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Temporada alta (y III)

Se acabó lo que se daba

Es una tragedia, los más pequeños lloran y los grandes también, por tener que hacer maleta para el regreso. Las caras son tan largas como colas de carros en las carreteras y autopistas. Interminables como las colas de personas esperando por abordar su transporte.

Es oficial, se acabaron las vacaciones y nos tocará esperar a que llegue la próxima temporada alta.

Comienza la procesión de carros con niños pegados a las ventanas, que van diciéndole adiós al rayado blanco intermitente de la carretera. Van empatucados de cremas de sábila y loción rosada por la insolación brutal que agarraron, por no echarse protector solar cada cinco minutos como les recordó la madre. Mi mamá siempre metía las cremas en la nevera para que «refrescara» al aplicarla pero que va, nunca funcionó ni tuvo tal efecto.

Van también con una sobredosis de azúcar por tanta chuchería y refrescos ingeridos en estos días, sin mencionar los kilitos de más por haberse atragantado de empanadas y demás carbohidratos durante una semana o más. Los coctelitos o la cañita que acompañaba a la diversión. Uno no contempla cerrar el pico durante las vacaciones sino que se desboca (literal) ante lo que no acostumbramos a comer normalmente.

Amores de provincia

Dependiendo de la edad que se tenga en los espacios de recreación en vacaciones, se pueden encontrar las mejores amistades de la vida y los amores más apasionados que existen. Lo fugaz de la estadía, es el escenario perfecto para las historias de amor más emocionantes y sin tanto drama ni muchos peros.

Ella es de Valencia y él de puerto Ordaz, el es gocho y ella maracucha, bajo la misma bandera se desarrollan las relaciones express y en mis tiempos sólo podíamos intercambiar números telefónicos y rezar para coincidir en el mismo destino el año siguiente.

Aún recuerdo a un «noviecito de vacaciones» que tuve con el que habíamos acordado (casi que notariado) que cada vez que coincidiéramos en el destino seríamos amantes sin importar nada. Coincidimos un par de veces nada más, cuando mucho nos seguimos en facebook pero ya no es lo mismo. Eso de esperar todo un año para verse con el amor de su vida no lo aguanta nadie.

De vuelta a la rutina

Entonces llega uno a la oficina luciendo un tono caribe tostao, echándoselo en cara a los demás compañeros que no pudieron salir en vacaciones, con la diferencia de que tú te endeudaste hasta la madre, le debes a sutanito y perencejo que te prestaron para que pudieras darte tu gustico playero y ahora andas pelando pero bronceado. No importa, puedes pasar una semana entera contándoles a todos cómo te fue y lo que viste y bebiste por allá. La envidia te hace más fuerte, dicen.

Deshacer la maleta ya en casa implica barrer los tres kilos de arena que aparecen y poner a lavar toda la ropa, si dejaste las toallas o el traje de baño húmedo en una bolsa, seguro olerá a rayos cuando llegues a casa. Seguramente dejaste el cepillo de dientes en el baño de donde te estabas quedando.

Como dicen por ahí:  «sarna con gusto no pica», toca ahorrar de nuevo para el año que viene.

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