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Entrompando el Falopio1

Los gentilhombres culpables gozaron por última vez del espectáculo de la comedia.
Esa misma noche fueron borrados de la vida.
Cap. XVII: Una Muerte Heroica
Charles Baudelaire
El Spleen de París

 

A que les dio risa ese título, a que sí. 1Bueno, no es de mi autoría. Ese fue C que andaba repitiendo vainas que escucha después de una conversa divertida de machismos y feminismos, de aseveraciones duras, de respuestas duras… y al final, de no saber nada de la vida.

Tengo rato pensando y padeciendo ya las querencias, necesidades, ambiciones y deseos del poder por el poder. La posibilidad de establecer relaciones de superioridad con otrxs por la simple posibilidad de hacerlo, porque se siente bien, porque es rico, porque emborracha, porque se puede.

Ahora, ¿hemos establecido este tipo de relaciones con otras personas? Desde el uso delxsotrxs, y del pisoteo inclusive. Usar al otrx a cuestas de sí mismx sólo para obtener una especie de capital simbólico, y cuando la relación es de patronx a obrerx, de capital monetario y de fuerza-trabajo.

El uso del poder no se establece nada más en relaciones amorosas, se establece en todos los ámbitos donde una relación interpersonal tenga espacio para la jerarquización de esa misma relación. De modo que hay uso del poder entre xl patronx y el obrerx, entre novio y novia, entre novia y novio, entre gerente del banco y cliente, entre vigilante de quinta que se cree dueño de la quinta y empleadx de la quinta, entre representante de carajito malcriado y maestra, entre directxr de RRHH y empleadx, entre coordinadxr bachiller y empleadx magíster (o viceversa), etc. Puedo seguir con los ejemplos, pero como suele pasarnos, me gastaría los caracteres en este enunciado.

Estas relaciones están cruzadas por la clase, el género y la raza, y establecen serias contradicciones: pareciera que tiene más sentido que sea el patronx quien nos doblegue y espere que ante un reclamo/amenaza nos quedemos calladxs, a que sea un macho vernáculo en la calle quien nos interpele con sus babosadas, o sea la cajera del banco quien lo haga, o sea la responsable del CLAP en la zona, ¿no? Porque, pareciera, que las relaciones de poder se establecen cuando hay remuneración monetaria a cambio de un trabajo productivo que hacemos, de modo que tiene sentido que xl patronx nos doblegue al mismo tiempo que le vendemos el tiempo, el cuerpo y el alma y se hace ricx a costa nuestra.

Pero, resulta que esas no son las únicas interpelaciones a las que nos enfrentamos cotidianamente: la búsqueda de la sumisión por parte del otrx, de la sensación inquebrantable de autoridad se cuela escurridizamente en la mayoría, sino en todos, los espacios donde hacemos vida. Y… ¿por qué?

Siempre que hay conflicto interrelacional (y por tanto, interpersonal) suele haber responsabilidad de parte y parte. Siempre. Me gusta llamarlo el jueguito de la taza: cuando estaba chama y se me partían las tazas mi mamá me decía que se habían partido porque yo las había dejado en un lugar propicio para que, en efecto, se partieran la maricas tazas. A lo que yo le respondía “¡pero yo no la rompí, mamá!”. Y ella volvía “dejaste la taza en el bordecito” o “dejaste la taza atravesada”. Años después lo entendí: yo había propiciado el conflicto, no lo había evitado. Si bien yo no había partido la taza, yo había abierto el espacio para su futura desintegración, y por tanto, la responsabilidad inicial era enteramente mía.
Sí.

Ahorita me gusta aplicar el ejemplo de la taza a varias cosas, a varios conflictos, a varias injusticas estructurales, antiguas, bíblicas casi, donde se han establecido relaciones de poder y donde se ha partido (tarde o temprano) la marica taza porque fui yo quien la dejó allí, en el bordecito, llena de café viejo. Xlotrx va a hacer dos cosas: apelar a que la taza se va a caer y se va a partir y venir y echarle la culpa a unx, o simplemente le va a saber a bola fría e igual esa coña se va a partir. El resultado es el mismo.

Coño, es jodido, ¿no? Una tiene que pelear constantemente con las injusticias de la estructura y cómo devienen ellas en prácticas cotidianas (desde la clase, desde la raza, desde el género) y se cansa tanto, tanto, de esta vorágine maldita e intoxicante que se le olvida que dejó la puta tasa en el borde. Y si bien entender esto no nos salva, no nos hace sentir mejor, ayuda a despejar el terreno emotivo que nubla tanto y confunde en banda.

Las cosas son lo que son: desigualdad pal pobre-negrx-mujer-patenelsuelo versus territorio fértil lleno de pipís bien paraos en sujetxs con dinámicas mojoneadas de poder. Sí, entrompe total e impune de ese montón de falosque se reparte en patronxs, en dueñxs de negocios, en comerciantes, en obrerxs, en empleadxs, en hombres, en mujeres que creen que tienen un pipisote en la frente y van como rolos de unicornios jodiendo a la gente porque de hecho pueden ejercer ricamente su poder sobre lxsotrxs.

Ahora,  cómo el doblegadx entrompa, así mismo, ese uso del poder es rolo de conversa también: sí, hay relaciones de poder establecidas que dignan injusticias duras, pero ¿cómo es ese contrapunteo? Protegerse, defenderse es siempre el rescate de lo propio, de lo que es unx, de lo poco y lo mucho que llevamos dentro.

Hace tiempo yo escribía sin cesar sobre la resistencia que tenemos en la sangre, en la cuerpa, en el corazón, en el coco. Hoy me gustaría traérnoslo de vuelta porque en toda relación de poder donde somos nosotrxs los doblegadxs creo que sigue haciendo falta la contesta, el reproche, la defensa, la batuqueada de pelo, pero con la responsabilidad asumida y puesta en práctica clarita en la mano y en los ojos, sin envenenarla y convertirla en argumento manipulador y sin voltear la tortilla y ejercer nosotrxs el poder que pisotea al otrx.

No dejemos la tacita en el borde,
porque
se va a caer
y nos la van a cobrar cara.

P.D: si dejamos la taza limpiecita, guardadita en su gabinete y viene esx malparíx y la parte, y nos la quiere cobrar como nueva (o nos quiere cobrar el juego completo e tazas), también hay que defendernos. Pero esa es otra conversa ya, porque el grado de poder ejercido sobre nosotrxs ha crecido mucho y esx becerrx se cree una vaina; de modo que atacarlo requiere de estrategias distintas a una batuquiada de pelo y una buena contestada.

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