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Junio de flores y poesía

Comienza el segundo semestre del 2015 y son muchas las cosas que tenemos que contar. Todos y todas tenemos algo qué decir. Y tenemos, aunque algunos no lo crean, un don especial para expresarnos. Hay quienes tienen un talento innato para la oratoria, otros para las artes plásticas, otros para la música y así se van desplegando las diferentes manifestaciones artísticas, hasta llegar a la escritura.

Junio comienza celebrando los 158 años de la publicación de Las Flores del Mal, un clásico de la literatura que hizo de Charles Baudelaire el poeta maldito que lograría eternizarse con su oscura y desgarrada palabra. En este libro se reúnen más de 150 poemas de Baudelaire y fue censurado y prohibido hasta mediados del siglo XX. Se considera que con Las Flores del Mal se imprimió lo que sería la poesía moderna por una estética inédita hasta entonces, en la que la belleza y lo sublime surgen de lo cotidiano, de los vicios, de las miserias humanas y de la oscuridad la única especie viva que se autodestruye.

 

 

En el primer poema del libro, llamado, sencillamente, Al lector, Baudelaire nos dice:

La necedad, el error, el pecado, la tacañería,

ocupan nuestros espíritus y trabajan nuestros cuerpos,

y alimentamos nuestros amables remordimientos,

como los mendigos nutren su miseria.

Nuestros pecados son testarudos, nuestros arrepentimientos cobardes;

nos hacemos pagar largamente nuestras confesiones,

y entramos alegremente en el camino cenagoso,

creyendo con viles lágrimas lavar todas nuestras manchas.

La belleza se encuentra en todas partes, sólo hace falta tener una mirada libre de prejuicios para poderla encontrar, incluso, en nuestros peores defectos. Charles Baudelaire lo pudo hacer y gracias a él podemos ver al mundo a través de la poesía.

Todos y todas tenemos algo que decir. Son muchas las historias que podemos contar y mucha la belleza que podemos describir con nuestra palabra. Sólo hacer falta papel y lápiz, algo de inspiración y la valentía de Baudelaire, quien sin temor a nada y a nadie publicó su obra, aunque por las leyes de la época le costara ser procesado por obscenidad y blasfemia.

El secreto está en no perder la esperanza, por eso, en su poema Elevación, Baudelaire nos invita:

Detrás del tedio y los grandes pesares

que abruman con su peso la existencia brumosa,

dichoso aquel que puede con ala vigorosa

arrojarse hacia los campos luminosos y serenos;

¡Aquel cuyos pensamientos, cual alondras,

hacia los cielos matutinos tienden un libre vuelo!

¡Que se cierna sobre la vida, y alcance sin esfuerzo

el lenguaje de las flores y de las cosas mudas!

 

DesdeLaPlaza.com/Gipsy Gastello

@GipsyGastello

 

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