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Con púas de cemento y asientos incómodos ahuyentan a los sin techo

Es muy común ver a personas dormir bajo puentes, en plazas y aceras de cualquier ciudad venezolana, la situación de los sin techo o indigentes no  nos afecta solo a nosotros, otras naciones también y acuden a maromas y prácticas nada humanas para evitar que estos pasen la noche en los sitios más concurridos.

Últimamente recorre las redes una oleada de noticias dispersas sobre la manera en que, en ciudades de todo el mundo, se están instalando defensas de diversos tipos contra los “sin techo”.

Estas pirámides puntiagudas aparecieron bajo algunos viaductos en Guangzhou, Baiyun y Tianhe en China

Un caso que adquirió bastante notoriedad por su carácter rudo, basto y agresivo es el de las púas de cemento de China. Estas puntiagudas pirámides, que aparecieron en julio de 2012 bajo algunos viaductos en Guangzhou, Baiyun y Tianhe, despertaron reacciones de todo tipo. Curiosamente, ninguna institución se mostró dispuesta a admitir su autoría y responsabilidad sobre ellas, hasta que fueron reconocidas y retiradas por el ayuntamiento debido a la presión social.

Puas metálicas en edificio residencial de Londres, Inglaterra

Otro caso sonado es el de las púas metálicas de Londres, concretamente las que aparecieron en la entrada del edificio residencial y que se han ido instalando por toda la ciudad para impedir que la gente duerma en la calle.

Algunos comercios que han instalado pinchos similares intentan justificarse matizando que no estaban pensados contra los “sin techo”, sino contra la gente que se sienta a beber y a fumar en el estacionamiento, espantando a los clientes.

Son muchas las maneras de evitar la presencia de los sin techo en estas ciudades

Aunque los pinchos que acabamos de ver llaman la atención y ofenden por lo evidente de sus intenciones y lo letal de su aspecto, hay toda una serie de diseños algo más sutiles pero, en la práctica, igual de hostiles.

Para sentarse nada más

Ya hace varios años empezaron a hacer aparición sillas individuales, separadas y fijadas al suelo, de apariencia completamente inocente pero que en realidad son una perversión del mobiliario urbano: la no siempre admitida motivación oficial es que impiden tumbarse a dormir, pero la realidad es que tampoco permiten sentarse en otra postura o en compañía de alguien.

El particular diseño de estos bancos impiden tumbarse a dormir, pero la realidad es que tampoco permiten sentarse en otra postura o en compañía de alguien.

Hay muchos otros ejemplos de catálogo, como los asientos de las paradas de bus y metro que permiten a adultos sanos y de estatura estándar apoyarse, no sentarse ni mucho menos tumbarse, o los resaltos que se instalan en todo tipo de bancos y bordes urbanos para desincentivar a los skaters. Todo un mundo de creatividad aplicada a la repulsión.

Pero el banco de plaza más incómodo es el Candem Bench. Su rotundidad física contrasta con la sutileza en sus intenciones, convirtiéndolo casi en un manifiesto de la ciudad hostil moderna.

Su secreto está oculto en su geometría, diseñada especialmente para evitar cosas: que el agua se acumule sobre el banco, que la suciedad se adhiera… o que alguien pueda tumbarse encima

Este banco no tiene púas ni dientes que puedan disparar la alarma social. Su secreto está oculto en su geometría, diseñada especialmente para evitar cosas: que el agua se acumule sobre el banco, que la suciedad se adhiera… o que alguien pueda tumbarse encima, que los “jibaros” puedan dejar escondidas drogas en sus resquicios y que los skaters puedan deslizarse.

pensado para repeler toda actividad que no sea sentarse/apoyarse un rato

Es un banco concebido entera y concienzudamente desde los impedimentos, desde lo que no se podrá hacer en él; pensado para repeler sistemáticamente toda actividad que no sea sentarse/apoyarse un rato… sin acomodarse demasiado. Y parece que consigue todo eso con una economía de medios envidiable, logrando una apariencia limpia, suave, inocua y hasta atractiva, convirtiéndose en una muestra de excelente diseño… aplicado a dudosos objetivos.

En todos los casos comentados aquí, el mobiliario se hace parcial e intencional, y bajo una apariencia inocente está apoyando una cultura del control y la restricción.

Las reacciones de la gente no se han hecho esperar. En China, un par de estudiantes promovieron protestas que acabaron en la retirada de los conos de hormigón, que el Ayuntamiento terminó reconociendo como suyas. Las púas de acero de Londres provocaron más variedad de respuestas, desde manifestaciones hasta activistas cubriendo las púas con cemento.

Finalmente, las presiones populares, canalizadas a través de una petición en línea, hicieron que el alcalde se pronunciara contra los pinchos y que éstos se quitaran.

Desde La Plaza/Ecosistema Urbano/COM

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