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En mi cuadra (y III)

Cada quien tendrá sus cuentos de lo que puede ir pasando en el lugar donde vive, pero es que yo les cuento esto para que quede un registro de estos hechos insólitos y locos que pasan en este punto neurálgico de la capital, en mi cuadra.

…y centellas

Yo les había contado ya que soy brontofóbica y que no puedo con los nervios cuando hay tormentas, rayos, truenos y centellas. En Caracas poco tenemos de eso, a comparación de otras ciudades en las que los vientos huracanados hacen y deshacen, sin embargo hubo una vez que la lluvia se puso densa, soplaba muchísimo y el sonido del viento en las ventanas era digno de una película de terror.

Las puertas y ventanas se batían y a más de uno se le inundó el apartamento esa noche, yo titiritaba del miedo bajo las sábanas de mi cama, cuando de pronto… un destello iluminó el cielo, un estruendo hizo temblar más que mis rodillas, las paredes, la estructura de la torre se estremeció, algo se quebró, algo pasó a toda velocidad cayendo por mi ventana.

Un rayo. Sí, un rayo como el de las comiquitas, cayó en una esquina quebrando parte del techo de la terraza del penthouse que se desmoronó y fueron a parar al estacionamiento los pedazos de ladrillo y pared. Ahora pareciera que le hubiesen metido un mordisquiro al edificio, cual si fuera esa puntica del pan canilla calentito que no sobrevive el viaje a la casa.

Swat

Llegaba de madrugada de una fiesta a mi casa, entré por el sótano y desperté sin querer al vigilante que (pobrecito, él trabajaba mucho y aunque debería estar atento a lo que sucede durante la noche) se echaba su camarón sin asco alguno.  Subí a mis aposentos y mientras me desvestía para empijamarme se escucharon unos disparos muy cerca, luego un carro pegó un frenazo y se escuchó clarito cómo se coleó hasta chocar contra el muro de una de las casas de la calle de arriba, esas que se ven desde mi ventana. Me asomé chismosamente, vi el carro estrellado y un par de personas correr.

Cuando me disponía a llamar a la policía para informarle del choque y los disparos, comencé a observar cómo en el barranco que baja de esa calle y que termina en el muro de contención de mi edificio, entre las matas y árboles había mucho movimiento y dije: hay alguien allí, esos ruidos no son de los animales que se la pasan por allí, son pisadas de personas.

Luego de reportar la situación con la policía del municipio aledaño, seguí prestándole atención al movimiento de las matas y logré ver como una persona llegaba al borde de la canaleta del muro y me asusté, llamé al vigilante para advertirle que había gente extraña en el monte y que estuviera pendiente, si eran malandros o no, no lo podíamos saber, pero su inocencia no los hubiese obligado a lanzarse por el depeñadero más cercano.

Insistí con la policía para agregar a mi reporte lo de las personas en el matorral y fue cuando mandaron al equipo swat de guardia que, en cuestión de minutos, entró en el conjunto residencial con una puesta en escena de dimensiones joligudenses, el comando con todos los juguetes, con pasamontaña negro y botas negras, alumbrando con linternas y arma en mano, se subieron al muro ordenadamente, se hicieron paso entre los matorrales, luego un silencio y 2 disparos.

Atraparon a los malandros y los hicieron bajar por el muro de contención con las manos atadas. Los vecinos, que ya se habían ubicado estratégicamente en sus respectivas ventanas para ver el operativo, gritaban con furor que los mataran. Luego nos enteramos que esos tipos habían secuestrado a un taxista para perpetrar un robo y luego en la huida lo mataron y tuvieron que escapar.

Tiempo después los policías volvieron a visitar el edificio y se adentraron en el monte buscando «algo» tardaron horas hurgando y después salieron sin decir adiós.

Nunca nos enteramos si consiguieron o no lo que buscaban.

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