divisas”, en tal sentido las condiciones económicas no son las que han marcado el desproporcionado tipo de cambio, sino que este es resultado de una manipulación con propósitos desestabilizadores.

Fortalecer la soberanía económica

En opinión de Curcio, para derrotar el tipo de cambio que promueve DolarToday se debe concienciar a la población sobre las consecuencias de su maniobra. Más allá de denunciar en medios y redes sociales lo exagerado que pueden ser las variaciones del tipo de cambio o promover el bloqueo de los sitios web, lo que debe explicarse es el valor irreal de la moneda y sus efectos graves en la economía. “Todo el origen es la manipulación del tipo de cambio que incide en los precios, pero esos precios también inciden sobre el Producto Interno Bruto, sobre la producción y sobre los niveles de empleo”, advierte.

Considera que el pueblo debe estar consciente de que una escalada inflacionaria afecta el poder adquisitivo de los trabajadores, quienes al establecer prioridades en el consumo de alimentos y medicinas, afectarán la demanda de otros bienes no prioritarios, como vestido y calzado, sectores que en lo sucesivo tendrían que disminuir su producción y como consecuencia generar desempleo; incluso eventualmente habría hogares cuyos miembros en su totalidad estarían sin empleo “que ni siquiera pueden priorizar alimentos, que no tienen los ingresos, entonces, se va generando una espiral perversa en la economía consecuencia de esa manipulación”.

Por otra parte y de modo más estructural, considera que deben diversificarse tanto las exportaciones como la propiedad de los medios de producción. “No depender de esos grandes monopolios y corporaciones nacionales e internacionales, de alimentos, medicamentos, productos de higiene, repuestos, algunas tecnologías, porque eso es lo que nos hace vulnerables ante cualquier agresión”.

Para lograrlo, cree necesario promover la propiedad social y comunal propuesta por el presidente Hugo Chávez en el Golpe de Timón (2012), para desmontar el modelo rentista y hacerle frente a estos oligopolios. “Es un problema de dependencia económica y por lo tanto de soberanía”, expresa. Otro de los aspectos es lograr “controles a estas grandes empresas que están recibiendo (dólares) a tasa preferencial y que no necesariamente están colocando los productos a ese precio en el mercado”.

Como ejemplo de esta mala práctica, recientemente la Superintendencia Nacional para la Defensa de los Derechos Económicos denunció que la empresa Kreisel importó juguetes con dólares preferenciales entre 2008 y 2014, los cuales mantuvo años acaparados alcanzando un inventario de 3 millones 328 mil piezas y retuvo sistemáticamente los despachos a las jugueterías en una maniobra de boicot, para venderlos con niveles de especulación de un 54.000%. Dichos juguetes serán distribuidos al pueblo mediante los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP).

Acciones de este tipo, que organicen al pueblo en asociaciones de consumidores para el control de precios junto al abordaje y denuncias de las contradicciones presentes en el seno del sector privado, donde una empresa que recibió dólares preferenciales afecta a los pequeños comerciantes, pueden utilizarse como punto de partida para esa necesaria toma de conciencia popular que ayude a ganarle la guerra al dólar ficticio.

DesdeLaPlaza.com/Pedro Ibáñez