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«Todas las flores de mi cumpleaños, las recibió mi hermana en corona de muerte»

Los hechos ocurridos durante el 6 y 7 de noviembre de 1985 en el edificio en donde funcionaba la Corte Suprema de Justicia de Colombia han sido objeto de investigaciones durante más de veinte años.

Alrededor de 100 víctimas, entre las que hubo magistrados, funcionarios, militares, guerrilleros y visitantes, dan testimonio de lo que pudo haber ocurrido durante las 28 horas en que 35 miembros del Movimiento 19 de abril (M-19) hicieron temblar de pavor al país neogranadino.

A 30 años del Holocausto Humano en el Palacio de Justicia en Colombia, DesdeLaPlaza.com conversó con Angélica María Gutiérrez de Piñeres de La Rosa, víctima indirecta del denominado “holocausto humano” como es conocido en el hermano país, en el que cuenta con infinita tristeza el horror de ver a su hermana sufrir de forma infrahumana ese fatídico 6 de noviembre de 1985.

“En este hecho tan penoso murió mi hermana Nury Esther Gutiérrez de Piñeres de La Rosa, quien en esa época era auxiliar del magistrado Dante Fiorillo Porras, de la sala penal del Palacio de Justicia, tenía 32 años y pertenecía a una familia de 10 hermanos de los cuales era la mayor y columna vertebral de todos en la casa”, expresó.

Nury Esther Gutiérrez de Piñeres de La Rosa falleció en la toma y retoma del Palacio de Justicia el 6 de noviembre de 1985 dejando a su familia devastada

 Su muerte fue el «regalo» que me dio la vida por mi cumpleaños

“Mi mamá estaba en la mesa con los preparativos de la fiesta, cuando de repente cayó al piso inconsciente trayéndose consigo los adornos de mi cumpleaños. Fue algo desesperante, porque fue un holocausto, y algo que nunca nos imaginamos que fuera a terminar de esa manera”, destacó Angélica al ver las noticias en ese momento

Justamente ese fatídico 6 de noviembre de 1985, Angélica, la menor de las hermanas Gutiérrez de Piñeres de La Rosa estaba cumpliendo sus quince años. Se encontraban llenos de alegría en plenos preparativos de tan importante ocasión:

“Estaba cumpliendo mis quince años en ese preciso momento, ¡era mi sueño anhelado! Mi hermana había mandado mi vestido con un hermano el 3 de noviembre desde Bogotá porque nosotros vivíamos en Barranquilla. Junto con el traje rosado que me había comprado en París, envió el adorno de mi torta porque mi cumpleaños era ese mismo 6 de noviembre y el 9 sería mi fiesta en el que llegaría mi hermana de sorpresa”.

“Lastimosamente ese mismo día falleció, y nos las entregaron en un ataúd. Ese fue el regalo que me dio la vida por mi cumpleaños. Todas las flores que pensé recibir por mis quince años, las recibió ella en corona de muertos”, expresó haciendo una pausa.

Todo el drama empezó cuando el noticiero mostró el horror que vivían las personas en el Palacio de Justicia:

“Mi mamá estaba en la mesa con los preparativos de la fiesta, cuando de repente cayó al piso inconsciente trayéndose consigo los adornos de mi cumpleaños. Fue algo desesperante, porque fue un holocausto, y algo que nunca nos imaginamos que fuera a terminar de esa manera”.

“En medio de nuestra angustia nos llegó a la casa un Marconi (telegrama) de mi hermana en donde me enviaba una felicitación por mi cumpleaños”.

Resulta que minutos antes de entrar al Palacio de Justicia en Bogotá, Nury decidió mandarle un telegrama a su hermana a la ciudad de Barranquilla en donde le deseaba un feliz cumpleaños. Lo que no sabía, era que no volvería a salir con vida del recinto.

Gutiérrez, contó que su hermana mientras estuvo con vida dentro del recinto, tenía comunicación con su hermano Carlos Gutiérrez de Piñeres de La Rosa, escondida bajo su escritorio; informaba a través de un teléfono que se encontraba con vida. Sin embargo, estaba desesperada dando gritos, que las balas iban y venían. Se cubría con lo que podía”, expresó.

Sin embargo, la comunicación se vio cortada a las dos de la tarde de ese mismo 6 de noviembre porque “de ahí cortaron los servicios de electricidad, luz, agua y teléfono por orden del gobierno. De allí no supimos más de mi hermana”, destacó Gutiérrez de Piñeres.

De ese momento la angustia de esta familia colombiana se hizo peor, “todos pedían clemencia, los arrodillaron enfrente de los ventanales del Palacio, hicieron un cordón humano, todas las balas que lanzaba el ejército de afuera hacia adentro mataba a la gente inocente. Entre esos caídos estaba mi hermana, quien trabajaba en el piso 4”.

Fue algo fatal para nosotros, 30 años de inmensa agonía. Sobre todo porque no sabemos si a ciencia cierta es ella. Ahora que se están destapando todas estas ollas en Colombia, que las vieron salir vivas del Palacio y las están encontrando muertas, calcinadas, fosas comunes. Entonces esa es la angustia de nosotros, saber qué fue de ella porque a la larga nosotros no la vimos”, expresó con profunda pena Gutiérrez de Piñeres

Gutiérrez de Piñeres asegura que no supieron más de su hermana hasta pasadas las 24 horas, en horas de la noche en la morgue donde apareció un cuerpo carbonizado, donde nos dijeron que era ella. Sin embargo, nosotros no sabemos si es ella porque nos entregaron un cajón cerrado”.

Quienes reconocieron el cuerpo de la víctima fatal de este holocausto humano, “fueron mi papá y dos de mis hermanos, lo que hicimos fue darle su cristiana sepultura. Sin embargo siempre guardamos una esperanza de que apareciera viva, pero ya han pasado 30 años y nos hemos resignado a que ella está muerta. Pero a ciencia cierta no se sabe  con tantas cosas que se están viendo ahora si en realidad es mi hermana la que está sepultada en el cementerio. Porque lo que entregaron de ella fue prácticamente algo tostado, que no tenía piernas, ni brazos, reducida a nada; ella era una mujer que medía más de 1,70 cm y ¿verla reducida a una cosa tan pequeña? Entonces siempre nos ha quedado esa incógnita, por lo menos yo sí la tengo porque nunca la vi”.

Fue algo fatal para nosotros, 30 años de inmensa agonía. Sobre todo porque no sabemos si a ciencia cierta es ella. Ahora que se están destapando todas estas ollas en Colombia, que las vieron salir vivas del Palacio y las están encontrando muertas, calcinadas, fosas comunes. Entonces esa es la angustia de nosotros, saber qué fue de ella porque a la larga nosotros no la vimos”.

Mi papá casi muere de la impresión al ver a la hija de Nury

Mi hermana dejó huérfana a mi sobrina Giovanna Soto Gutiérrez de Piñeres de 9 años, nosotros no la vimos por muchos años, un día ella fue a visitarlos “mi sobrina es muy parecida a mi hermana, es su estampa en vida. Llegó hecha una mujer, cuando mi papá la vio su impresión fue tal que se le disparó el azúcar y entró en un coma diabético al instante, de ver el parecido tan impresionante de Giovanna con su mamá”, comenta Angélica.

A raíz de la muerte de Nury, su padre entró en una profunda depresión, “su diabetes era emotiva. Al sol de hoy al ver a mi sobrina eso es para nosotros ver a mi hermana, es lo único que nos quedó de ella”.

Mi mamá, 30 años después aún no lo supera

Gutiérrez de Piñeres asegura que su familia jamás volvió a ser la misma, debido que su hermana era el pilar moral de ellos, en especial su madre:

“jamás volvió a ser la misma, se encerró en un luto de negro total. Nunca más mi mamá se puso un color llamativo. Su hija mayor, su orgullo y el de todos porque mi hermana apenas terminó su bachillerato ella trabajó en los tribunales de la ciudad de Barranquilla. De allí se fue a Bogotá dando ese paso grande”.

Mis padres decían “Dios nos dio una hija menor y nos quitó a la mayor”, entonces cada 6 de noviembre es una fecha de sentimientos encontrados, porque Angélica celebra un año más de vida; pero su hermana suma uno de muerta “por eso pido a Dios que le de paz a su alma a mi hermana dondequiera que esté porque ella tiene que estar junto con él porque sufrió mucho en ese holocausto”.

¿Cómo piden perdón con tanta incertidumbre?

Rosalinda Gutiérrez de Piñeres, hermana de la víctima dio declaraciones el 6 de noviembre donde expresó: «No hemos recibido nada de eso, en ese entonces mi papá dijo que la vida de su hija no tenía precio y nunca quiso demandar, pero nosotros ahora, con todo lo que está sucediendo, que no tenemos certeza de que el cuerpo que nos entregaron es o no es mi hermana, porque todo ha sido muy confuso, ya le dimos poder a un abogado para que se encargue de conseguir una reparación de parte del Estado por todos los daños morales que nos han ocasionado”. Foto Cortesía: El Heraldo

El gobierno hoy día está pidiendo perdón a todas las familias, pero “yo les digo que para que nosotros le otorguemos ese perdón ellos deben dar a conocer la verdad de todo lo que pasó en el Palacio de Justicia, que nos expliquen por qué hicieron tal atrocidad, que respondan por las personas que salieron vivas del Palacio y ¿por qué luego acabaron con ellas después de haber vivido ese holocausto? ¿Cómo piden perdón con tanta incertidumbre que hay? Ellos masacraron a esa gente allá dentro.

Particularmente Angélica, asegura que no les daría el perdón al Gobierno colombiano “No les puedo dar el perdón porque éste nace del corazón y no lo puedo tener abierto ante tanta injusticia y mentira, ¿Por qué esperar 30 años para destapar esto?”.

Sin embargo, asegura tener sentimientos encontrados “Estoy contenta del hecho que la corte internacional los haya declarado culpables, porque si no tienen ésta presión, ellos no hubieran asumido su culpa”.

“Yo en ese tiempo era una niña, me destrozó el corazón por completo. Nury era mi hermana mayor, la veía como una madre. El no tenerla conmigo ha sido una catástrofe”.

Como afectada directa, siente indignación “¿Por qué esperar tanto para dar la cara ahorita? Ellos saben que obraron mal, ¿Por qué engañaron al país de esta manera? No debieron jugar con el dolor de todas las familias colombianas destrozadas. Y más que ellos tenían la solución en sus manos y no actuaron como debieron hacerlo”.

Prosigue “Yo en ese tiempo era una niña, me destrozó el corazón por completo. Nury era mi hermana mayor, la veía como una madre. El no tenerla conmigo ha sido una catástrofe”.

De cualquier forma, con el pasar de los años, la vida siguió su curso, para Angélica y su familia no fue fácil el andar, sin embargo, “hasta el día que de deje de respirar la pensaré y si pudiera darle un mensaje le diría que la quiero ver de nuevo”.

DesdeLaPlaza.com/Miguel de La Rosa

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