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Consejos de Hemingway para quienes quieren escribir historias

Esta vez le toca a otro gigante, ahora subiendo hacia el norte de nuestro continente, ese mítico y conflictivo, irrepetible y tenaz Ernest Hemingway. Él, además de llevar una vida tumultuosa, de vivir en carne propia gran parte de sus historias, figura entre los más populares de la palabra escrita por ese lenguaje directo, vigoroso, de frases cortas, sin abismos ni simulacros.

No está de más estudiar lo que nos dejó trazado. Él, como Cortázar, también sistematizó el arte de contar historias pensando en nosotros y nosotras, los valientes de ahora que necesitamos de la palabra escrita para crear, liberarnos y fluir entre las masas.

 “A veces, cuando me resulta difícil escribir, leo mis propios libros para levantarme el ánimo, y después recuerdo que siempre me resultó difícil y a veces casi imposible escribirlos”; decía Hemingway. No tanto por aquello de los egos ensalzados, sino por mirar atrás para valorar en su justa dimensión el placer de la meta cumplida.

 Decía también: “Cuando un escritor escribe una novela, debería crear a gente viva; personas, no personajes”. Entonces, esas personas, no personajes, “deben ser proyectadas desde la experiencia asimilada del escritor, desde su conocimiento, desde su cabeza, desde su corazón y desde todo lo suyo”. Hemingway hizo de lo autobiográfico, de la vida bien vivida, una fuente interminable de historias muy bien contadas.

 Entonces, tres consejos cortos y precisos, de los más valiosos que alguien pudiera darnos:

 1) “Evita el uso de adjetivos, especialmente los extravagantes como ‘espléndido, grande, magnífico, suntuoso’”.

 

2) “Por el amor de cristo, escribe y no te preocupes por lo que los muchachos dirán, ni de si será una pieza magistral o qué”.

 

3) “Seriedad absoluta en lo que se escribe, es una de las dos necesidades categóricas. La otra, por desgracia, es el talento”.

 

El primero tiene que ver con la economía del lenguaje. Huir de los lugares comunes y hacerse de las imágenes para poder expresar con precisión e impacto lo que realmente se quiere decir.

El segundo, seguramente el más importante de ellos, es escribir sin pensar en nada más que en lo que se escribe. Si gustará o no gustará es otra historia que no debería interesarnos. Es conveniente saber, entonces, que existe todo tipo de público y que siempre habrá alguien en algún rincón del planeta (porque somos miles de millones de seres humanos latiendo al mismo tiempo) que disfrutará de nuestra creación.

El tercero tiene que ver con el rigor en el método. Si se asume con ligereza, el arte de escribir rehuirá de nuestras manos. Debemos dedicarnos a eso con furia y miedo, con pasión y convicción, con extrema necesidad, porque si la literatura es nuestro camino, la vida entera dependerá de ello.

 Todo esto, y mucho más, está plasmado en su texto Varios consejos, una especie decálogo al que podemos acudir cada vez que el motivo de inspiración se nos escape, cada vez que dudemos de la decisión tomada, cada vez que la página en blanco sea nuestra peor enemiga.

 Aprendamos de los grandes, aprendamos de Hemingway.

DesdeLaPlaza.com/Gipsy Gastello

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