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El insolente bloqueo a Venezuela en 1902

Ahora cuando el cine nacional estrena La planta insolente (Román Chalbaud, 2017) hablar del bloqueo a las costas venezolanas en 1902 nos remite inevitablemente a los libros de historia, sobre todo los de bachillerato, en la que aparecen algunos buques fondeados en el mar esperando el pago de una deuda y la frase de aquella proclama leída por Cipriano Castro; pero fueron muchos los motivos que movieron al mundo de entonces contra Venezuela, el parecido de aquellos eventos con la realidad actual es coincidencia, no más.

Diversos fueron los informes realizados durante el siglo XIX por equipos alemanes e ingleses respecto al territorio venezolano y sus riquezas, entre ellas azufre, hierro, oro, mármol, cobre, carbón y asfalto; todo respecto a una tierra bajo control de la banca extranjera desde que la Corona española puso en garantía sus ingresos siendo colonia, condición provechosa para la burguesía importadora-exportadora que surgirá con los préstamos que la República desde 1830 solicitara al capital financiero.

A finales del siglo el expansionismo se impulsa con la explosión del acorazado Maine en Cuba (15/2/1898), falso positivo con el que Estados Unidos retira de forma definitiva al dominio español de la región; un año después, en septiembre de 1899, en París un laudo arbitral reconoce las pretensiones de Gran Bretaña y Venezuela es despojada del territorio Esequibo, 20 días más tarde la Revolución Restauradora, liderada por Cipriano Castro, llega a Caracas para dar comienzo a la hegemonía andina. En ese contexto se dan las condiciones para el bloqueo contra Venezuela.

La conspiración transnacional

El gobierno de Cipriano Castro debe maniobrar con la deuda externa, la negativa de créditos y los alzamientos internos, escenario provechoso para el aspirante a ministro de Hacienda, Manuel Antonio Matos, bien relacionado con la banca e intermediario de las transnacionales, quien se empeña en mostrarle a las legaciones diplomáticas extranjeras que el país es ingobernable y están en riesgo los compromisos deudores.

El mascarón de proa de la maniobra es el trust New York & Bermúdez and Company, frustrado en su plan de monopolio y en alianza con otras empresas del asfalto y la telefonía, financia con 130 mil dólares la conjura que reúne a los caudillos de Los Andes, Los Llanos, Oriente y Guayana, quienes inician una guerra fratricida a la que llamarán “Revolución Libertadora”, en la que fallecerían profesionales y estudiantes, todos dirigidos por Matos desde el extranjero, hospedado en el Queen’s Park Hotel de Trinidad.

El sabotaje interno contó con el apoyo de Inglaterra, donde fue adquirido el buque Band Righ que repartió material bélico en las costas de Coro, Barcelona y Cumaná; del ferrocarril alemán, que se negó a trasladar las tropas regulares; y el servicio cablegráfico francés que utilizó la concesión para la logística de los conjurados, quienes fueron derrotados por Castro en La Victoria (Aragua), el 3 de noviembre de 1902, evento que considera el Departamento de Estado para reunir a los cuerpos diplomáticos europeos y proponer bloquear las costas.

Precedida de un ultimátum diplomático, en diciembre la escuadra angloalemana se desplaza desde el atlántico norte al mando del Sir Archibald Douglas y el comodoro George Scheder, hasta fondear en el mar territorial venezolano el 9 de diciembre y someter a la flota compuesta por las naves Restaurador, Bolívar, 23 de Mayo, Zamora, Zumbador, Ossún, Margarita, General Crespo y Totumo, estos dos últimos serán hundidos. Las 14 naves anglogermanas, además del vapor de guerra italiano Giovanni Bassau y la corbeta española Nautilus, quedarán emplazados en la línea La Guaira-Orinoco y en la costa hacia Colombia.

Guerra mediática y control informativo

Meses previos al bloqueo en medios impresos como The New York Times, North America Review, The Forum, The Sun (EEUU), The Times(Londres) y Le Temps (Francia), se impulsó una campaña de descrédito contra Castro, atribuyéndole actos de corrupción y caricaturas ofensivas, donde aparece como insecto, puercoespín, simio y ganso, con una talla inferior a la humana, junto a mensajes que lo ridiculizan como jefe de Estado y que banalizan el conflicto con Venezuela.

Estos fueron algunos de los titulares: “Venezuela en estado de pánico”, “Se impone la barbarie en Venezuela”, “La población totalmente indefensa”, “Se ha perdido la oportunidad para que Venezuela retorne a la democracia”, elaborados como información dirigida por parte de corresponsales extranjeros tarifados por la oligarquía criolla, entre ellos el francés A.J. Jauret.

Fue precisamente el cable francés, cuyo contrato incluía el servicio de la agencia de noticias Havas (hoy Agence France-Presse, AFP), el que deformó los hechos noticiosos a favor de las potencias y censuró los envíos al extranjero de noticias favorables a Venezuela, entre ellas los pronunciamientos en respaldo del país por parte de Ecuador, Perú y Argentina, cuyo canciller, Luis María Drago, protestó la medida de cobro de deudas por coerción militar (Doctrina Drago).

Lo que no pudo ser censurado fue la proclama pronunciada por el presidente Castro “La planta insolente del extranjero ha profanado el sagrado suelo de la Patria” la cual movilizó a más de 100 mil venezolanos en respuesta al bloqueo con la conformación de brigadas de voluntarios que llegaron a concretar operaciones efectivas como el asalto del navío mercante inglés Topaze, en Puerto Cabello, sometiendo a la tripulación y que en respuesta produjo el fuego contra el Fortín Solano y el Castillo Libertador en Carabobo, además del ataque contra el Castillo San Carlos en Maracaibo en 1903.

El tiempo que vendría

El bloqueo naval fue una estrategia bélica decimonónica, un procedimiento de coerción militar, que en el caso aplicado a Venezuela también funcionó como un desfile de poderío armamentista imperial, una medición de fuerzas; mientras la escuadra inglesa y alemana estaba fondeada en el mar territorial, Estados Unidos mantuvo vigilantes 54 naves en Puerto Rico.

Se sabía, con el despojo del territorio Esequibo, que Inglaterra aspiraba el control del río Orinoco y del territorio conocido como Escudo Guayanés, mientras que Alemania planificaba la creación de una base naval en el Caribe para controlar el acceso al canal de Panamá y tenía como zona elegida el estado Nueva Esparta. Faltarían 12 años para la Primera Guerra Mundial.

La Doctrina Monroe (América para los americanos) se flexibiliza con el corolario Roosevelt, limitando la adquisición de territorios por parte de las potencias, más no su intervención por el cobro de deudas, lo que produjo la presentación de la Doctrina Drago  y luego de negociaciones se aceptó el arbitraje entre las cancillerías inglesa, alemana y el Gobierno, hasta que la disputa sea resuelta en 1904 con la firma de un protocolo en Washington con el que se levanta el bloqueo y Venezuela se compromete a pagar las deudas con el 30% de los ingresos de aduana.

El Bloqueo a Venezuela dio pie para que finalmente las potencias europeas retiraran sus intereses del territorio latinoamericano, donde el control territorial quedará en manos de EEUU, gobiernos genuflexos y burguesías nacionales, que en el país lograrán instaurar el modelo rentista petrolero surgido con el golpe de Estado del 19 de diciembre de 1908, en el que Juan Vicente Gómez traicionará a Castro, quien no retornará al país y fallece en Puerto Rico, el 5 de diciembre de 1924.

DesdeLaPlaza.com/Pedro Ibáñez