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El niño de la molotov

No sé lo que pasa en la cabeza de una persona que abuse en cualquier forma de un niño. Por su condición de ser personas que se adaptan y descubren un mundo al que hace poco llegaron, resultan a veces fáciles de manipular, de convencer y sacar provecho de ellos. Y uno que procura guardar un pedacito del alma infantil por razones de ética humana, puede entender esos excesos de confianza que uno suele tener en la gente que conoce o recién conoce. Pero nunca, nunca podré entender qué demonios existen en el alma de quien abusa de un niño.

La violencia que nos impone un sector del país ha llegado desde hace rato a nuestros niños que tienen que respirar gases de basura quemada, de bombas lacrimógenas, que pierden clases y que ven anuladas muchas de sus actividades recreativas. Pero lo más bajo – hasta el momento – se expresa en la manipulación que cierta señora de nombre Fani Valbuena, hizo de un niño de nueve años a quien puso a fabricar bombas molotov para usar su imagen contra el gobierno venezolano.

La historia completa de este bochornoso acto de abuso infantil la puedes encontrar en el trabajo que hizo el equipo de TVS Pueblo titulado “Oposición Venezolana utiliza niños para  guerra”, investigación que se hizo tras la publicación de la imagen viral de este niño nuestro a quien la señora Valbuena “secuestró” para ponerlo a fabricar bombas molotov para los manifestantes “pacíficos” de la “sociedad civil”.

La señora Valbuena se llevó bajo engaño al niño y tras fotografiarlo en plena acción vandálica auspiciada por ella misma, montó una historia dramática sobre las razones que tendría el pequeño para estar allí, fuera de su salón de clases y expuesto a las acciones violentas del terrorismo. La historia lo dibujaba como un niño resentido, sin madre, sin familia y atrapado por la manifestación “pacífica” que le impidió ir a la escuela. Finalizó su publicación en una red social con la manipuladora frase: “Este es el porvenir, el futuro del país, y mi corazón se desgarra”.

Pero la familia del niño existe, tiene madre, tíos y hermanos, su escuela no quedaba ni cerca del lugar de las protestas y ahora sus familiares piden ayuda gubernamental y asesoría legal para demandar a la psicótica que expuso al infante a tal peligro. Las leyes venezolanas y las internacionales, castigan con severidad cualquier tipo de abuso infantil, pero en este caso existe el agravante del uso de niños para actividades de guerra. Si la justicia le llega a la señora Fani Valbuena, tendremos el gusto de no verla en las calles por mucho tiempo.

Carne de cañón bien tierna

Pero el caso de aquella foto, si bien es bastante escandaloso, no es el único. Muchas madres y padres han puesto a sus hijos al frente de la batalla contra el gobierno venezolano y como si se tratara de un atrasado carnaval, les ponen el mejor disfraz de encapuchado, les instruyen en lanzamiento de piedras y les preparan su “kit” del terror.

Este uso nada inocente de los niños al frente de las protestas, parece obedecer a propósitos descabelladamente innobles. Mientras los organizadores de este desastre se frotan las manos en espera de la foto o el video deseado, se preparan titulares que apuntan contra un gobierno “asesino de niños”, a los que probablemente pueda exterminar el propio “fuego amigo”.

El caso lamentable del asesinato de Armando Cañizález, de sólo 17 años, a quien el gobierno puso en sus manos un violín y la oportunidad de pertenecer gratuitamente al Sistema de Orquestas Infantiles y Juveniles, dio la vuelta al mundo y la noticia puso a los organismos de seguridad como culpables de su muerte. Sin embargo, quienes hemos pateado calle en el periodismo, sabemos que una bomba lacrimógena no golpea tan fuerte como para apagar una vida y que las experticias hechas en el cuerpo del joven, demostraron que falleció víctima de un arma de fuego de fabricación casera, probablemente disparada desde la manifestación violenta de la cual formaba parte el joven músico.

Hay muchas computadoras, instrumentos musicales, artículos deportivos, libros y juguetes que  el gobierno ha puesto en manos de millones de niños y jóvenes venezolanos. Como padre, prefiero esa alternativa para mi hijo, antes que ponerlo al frente de una batalla de odios que no le pertenece.

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