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La pornomiseria como estrategia

Así la miseria se convirtió en tema impactante, por lo tanto, en mercancía, fácilmente vendible especialmente en el exterior donde la miseria es la contrapartida de la opulencia de los consumidores… el afán mercantilista la convirtió en válvula de escape del sistema mismo que la generó” 

(Que es la porno-miseria, Luís Ospina y Carlos Mayolo)

Alguna vez quise imaginarme que Luis Ospina y Carlos Mayolo, denominaron cada uno por separado los diferentes títulos de su documental “Agarrando Pueblo”,  donde uno de estos supone una mala traducción del nombre. “The Vampires of Poverty”,  fue esa otra identidad compartida en el compromiso de llamar a las cosas con un nombre.

Esta traducción nos aproxima a la idea de quien te chupa la sangre no es otro que el que paga y consume tu propia miseria.

Cuando una obra de arte camina por sí sola como lo hizo este falso-documental y se pierde en la opinión pública, es porque en ella, algo va más allá del éxito o el consenso.

Este dúo de cineastas con un mínimo equipo y  una cámara 8 milímetros, crearon un concepto más allá de la obra que dejó una impronta en la cinematografía latinoamericana.

Crear un concepto debe tener algo irreversiblemente revelador (cuando se crea un concepto de verdad ), como diría Deleuze, los conceptos vendrían a ser la comidilla de los filósofos y los publicistas de hoy en día.

Este concepto fue “La Pornomiseria” también le llamaron “miserabilistas”, para quien sería el sujeto que produce o consume en imágenes esa cuota de realidad basada en la permanente desgracia de los pueblos.

Ahora, no solo un concepto tiene en sí una condición que parece trascendental como es el caso de este documento-manifiesto, ya que en él el sujeto y el objeto se contienen el uno al otro,  también el concepto deviene en la hegemonía que abarca al mundo y a la condición del ser persona, de la misma manera como seduce y persuade el marketing político y la publicidad emotiva incidiendo en las valoraciones, éticas, políticas y estéticas.  

Ambos artistas marcados por la íntima relación cámara-hombre,  una relación que hoy en día se naturalizó a través de las tecnologías informáticas y cotidianas de las comunicación, dentro de su arquitectura o el arte de los sistemas, la “pornomiseria” permeo las tendencias de la opinión pública y como una pandemia se viralizó entre la multitud y la sociedad mass-media.   

En una de las escenas de este documental, un hombre Colombiano muy pobre aparece limpiándose el culo con un unos billetes de pesos frente a la cámara, cuarenta años después otro colombiano lo hizo con unos bolívares frente a la cámara de su teléfono, con la diferencia que este último se hizo noticia y le dio la vuelta al mundo en minutos con un mensaje político bien definido.

Quizás la mayor preocupación de Ospina y Mayolo era limpiar la imagen de Colombia, y de reconducir a través de una petición de principio el cine latinoamericano de los años 70, lo cierto es que no hace falta buscar la mínima inferencia ya que existen todas las pruebas para saber que la “pornomiseria” actualmente es parte de una de las estrategias de la guerra mediática contra Venezuela y forma parte del retorno de la obra en negro pactada en todos los escenarios posibles para el derrocamiento del gobierno de Nicolás Maduro.  A través de la democracia de las emociones instaurada por los medios de comunicación,  el concepto de país aparece como una abstracción manipulada por los intereses de los grandes capitales.

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