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Acuerdos con la oposición sin especuladores atravesados

Quienes el lunes firmaron el acuerdo de diálogo con el Gobierno revolucionario, no son ningunos caramelos. Cada uno de ellos, en su debida oportunidad –como lo demuestra la historia-, labró su cuota de responsabilidad contra el país. Unos como gobernantes y otros desde la oposición. Podría guardar reservas hacia Luis Romero –dada su condición de joven aún-, dentro de estas consideraciones.

Me remito a las pruebas: En 2005, mientras era entrevistado en Televen, Felipe Mujica aportó su grano de arena al odio colectivo contra el Comandante Hugo Chávez, mentándole la madre en vivo y en directo.

Timoteo Zambrano, Claudio Fermín y Bandera Roja, han empleado su derecho a la libertad de expresión para caldear los ánimos contra la Revolución y sus principales cuadros, impregnando rencores en lugar de ganar espacios en pro de críticas constructivas.

¡Ni hablar de Rafael Marín!, quien aunque no figuró entre los firmantes, respaldó el histórico acto que en Casa Amarilla tuvo lugar delante del cuerpo diplomático acreditado en Venezuela. Su historial como “político” no guarda, precisamente, recuerdo alguno como amante de los buenos modales.

No obstante estos expedientes, es de honestos reconocerles que el 16 de septiembre dieron un paso serio. Muy serio. Tal vez el más importante en sus vidas, como dirigentes de la derecha. Debo confesar que en 2017 esperé de ellos, otros y otras una posición similar ante las guarimbas asesinas desde las que se intentaba pulverizar a la Revolución Bolivariana. No se atrevieron o no quisieron, y los resultados aún nos enlutan.

Haberse separado del golpista Juan Guaidó, fue una decisión indiscutiblemente acertada. Tanto, como depositar en el concepto del diálogo la confianza necesaria para iniciar un nuevo camino dentro del pugilato democrático.

Justo también es reconocerles la habilidad de abandonar al investigado penal, cuando su vida política parece echada en la tumba que él mismo ha estado cavando en medio de traiciones a la Patria, ambiciones personales y desafortunada lectura del momento actual. La interpretación fue sencilla: “O nos vamos ahora o pasamos a ser sospechosos de narcoparamilitares”.

Tenerlos como adversarios en la diatriba diaria no será un encanto, por los motivos señalados antes. El tránsito con ellos será empedrado. Muy duro, pero –en contraprestación-, frontal y sin especuladores de por medio. Empezar desde cero, siempre tiene su lado bueno.

¡Chávez vive…la lucha sigue!

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