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El sueño de los bebés

Por: Morella Martínez

El sueño de los bebés es un tema de preocupación en los padres, especialmente para los que se estrenan y desconocen la realidad sobre el tema, ya que sus expectativas sobre el mismo suelen estar basadas en “publicidad” engañosa, con propagandas de bebés pequeños que duermen toda la noche o series y películas que muestran niños inmóviles en sus coches o cunas durante horas mientras se desarrolla toda la trama.

Hay que ser realistas y desarrollar procesos familiares razonables para evitar frustración y agotamiento extremo.

Los bebés tienen una necesidad de sueño diferente según la edad. Durante los primeros meses de la vida, duermen muy frecuentemente. Un recién nacido duerme generalmente 18 horas distribuidas indiferentemente de día o de noche en 6 ó 7 períodos. Además sus estómagos son muy, pero muy pequeños, el crecimiento es rápido, su dieta es líquida, y la digestión también es rápida y por lo tanto necesitan alimentarse constantemente. El patrón de sueño responde principalmente a sus necesidades de alimentación y protección. La inmadurez biológica y del sistema nervioso, hacen que un bebé necesite despertar con mucha frecuencia para sobrevivir. Los períodos de vigilia y de sueño van variando a medida que el niño crece.

Desde el nacimiento están presentes 2 formas de sueño el “REM” y el “no-REM”, el ritmo y la frecuencia de cada uno se van modificando a lo largo del desarrollo. Durante el sueño REM o “sueño activo” el bebé puede hacer sonidos, moverse y es la etapa en que puede despertarse más fácilmente; en los primeros meses de vida predomina este sueño activo ya que constituye un mecanismo de superviviencia tener un sueño “ligero” que les permita despertarse en períodos cortos para comer y ser atendido. El sueño profundo dura menos, pero a medida que crecen se va prolongado y van apareciendo otras fases intermedias que conectan ambos tipos de sueño y lo hacen más continuo.

 Los adultos también tenemos ambas etapas de sueño y hacemos múltiples despertares durante la noche: nos volteamos, nos arropamos, desarropamos, movemos la almohada; pero ya tenemos la capacidad de volver a dormirnos (pasar a una etapa profunda) sin ayuda, los bebés no lo logran y por eso buscan a sus padres o cuidadores para ser consolados y volver a conciliar el sueño, ya sea con lactancia, arrullos o simplemente contacto.  El sueño es un aspecto que necesita evolucionar y madurar en todo ser humano poco a poco.

Al recibir lactancia materna exclusiva, los bebés necesitan realizar succión nocturna, ya que la hormona prolactina, encargada de la producción de leche, tiene un pico de secreción durante la madrugada y por lo tanto, como la naturaleza es sabia, el bebé la estimula despertando para comer a horas que para mamá son agotadoras si no asume y comprende este mecanismo.

Aunque la maduración del sueño es un proceso natural, hay algunos consejos que ayudan a que el bebé aprenda a mejorar su patrón nocturno. Por ejemplo, durante los períodos de sueño del día o siestas, es conveniente dejarlo dormir en un ambiente con claridad, donde pueda escuchar los ruidos naturales del día. Por la noche, el entorno debe ser oscuro y silencioso y cuando se despierte para alimentarlo o constatar compañía, tratar de hacer el menor ruido posible para que identifique que se trata de un período de tranquilidad y se duerma más fácilmente. De noche es importante instaurar una rutina siempre a la misma hora, como bañarlo, darle un masaje, hablarle con voz calmada o cantarle, alimentarlo y acostarlo. A los bebés les gustan y les favorecen los hábitos, ya que les brindan seguridad. La rutina en las primeras enseñanzas es la clave para lograr resultados. Una vez que los bebés crean hábitos, es muy difícil y duro modificarlos.

Al ayudarlo a distinguir el día de la noche con ciertas conductas, mejora el establecimiento de  su ritmo circadiano y hace el proceso un poco más rápido; pero no todos los niños duermen igual, algunos necesitan  más de 1 o 2 años para lograr dormir toda la noche corrida.

También puede ocurrir que un bebé que lograba dormir en forma continua (hasta 6 horas por ejemplo) comience de repente a despertar nuevamente, esto puede deberse a cambios en el patrón de crecimiento, donde necesitan ser alimentados con mayor frecuencia; cambios de la dinámica familiar (mudanza, ausencia de algún miembro), algún acontecimiento como inicio de la guardería, o alrededor de los 8 meses a 1 año donde se intensifica la llamada “angustia de separación”.

El colecho (compartir la cama con el bebé o adosar una cunita cercana a la cama de los padres) es una práctica que ayuda a que los primeros meses no sean tan duros, ya que el bebé está más accesible para atenderlo sin tener que salir de la cama, prender luces o esperar que llore para identificar que necesita atención.

Cada familia debe generar su propia dinámica e informarse de la naturalidad de este proceso para que sea sobrellevado con paciencia, amor y la mejor disposición posible. Con hijos, un sueño feliz no es un sueño largo, es un sueño reparador para todos sus miembros.

Dra. Morella Martínez de Herrera
Pediatra y Puericultora
Consejera de Lactancia Materna
@pediatraymama / @pediatraymamaig
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