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La estética de los que la chocan y los conceptualistas que se prestan

«Una acción política puede convertirse en obra de arte, como la que ocurrió en enero de 1979 cuando 350 presos del IRA que se negaron a llevar ropa de presidiarios y a bañarse diariamente dentro de la cárcel de Maze, en Irlanda del Norte, decidieron orinarse en el piso y embadurnar con sus excrementos las paredes y el cielo raso de sus celdas. Esta acción, hecha en privado, puede situarse como una maravillosa performance – instalación de sobrevivencia del siglo XX»

La Brigada de corrección moral del profesor y artista del performance Rosemberg Sandoval, me recordaría por siempre esa delgada línea que existe entre el arte y el terrorismo cuando criticaba las formas de protestas de los universitarios en Colombia. Si para el gobierno colombiano la izquierda es terrorista debían serlo de una manera más atractiva y eficaz, intentando al menos dislocarle el cuello de su adversario en el terreno de lo simbólico. Las «papas explosivas» ya no te llevan a ningún lugar, mientras el gobierno fabrica falsos positivos, bautizando con narco-corridos las falsas noticias en esta parte del planeta.

En nuestro caso el adversario «político» es otro, y aunque de él solo una parte espera al final del túnel la sonrisa de Ronald Macdonald a cambio de una economía antifritz, con un copete Pepsi neoliberal de corte tecnócrata donde los más violentos se parecen antes a un escuadrón suicida de psicópatas antisociales creados por alguna corporación que a un pueblo que lucha. Este ha abandonado el terreno de la política y la democracia, quedando solo como el adversario que nos empuja hacía una guerra civil, es decir hacia una guerra total.

A esta columna le precede un encabezado, la conversación con una querida amiga investigadora de arte contemporáneo que se esconde en el espacio indecible de cada palabra, con la que creo compartir una misma preocupación y fascinación por los límites.

La pregunta por los límites se hace ineludible, al enunciarla uno se pregunta al mismo tiempo cómo, cuándo y dónde se detendrá este desastre, a fin de cuentas es la misma pregunta por la sobrevivencia de la especie.

Para tratar de comprender cómo trabajan en esta fase los operadores de la derecha en Venezuela, sobre todo en las concentraciones que son el principal escenario de quienes una vez más y con insistencia obsesiva tratan de llevarnos  hacia las cuerdas de la intolerancia y la irracionalidad, debemos acercarnos a los márgenes de la propaganda.

Recientemente en el diseño de las campañas y en la construcción de los mensajes que circulan vertiginosamente por las redes, la dirección de arte está jugando un papel protagónico en el entrompe de la calle, utilizando acciones, imágenes y practicas vinculadas al arte contemporáneo que manipulan básicamente las emociones primarias como el miedo, el odio y el asco, este último en forma de arma para el enfrentamiento y las acciones de choque, reforzando la embestida mediática.

En el marco de la democracia de las emociones que establecen los medios de comunicación a través de sus dispositivos y narrativas transmedias dentro de una ciudad sitiada por el miedo, los artistas pueden llegar a ser potenciales «terroristas» ya que el formato exige que los atentados se construyan como accidentes.

«Me gustan las cosas», Martin Creed

El pasado 19 de Abril, los laboratorios de medios alineron sus baterías, la velocidad de respuesta que se utilizó en la producción del miedo recreó en tiempo real imágenes históricas de la fotografía documental para relacionar simbólicamente hechos totalmente «accidentales», como la masacre de la plaza Tiananmén  en 1989 y  la guerra de Vietnan con lo que sucedía casi de manera sincronizada en la autopista Francisco Fajardo y en la urbanización Santa Fe de Caracas. Siendo parte de un Fake Show que se ha venido intensificado últimamente para que no podamos distinguir entre la verdad y la mentira, en este caso de una manera muy obvia y literal.

1. Víctimas de genocidios y matanzas deliberadas 2. Victimización para un show mediático a escala global

Hoy los influenciadores de tendencias anuncian y difunden estas campañas de acciones directas diseñadas por artistas contemporáneos venezolanos que fungen como activistas en esta coyuntura, anexando al carácter del conflicto elementos conceptuales y performativos en la sucesión de los hechos.  Algunos de estos artistas están articulados con partidos políticos de la derecha y se les garantiza financiamientos, viajes y proyección a través de la Asociación de Estudios Latinoamericanos, LASA, vinculada a la Agencia de los Estados Unidos de América para el Desarrollo Internacional, USAID, y a la Agencia Central de Inteligencia, CIA, insertados de esta manera en los circuitos del arte de algunos países de América Latina, Estados Unidos y Europa principalmente.

 

Mierda de Artista. Piero Manzoni
10 de Mayo, «Marcha de la Mierda» opositores lanzan excrementos

El 10 de Mayo se conmemoró el día nacional del artista plástico, para ese día la oposición convocó a la “Marcha de la Mierda” propagando la etiqueta #puputov  y creando con ella toda una señalética internacional de la ilegalidad descarada ya que el uso del excremento como un arma podría generar problemas de salud pública, además de estar prohibido por los tratados internacionales, y fue vetado en otros países como en Ucrania.

Es desde allí donde cabe preguntarse: ¿Cuál es el límite?

¿Hay acaso, que imaginarse los límites antes que se nos impongan, por seguridad ya que en principio parecen escatológicos? Como diría el creador del Museo del Accidente, el arquitecto y filosófo P. Virilio, «De eso saben bastante los terroristas».

Por último, y dejando las abstracciones de lado. ¿Qué tipo de expresión persiste en una acción donde el cuerpo descompuesto es utilizado para trancar las carreteras y las vías principales, atravesando ataúdes con osamentas profanadas a las luz del día?

Ya no basta con humillar al adversario, ahora parece  necesario saciárselo en una retroalimentación permanente de la crueldad.

Ni siquiera el accionismo, como un arte transgresor en ocasiones escatológico o rozando con la pornografía llega hasta este punto, la exacerbación de la violencia que potencializa la misma violencia no puede ser de ninguna manera emancipadora, el arte debe ir en contraflujo de los ataques que atenten contra la integridad del cuerpo del otro, de lo contrario la escalada de violencia parece no tener límites.

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