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El datazo que arrugó a los golpistas el 9-D

Para la oposición golpista en nuestro país nunca habrá resultados eleccionarios que valgan. Podrá sufragar el 100 por ciento de convocados y convocadas, o un porcentaje mucho menor como ocurrió el domingo durante las elecciones municipales en toda la nación y –en ninguno de los casos-, estará dispuesta a reconocer la validez del proceso no obstante que el mismo esté blindado de plenas garantías reconocidas por agentes nacionales e internacionales.

La contundencia revolucionaria desbordada en el voto directo, secreto y universal del 9 de diciembre terminó de arrancar sus viejos, bajos y agresivos instintos. No le perdonan al pueblo chavista que por vigésima tercera ocasión haya marcado la pauta al momento de elegir a sus representantes, consustanciada con el ideal de cambio iniciado (casualmente, a través de otra elección), que agarró camino el 6 de diciembre de 1998.

Ese sector de la ultraderecha apátrida debe cargar sobre sus conciencias con la responsabilidad histórica de haber desmovilizado (en el caso específico del domingo), a quienes desde las bases tenían el derecho constitucional de expresar libremente sus preferencias municipales. Desmotivar la participación, desgraciadamente, le ha generado -hasta ahora- pingües réditos. De allí que bien vale el gesto de reconocer y hasta felicitar a quienes desde la oposición sensata, decidieron participar cabalgando sobre sus candidaturas propias los unos, y/o haciendo la selección correspondiente los otros.

Aquí va un dato para terminar de arrugarles el espíritu a quienes no dejan de apostar por una propuesta apolítica contra Venezuela, ofrecido el lunes en la mañana por el sociólogo José Gregorio Martínez quien tomó como base las votaciones municipales de los años 2000 y 2005: la participación fue 23% y 28%, respectivamente SIN QUE EN NINGUNO DE AMBOS CASOS haya “mediado” el llamado abstencionista que caracterizó al del pasado 9-D, puesto que el llamado a la participación contrarrevolucionaria fue masiva en uno y otro momento.

Dicho de otra forma, al oposicionismo sangriento le arde que las fuerzas rojas sean capaces de desplegar una capacidad de respuesta férrea -que en medio de condiciones adversas-, iguale o supere a aquellas generadas en sana paz. Allá ella. Que se rasque.

¡Chávez vive…la lucha sigue!

Foto: Omar García

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