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Ese negro chimbanglero llamado San Benito

“Ajé, Ajé, San Benito Ajé”

Alguna vez lo sacaron de los templos católicos, donde se le rendía culto con el nombre completo de San Benito de Palermo. Palermo es una ciudad italiana -recuerdo, y tú también- donde para el siglo XVI, que es cuando nace (se cree, entre 1524 y 1526), probablemente nacían puros catiritos por aquellos lares. Aunque es pertinente recordar que el fraile franciscano, nació de padres esclavos, probablemente en un Cumbe enclavado en Italia. Nunca se desclasó, por lo que siempre siguió pensando en resistencia y libertad, al lado de sus hermanos esclavizados, tanto en su Sicilia natal, como en nuestra Abya Yala, donde muchos fueron traídos como mano de obra al servicio de los conquistadores y monarcas de los reinados europeos.

Yo no sé, exactamente, si aquello de sacarlo del santoral fue por el mismo capricho que tienen los jerarcas católicos de contar con un omnipoder para determinar quién entra al cielo en calidad de santo y quién no. Lo cierto es que, para entonces, muy pocos pobres auténticos, muy pocos insumisos ni libertarios, mucho menos si sus pieles estaban entintadas, genéticamente, de melanina africana, siquiera figuraban por los vecindarios del cielo.

Pudiera tratarse de la misma discriminación, a la que se oponía nuestro poeta Andrés Eloy Blanco cuando se quejaba, a propósito de otros habitantes del cielo, que son los ángeles: “¡Píntame angelitos negros!”, clamaba nuestro bardo cumanés en su poema que reivindicaba la inclusión, mucho antes que nuestra querida, pertinente y bien defendida Revolución Bolivariana y Chavista lo hiciera.

En cualquier caso, tanto detalle puede no ser tan importante para el Diálogo en la acera que establecemos esta semana, en vista de una celebración de sus fiestas en los pueblos del sur del Lago de Maracaibo. Pero, andamos en un mes en el que sus últimos días congregan a vasallos, promeseros, cofrades, chimbangleros, en los pueblos de Bobures y otros circunvecinos. Una batería de cinco tambores muy particulares convoca  y entona ritmos que son acompañados con danzas de pasos cortos y rítmicos por los que se avanza en el culto y veneración del santo que es trasladado en procesión hasta la sede de un templo católico que, hasta hace muy poco, no abría sus puertas a la manifestación de fe, lucha y resistencia que muchos de los aludidos jerarcas católicos, han considerado “pagana”.

Lo que nos parece importante resaltar, en estos momentos de lucha, batalla y victoria, es que San Benito, el fraile esclavizado y proletario, que es emblema de una forma de lucha revolucionaria, está de nuestro lado, del de las y los más humildes, ninguneados, segregados por negros o afroesclavizados que fueron forzados a quedarse pero atados a cadenas, a dominios, a creencias.

San Benito de Palermo, ese negro chimbanglero tan nosotros mismos, emerge desde Venezuela, en los pueblos del sur del Lago, Bobures y Gibraltar, principalmente, como uno de los nuestros, un igual pero guerrero déico, sin acomodos. “San Benito échate un palo y canta con alegría, que en Motatán los tambores ya resuenan por la vida”, invoca nuestro filósofo cantor y revolucionario, Alí Primera, en una convocatoria donde nadie se queda en la casa “pues al combate me voy”. A defender La Puerta, la Patria, la Revolución, la República… ésta, la 5ª, la de la Independencia definitiva.

Ilustración: Xulio Formoso

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