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Ese enemigo llamado inflación

El término “inflación” sigue copando los titulares de los principales medios de comunicación en Venezuela. La crispación que produce el tan sólo hecho de hablar del asunto no corresponde a lo que en teoría se  entiende por su definición, sino más bien pareciera ser una suerte de interpretación errónea que le acompaña y le convierte en blanco de los ataques de aquellos que suelen emitir un juicio valorativo de la situación. Los teóricos de la materia nos dicen que “la inflación no es más que el crecimiento continuado y sostenido del nivel precios de una economía”; también nos hablan de diversas explicaciones, unas que van desde la teoría cuantitativa del dinero en pleno siglo XVI hasta los postulados de la nueva macroeconomía clásica, donde el nombre de Milton Friedman no puede obviarse.

En este mismo orden de ideas, algunos economistas señalan lo perjudicial que resulta el aumento exponencial de la inflación en Venezuela, y del mismo modo, ubican como un factor determinante para que este escenario se reproduzca el aumento del salario a los trabajadores. En febrero de este año, el Banco Central de Venezuela hizo referencia a que en el ejercicio para el año 2015 la inflación cerró en 180,9 % con una contracción del 5,7% del PIB. Este último indicador es muy importante ya que para medir los precios de una economía, los economistas recurren a indicadores como el IPC (Índice de Precios al Consumo) o el Deflactor del PIB.

Debido al desequilibrio existente entre el ritmo de crecimiento de la economía local y el aumento progresivo del nivel de precios, el presidente de la República, Nicolás Maduro, ordenó un nuevo aumento del salario mínimo, con vigencia a partir del 1° de septiembre del presente año. En dicha alocución, el pasado 12 de agosto, el mandatario expresaba:

“He decidido aumentar el salario mínimo y todas las tablas de salario de trabajadores públicos, a nivel nacional, y de Fuerza Armada Nacional Bolivariana, a un 50% a partir del primero de septiembre para todos los trabajadores del país”

A partir de ese momento, el salario mínimo que se situaba en Bs. 15.051 y el bono de alimentación en Bs. 18.585, para un ingreso integral de 33.636 bolívares, deberá situarse ahora en Bs. 22.578 junto a un bono de alimentación de Bs. 42.480, para un salario integral de 65.056 bolívares mensuales. En términos nominales, este incremento debería traducirse en un beneficio significativo para la población; no obstante, es necesario cotejarlo con otras variables para determinar el poder de compra real de los venezolanos.

El mito que se oculta tras el índice inflacionario

“Existe una creencia generalizada en Venezuela que reza que los aumentos salariales se traducen en mayor inflación; sin embargo, teóricamente esto no es del todo cierto” así lo señala el economista Juan Carlos Sánchez. En su opinión existen una serie de factores que dan forma a ese fenómeno conocido como inflación, y nos explica cómo se pueden entender los siguientes puntos:

  • La estructura de los mercados en la oferta y demanda de los bienes y servicios, así como la eficiencia de las mismas.
  • La política de gasto público y el déficit fiscal existente
  • La política cambiaria y la devaluación del bolívar
  • La política monetaria o nivel de liquidez monetaria
  • Las tasas de interés (activas y pasivas)
  • La estructura de costos (con especial énfasis en los márgenes de ganancias)
  • Las expectativas macroeconómicas

“La estructura de los mercados nos sirve para definir el desarrollo del proceso de competencia; es decir, quienes compran y quienes venden, y bajo qué tipo de mercado lo hacen”, señala Sánchez. Bajo ese mismo concepto, no deja de lado que las tasas de productividad del sector público y privado son necesarias para entender el problema, a su criterio “curiosamente en Venezuela se ha puesto en práctica el hecho de que a mayor producción, el riesgo de especulación se reduce”. En ese momento, logramos dar con otra pieza importante en este complejo rompecabezas: la estructura de costos y los márgenes de ganancia de los empresarios.

La relación entre los precios y la totalidad del dinero en circulación, apunta Sánchez, no es suficiente para explicar todo el entramado que se oculta tras el crecimiento sostenido de la inflación resulta “simplista” aceptar el hecho de que en el proceso de fijación de precios, la inflación se corresponde con los aumentos salariales, la especulación también juega un papel determinante, señala el economista.

“El enemigo a vencer es la desinformación”

La inflación es un proceso que existe frecuentemente en las economías mundiales, el logro del despacho económico de un país consiste en evitar que ésta se descarrile, ya que manteniéndola controlada se garantiza el ingreso real a la población y la competitividad de los productos en el mercado nacional e internacional. El acaparamiento, la especulación y la inexistencia de un panorama de reglas claras para el desenvolvimiento de la economía nacional hacen que las anomalías típicas de los sectores económicos del país no hagan otra cosa que reproducirse.

En este sentido, el economista señala que más allá de considerar la inflación como un enemigo a vencer, el verdadero objetivo a neutralizar es la  desinformación. “Se tiende a especular mucho en el ámbito económico, y no hablo del proceso de intercambio de mercancías, sino del momento de explicarle a los venezolanos el porqué de las cosas. Solemos aceptar todo lo que se repite a diario, hasta el punto de decir que lamentablemente más que economistas parecieran opinadores (sic) de oficio”.

El gabinete económico nacional ha venido tomando una serie de medidas para combatir la inflación, a través de diversos controles estatales como la Superintendencia de Precios Justos, los canales alternativos en el sistema de control cambiario o el anclaje de las tasas de interés. No obstante, cabe destacar que como señalan los expertos en la materia, todas las medidas en materia económica deben ir acompañadas de una serie de políticas de corto, mediano y largo plazo; cuyo propósito permitan, entre otras cosas, poner fin a un problema estructural en Venezuela.

Hoy la nación afronta una gran cantidad de retos por superar, uno de ellos la diversificación de su economía, ya que esta atraviesa de forma transversal los espacios de la sociedad y su nivel de cultura. Paradójicamente, nos quedamos sin explicar aquello que es opuesto a la inflación; la deflación, y que, contrario a lo que se pueda creer, es más perjudicial que la inflación misma; no obstante, al menos ya se puede corroborar el hecho de que aunque los salarios aumenten esto no debería traducirse directamente en “inflación”.

DesdeLaPlaza.com/Emanuel Mosquera

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