X

El artista X y el crítico Y… Matrimonio forzado

Comentarios sobre la crítica, la teoría y los intermediarios en el arte contemporáneo

La casta crítica y teórica que parásita el arte contemporáneo ha emprendido una épica lucha por el protagonismo. Ha definido claramente sus espacio de batalla, ha creado un fraseo a su medida, ha establecido relaciones sociales que le son propicias, y un paquete de valores ventajosos a sus maquinaciones. Se ha erigido a la vez en juez y regidor supremos del vasto mundo de las artes visuales.

Una de sus tareas ha sido armar por el arte de la especulación libre, frases y expresiones un tanto altisonantes, que de manera genérica y neutra, aludan a los mecanismos creadores del arte contemporáneo.

Pero como el arte contemporáneo declaró hace tiempo su libertad absoluta, y en comparsa con la posmodernidad dijo a coro que no tenía referentes y que la historia se había acabado y cosas por el estilo, entonces esta fraseología ha quedado también desprovista de sentido y se ha avocado a despachar todo tipo de malabarismos que en el mejor de los casos adornan catálogos y paredes, y que sirven solo como recurso auto referencial dentro del mismo “mundo del arte”.

– El artista recrea mundos sensoriales desprovistos de límites.
– La pintura de X establece un diálogo con el entorno enmarcado por lo paradójico.
– X desnuda su proceso vital frente a la mirada acuciosa e implacable del otro.

La fraseología crítica se estrella (y lo sabe) contra el cosmos informe del arte contemporáneo. Le toca justificar lo injustificable, le toca armar coherencias donde no es posible. De esta manera la acción teórica construye una tienda aparte y entra en el campo de la auto justificación y de la autocomplacencia. Cítame que yo te cito.

– Una obra de múltiples lecturas…
– X establece un espacio críptico donde los significados últimos son cognoscitivamente y sensorialmente imposibles de aprehender.
– La metáfora de la vulnerabilidad de lo humano está acentuada.

Léeme que yo te leo, invítame que yo te invito. Pudiéramos armar un diccionario de lugares comunes, de frases genéricas que bien sirven para una pintura figurativa que para una video instalación en extremo experimental. Pero el crítico es una estrella de la constelación. Su nombre, su presencia, su firma engalana el espacio. Y los malabarismos teóricos se han independizado del trabajo creador del artista.

– Mostrar sin mostrar, metáforas que saltan al abismo de la nada.
– X propone un terreno para la especulación infinita y sin posturas morales.
– El método y la liturgia creativa reconstruyen el yo en un accionar de lo público.

La cofradía mínima que son los teóricos se siente agredida por los discursos que invocan la inclusión. Porque su naturaleza es justamente la de sentirse ungidos y pertenecientes a un pequeño grupo que maneja el arte y sus secretos. Señores por favor no miren el cielo, nosotros se lo vamos a describir. Parecen decir. Intermediarios entre el arte y la gente, protagonistas del tejido social de la creación artística, divos del conocimiento, jueces del gusto, salvadores de la liturgia íntima y ancestral de la creación, etc. No son pocos los intentos de entender, a la luz de las dinámicas sociales de hoy, lo que está pasando en el arte.

– X plantea un universo sensorial trazado por influencias exógenas, por tributarios lejanos a sus orígenes.
– La metáfora infinita de la vida y la muerte es la protagonista discreta de este conjunto de obras.
– X nos invita a volver a mirar lo cotidiano, a experimentar otra vez la mirada virgen.

Lo cierto es que el arte y los artistas siguen creando y dando forma al espíritu del país, con o sin explicaciones, con o sin las contextualizaciones teóricas, con o sin interpretadores profesionales. Dejo esos temas allí.

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