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El sentido socialista de una chamba

La fuerza de trabajo es, pues, una mercancía

 que su propietario, el obrero asalariado, vende al capital.

¿Para qué la vende? Para vivir”

Karl Marx

Una chamba es una chamba, sea esta ejecutada por jóvenes, adultos o viejos. La traducción que desde el lenguaje de calle se hace, en Venezuela, del término “chamba”, no es otra que la de trabajo. Tener chamba es tener trabajo, o una forma de ingreso que percibe la trabajadora o el trabajador, en calidad de salario, por producir algo que genera capital al dueño de los medios de producción y les enriquece más cada vez, mientras el productor es cada vez más pobre.

Es una relación capitalista. Carlos Marx explica que éste “les compra con dinero el trabajo de los obreros”. O, dicho a la inversa (en el mismo discurso pedagógico de Marx), “estos le venden por dinero su trabajo”. La relación de compra-venta, en realidad “no es más que la apariencia. Lo que en realidad venden los obreros al capitalista por dinero es su fuerza de trabajo”, no el trabajo.

Y Marx, en sus escritos del 5, 6, 7, 8 y 11 de abril de 1849 en la Nueva Gaceta del Rin. Órgano de la Democracia, explica que “el capitalista compra esta fuerza de trabajo por un día, una semana, un mes, etc. Y, una vez comprada, la consume, haciendo que los obreros trabajen durante el tiempo estipulado”. Continúa explicando el padre del marxismo que “el mismo dinero con que les compra su fuerza de trabajo, por ejemplo, con los dos marcos (bolívares, en nuestro caso), el capitalista podría comprar dos libras de azúcar o una determinada cantidad de otra mercancía cualquiera. Los dos marcos con los que compra dos libras de azúcar son el precio de las dos libras de azúcar. Los dos marcos con los que compra doce horas de uso de la fuerza de trabajo son el precio de un trabajo de doce horas. La fuerza de trabajo es, pues, una mercancía, ni más ni menos que el azúcar. Aquélla se mide con el reloj, ésta, con la balanza”, puntualiza el revolucionario de la cosmovisión del capital, mediante la crítica de la economía política.

Claro que mi interés por hablar del asunto de la chamba, en las actuales relaciones capitalistas que padece también Venezuela, pese a su propósito de construir nuevas relaciones no capitalistas, socialistas, debe mirar hacia el fondo del pensamiento crítico, porque el camino revolucionario que hemos escogido es cultural y debe expresarse en una “reforma intelectual y moral” de la sociedad presente, tal como lo planteaba Antonio Gramsci.

El asunto del amor y la conciencia, planteado con su ejemplo de vida por Ernesto Che Guevara, debe estar presente como prioridad del Plan Chamba Juvenil que felizmente ha lanzado el camarada presidente Nicolás Maduro. No puede limitarse a una respuesta economicista que incorpore al intocable mercado capitalista a una población juvenil que tiene necesidad de ingresos para poder comprar sus “dos libras de azúcar” (siguiendo con el ejemplo de Marx que citamos más arriba). Hace falta que un nuevo contenido o una nueva conciencia y unos nuevos valores se pongan de manifiesto en la chamba que podría quedar en la caricatura de “resuelve” sin exigir un tributo a la Patria socialista que, como Bolivarianos y Chavistas, estamos en la obligación de contribuir a construir.

Entonces, tener chamba es tener trabajo, pero no es equivalente a tener conciencia. Para tener chamba y conciencia hace falta profundizar nuestra Revolución Bolivariana y Chavista hasta alcanzar la Patria socialista.

Ilustración Xulio Formoso

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