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100% libres

Escuchar tonadas, pasajes, corríos, periqueras, seis por derecho, quirpas y contrapunteos de gran calidad, variedad y a toda hora por el dial 92.9 de la frecuencia modulada (FM) me produce más que un fresquito, una suerte de alegría morbosa. Algo así como el plato que se come frío después de tantos y tantos años de atropello.

Sin entrar en mayores detalles acerca de una programación lamentable, que se pasaba por el forro casi todas las disposiciones de la Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión, lo que más detestaba de esa versión en miniatura del fascismo rceteviano era la burda mofa que hacían de los géneros autóctonos.

Al principio la emprendieron contra la gaita maracucha. Y cada vez que llegaba la temporada decembrina se ufanaban de ser una emisora 100% libre de gaitas, expresión musical de la que denigraron hasta el cansancio, tildándola de chabacana, vulgar y despreciable.

Así abonaban el terreno de la chocante división entre la capital y las regiones. Consolidando el mito de que la crema y nata está en ciertas zonas de Caracas y lo demás no sirve, porque es monte, culebras e indígenas.

Pero al calor de su obcecada lucha contra el proceso revolucionario y luego de la no renovación de la concesión a su casa matriz RCTV (2007), entonces cargaron contra la música llanera. Y hasta habían creado una pésima sección denominada el “bola jala”, que servía de antesala a la transmisión de temas de la canta recia.

El personaje del “bola jala” era el mayoral de una hacienda que reclutaba a un par de rockeros caraqueños para realizar labores de campo. El primero destacaba siempre por su ignorancia y su condición de servil jala bolas plegado a los designios de un “jefazo”, mientras que los peones citadinos hacían siempre comentarios de burla (con aspiraciones críticas) a la gestión gubernamental.

Más allá del derecho que tenían de adversar al gobierno, qué razón podía justificar este atropello contra los amantes de la música criolla y también de la gaita. Desde esa cerrada óptica todo aquel que interpretase o fuese seguidor de temas venezolanos era algo así como un ignorante, torpe, bruto, servil y despreciable.

Criminales de la cultura

De hecho los temas que seleccionaban, para cumplir con la cuota de canciones criollas que debían transmitir por mandato legal, eran generalmente los de peor factura y los más vulgares. Sólo le daban cabida a la pacotilla, cuando abundan los cantantes de gran nivel y las propuestas musicales de calidad. Era un crimen cultural, todos los días, año tras año.

Puedo entender que en las sociedades supuestamente más avanzadas las libertades se consolidan cuando cualquier persona es libre de decir absolutamente lo que desee por más polémico que pueda parecer. Un buen ejemplo serían las chocantes caricaturas del semanario francés Charlie Hebdo, racistas y clasistas a rabiar.

Pero esas veleidades libertarias de algunos países dizque avanzados no son más que pura fachada. Aunque muchos lo ignoran el poder de expresarse en los grandes medios es directamente proporcional a la capacidad económica que usted pueda tener. Es una ley muy sencilla: si tiene mucho, pero mucho dinero lo tomarán en cuenta, sino que se lo lleve el demonio. La norma se cumple aún con más rigurosidad para quienes deseen tener un periódico, una emisora o un canal de televisión.

Que por cierto a pesar del barullo de las redes sociales, los medios tradicionales, y muy especialmente la radio, siguen marcando la pauta en torno a los temas que sirven de pasto a esa temible y enorme bestia que es la opinión pública mundial.

En Venezuela las cifras del latifundio mediático son irrebatibles. Una realidad que se refleja aún con más contundencia en el medio radiofónico. De acuerdo con CONATEL (2016), de 876 emisoras en FM, 516 están en manos privadas, es decir el 60%. Y de ese grupo destacan los famosos y eufemísticos circuitos, que no son más que conglomerados de varias emisoras al servicio de un solo grupo económico.

Es el caso de Éxitos que tiene bajo su dominio 13 emisoras con cobertura en la ciudad capital y otros 12 estados; el Circuito Unión Radio con presencia en la capital y otros ocho estados en FM; el circuito Onda también con presencia en Caracas y siete estados; y el más grande y “pionero en todo” FM Center con 53 emisoras a lo largo del país, este último con claros nexos económicos con el grupo Cisneros, es decir Venevisión.

Si usted las suma todas se dará cuenta que sólo cuatro grandes controlan 83 emisoras, nada despreciable si vemos que la cifra de todas las emisoras públicas del Estado no llegan a 100. Claros ejemplos de oligopolios radiofónicos que concentran la pauta publicitaria y la audiencia.

Por eso celebro que ahora tengamos un espectro radioeléctrico 100% libre, pero de ataques fanáticos contra el joropo, la gaita y, en líneas generales, contra toda nuestra cultura. Le deseamos mucho éxito a la propuesta de Corazón Llanero Radio en el difícil reto de propagar y enaltecer nuestro patrimonio cultural con la altura y calidad que él se merece.  La lucha contra el latifundio radiofónico debe continuar, sólo así seremos 100% libres de verdad.

DesdeLaPlaza.com/Daniel Córdova Zerpa

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