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Laudato Si

En mis años de universidad tuve mi primer contacto con una Encíclica Papal, un profesor al que le guardo gran respeto, pero del que discrepo, ideológicamente, me orientó leer Renum novarum de León XIII –su intención era recargarme de asignaciones, simplemente por ser chavista- disciplinadamente, asumí la lectura de aquel documento, reconociendo que causó gran sorpresa en mí cuando descubrí que estaba centrado en la cuestión social.

El trabajo aborda los asuntos planteados por la revolución industrial, por el creciente problema obrero y las sociedades democráticas modernas. León XIII precisó los principios para buscar la justicia social en la economía y la industria. Muchos teóricos la denotan como la carta de fundación de la democracia cristiana y una pieza clave de la Doctrina social de la Iglesia.

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Hoy tuve la ocasión de leer Laudato si del Papa Francisco, un documento que -como militante ecosocialista- consideré de lectura obligatoria debido al tema que aborda la cuestión ambiental. A pesar de lo extenso (190 páginas) su lectura es fluida, ha sido muy valiente el Papa al expresar con determinación sus ideas respecto a la crisis ambiental que hoy vive el planeta.

Ya en 2009 el Comandante Supremo Hugo Chávez expresaba en Copenhague el clamor de los pueblos del mundo cuando dijo “cambiemos el sistema, no el clima” una década antes el Comandante Fidel Castro Ruz había hecho lo propio al expresar en la Cumbre de la Tierra: “Mañana será demasiado tarde para hacer lo que debimos haber hecho hace mucho tiempo».

Volviendo sobre la encíclica, que en español se traduce “Alabado sea” el Papa llama a «limitar al máximo el uso de recursos no renovables, moderar el consumo, maximizar la eficiencia del aprovechamiento, reutilizar y reciclar».

Es categórico al plantear que si no se toman medidas para frenar el calentamiento global, se reducirá el agua potable, se afectarán zonas enteras del planeta y  conducirá a la extinción de algunas plantas y animales, al tiempo que acusa al consumismo inmoral y reconoce la deuda ecológica de los países ricos con los países pobres. Sin duda un mensaje necesario para estos tiempo que vivimos. No pretendo hacer una oda al pontificado de Jorge Bergoglio, pero hay que reconocer que se ha caracterizado por tratar temas que hasta ahora parecían ajenos a la Iglesia Católica. Espero que no se quede en un documento de consulta.

Quisiera finalizar con una frase de Francisco en la encíclica, que espero incida en las conciencias de los líderes mundiales que se encontrarán en la COP 21 de París: «Es esencial lograr un consenso global para enfrentar problemas más profundos que no pueden ser resueltos por las medidas unilaterales de países individuales’’ .                                     

DesdeLaPlaza/Heryck Rangel Hernández

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