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¿Gamer o no gamer?

Muy probablemente me gane algunos enemigos y pierda a algunos lectores, pero he aquí mi cuento sobre la controversia de ser o no ser gamer.

Pasado

No vengo a hablarles de Pong, el primer videojuego que salió al ruedo por allá por 1972, porque del Atari tengo pocos recuerdos. La forma de su joystick (palanca de mando) palo negro y botón rojo, es memorable. Sin embargo, fue sufriendo una metamorfosis donde le salieron nuevos botones casi que uno para cada dedo de la mano, colores, palancas adicionales y hay algunos que hasta vibran. Debo confesar que uno de los juegos con los que más me divertía en mi niñez, fue el de los paticos que sacó Nintendo, Duck Hunt. La risa del malvado perro cuando agarraba al cadáver del pato era muy graciosa, creo que fue la primera vez que tuve un arma en mis manos (naweboná ‘e dramática)

Seguimos, con la llegada de las computadoras, recuerdo que en nuestra pobreza teníamos que depender de otros para conocer algunos avances tecnológicos, entonces yo me instalaba en la pc de mis primos a jugar por horas Pacman, Tetris o Principe de Persia. Hasta que la Pentium 2 llegó a mi casa y entonces las sesiones de Age of Empire II eran de 4 o 5 horas, sacando oro, piedra, sembrando y cada vez que sonaba la trompetica la que indicaba que mi reino estaba siendo atacado por Teutones, mi mamá pegaba el grito respectivo de ¡Ya está bueno del jueguito, Victoria!

En la universidad, mientras estuve en el centro de estudiantes, teníamos una pote de computadora que nos salvaba de adelantar o finalizar trabajos a último momento y en las horas muertas o esperando a que comenzara una clase, jugábamos uno de unos muñequitos con cabello verde que se llamaban Lemmings, que construían o destruían cosas para llegar a una puerta pero que si calculabas mal veías como se iban suicidando poco a poco, también podías hacer que explotaran sus cabezas, algo dantesco pero entretenido.

Mis primos, referencia de esta secta de jugadores empedernidos y adictos a las consolas, desde pequeños se mataban a coñazos con StreetFighter y Mortal Kombat. Se conocían los trucos para hacer el Fatality y las patadas voladoras que acababan con el oponente, las pocas veces que me dejaban jugar, yo pedía a Chun Li y siempre perdía, obvio.

Presente

Jamás he comprado un equipo, nunca he tenido una consola de nada, ni Wii, ni Xbox, ni nada de eso, a mis padres nunca les pareció buena idea que yo tuviera este tipo de juegos, ya yo era lo suficientemente hiperactiva y con energía de sobra como para que me diera un ataque epiléptico de gratis. En casa había juegos de mesa, Ludo, Scrabble, Monopolio, Ajedrez (que nunca aprendí a jugar) Damas Chinas, Dominó, Adivina quién, Sospecha y Barco hundido. Mi hermana lo más cercano que tuvo fue un GameBoy verde manzana con 3 juegos que pocas veces utilicé.

Mi contacto entonces con este mundo fue limitado. No me causaba mayor tristeza ni frustración, porque en realidad no era buena en eso y siempre perdía, estaba pendiente de otras cosas y mis intereses no estaban alrededor de una pantalla. Sin embargo, una vecina tenía un play3 donde jugaba Tetris por horas, creo que fue uno de los juegos que más me atrapaba y me encantaba. También una de mis mejores amigas le compró a sus hijos, para navidad un Wii y había un juego en particular que podíamos pasar toda una tarde perdiendo el tiempo haciendo vueltas de patinaje sobre hielo, Sony y Mario en los juegos de invierno.

Hace algunos años, cerca de mi casa, abrieron un Cyber (centro de copiado con muchas computadoras) donde todos los muchachos de mi cuadra, organizaban partidas de un juego de matazón que se llamaba Counter Strike, después llegó Assassin Creed, luego Call of Duty y ya era demasiada violencia y muchas invasiones a países petroleros para mi gusto, pasaban horas en eso, pero ya estábamos más grandes y yo estaba pendiente del novio o de la bebedera, no de andar pegada a una pc matando gente.

Conozco de chamos que juegan de madrugada on line con personas de otros países y conocen gente que habla otros idiomas, pueden hasta dejar de dormir, pasar horas sin comer, se pierden fiestas y las novias los dejan por andar jugando. Luego los ves ojerosos y desnutridos por las esquinas, todo por culpa de Tibia.

El caso más grave de esta adicción desmedida y esas ansias de competir, lo veo con mis primos y alguno que otro conocido. Son adultos, de día van a la oficina encorbatados, muchos son padres, más de 30 años de edad, nada de eso importa porque ahora se reúnen para tener partidas de Fifa 18 con la PlayStation, mientras sus esposas o novias chismean en la cocina. Su poder adquisitivo les permite comprar cuanto juego, control, headset o periquito nuevo salga y se pueden pasar toda una noche entre tragos y sus destrezas en el fútbol en HD.

 Futuro

Lejos de hacer de esta publicación una crítica o un juicio para quienes descargan y drenan con estos juegos, es más un llamado a la reflexión sobre la administración del tiempo que se le dedica a estas actividades lúdicas, como todo vicio es complejo para abandonar, pienso que incluir a otros actores en la escena o quizás brindar conocimiento al respecto, podría mejorar las comunicaciones con el resto del mundo y de las personas no jugadoras. Abstraerse, en ocasiones puede ser necesario para algunas personas, pero es cierto que anular a todos los demás, tampoco es muy sano que digamos.

En algún momento saldrá un juego de la historia sobre la vida del matrimonio de Mario y la Princesa Peach, de como le montó cachos con Luigi o quizás se devele que todos esos juegos fueron diseñados bajo los efectos de un ácido brutal que les hace imaginarse y crear esos mundos donde si la cagas, mueres.

Con todos los avances que permanentemente siguen saliendo en los diseños de juegos de video, las experiencias tridimensionales, la fulana realidad virtual, han incrementado la expansión en las mentes de aquellos que han crecido (y algunos nacido) con un mando de control en sus manos. Temo por la vida en el futuro de aquellos que no posean habilidades ni conozcan de la existencia de un triangulito, un cuadrado, un círculo y aquella equis.

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