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Cuentos de Motel #03 La estrategia de Pan Quema’o

¡A ésta verga lo que viene es puro loco, mijo!.. ¡Pa’ que sepáis que este motel parece una novela de Lila Morillo!..

Y él sabe con milimétrica exactitud de qué está hablando. Vanadio, así se llama, ha trabajado como portero de este motel que roza las orillas del Lago de Maracaibo desde hace 27 años. Ha visto de todo, dentro y fuera de las habitaciones. Más aún, como si tuviera un diván, le han contado de todo.

Fijáte que el viernes pasa’o, este motel se ganó el Oscar. Mirá, cómo a las 12 de la noche llegaron 4 en un sólo carro. Eran un dos pa’ dos. Pagaron dos piezas pero se metieron en una sola ¡A esos no los salva ni Bambarito! Dije yo. Por lo menos que la bulla e’ los cocíos(1), se va a escuchar en Cabimas. Al rato… ¡A la verga! Serían como las dos y media de la madrugada, ví a las mujeres ¡Esas que llegaron con los tipos! Que salieron, se fueron en taxi ¡Solas, solas. Solitas!

Y los coños que andaban con ellas, salieron de las piezas como a eso de las 10 de la mañana…

Yo, estaba aquí en la puerta, amanecío’ de la guardia. Ellos pidieron un taxi y se sentaron en esta jardinera de aquí… Yo los ví y no aguantaba la risa, pero güapié pa’ que no fueran a pensar que me estaba burlando…

Los tipos no dijeron nada. ‘tuvieron callaos. Al raaaaaato, uno de los dos, el Brad Pit, me contó tóo…

-¿Brad Pit? –Le pregunté.

‘peráte… ¡Calmalizáte! Que este cuento es largo… ‘cuchá. -Repuso Vanadio.

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El día que Juan Miguel cumplió 20 años, sus padres le regalaron una licorería (Un “Depósito”, les dicen en el Zulia) Como abandonó la universidad, pensaron darle al unigénito una forma de sustento propia “y divertida” decía la mamá a las amigas.

Divertida sí. Juancho (le dicen la cuerdita de amigos) se la pasaba de rumba en rumba. Más que un trabajo, aquella licorería era como una feria patronal.

La gente iba y venía. Los clientes transeúntes eran atendidos en el mostrador por dos chicos contratados para esa tarea, mientras que familiares, amigos y las conquistas del dueño, en una sala acondicionada en la trastienda y a la que le gustaba llamar salón viaypí, pa que le diera caché.

A menos de dos cuadras del depósito queda una universidad privada. Una de esas que nacieron como monte en la Maracaibo de los años 90 y a dónde van a estudiar los niñitos de la “jai”. Por esa cercanía, el local de Juancho jamás estaba sólo. A lo largo de la calle se veían carros estacionados, de donde se desbarrancaban los más variados ritmos musicales y a distintos decibeles; alrededor de ellos, muchachas y muchachos doblando el codo de lunes a viernes.

El salón viaypí de la licorería adquirió vida propia. Era un bunker con mucha privacidad: aire acondicionado, lamparitas a media luz, mesas, sistema de sonido para música o karaoke y sillas lo suficientemente cómodas. Así que Juancho tuvo la oportunidad de sacarle provecho monetario. Se le ocurrió alquilarlo y encargó la agenda de reservaciones y la escogencia de los clientes a un amigo de la infancia y compañero de aventuras: el popular Pan Quema’o.

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¿’Táis viendo a esas dos? No andan con nadie. -Decía Pan Quema’o a Juancho, haciendo zoom in con la cámara de seguridad que estaba afuera de la licorería.

Desde la oficina, podía controlarla y le servía de herramienta para la cacería de las posibles conquistas.

Pan Quema’o se había vuelto un detective. Sabía diferenciar a las que iban a tomarse unas birras y no querían ser molestadas, de aquellas que tenían ánimo de fiesta.

Rara vez se pela. Es más arrecho que Grissom (2). -Asegura Juancho cuando evoca la estrategia de la cámara.

Identificadas las “presas”, era Pan Quema’o el encargado de abordarlas. Maracucho entrador y cotorrero, siempre caía bien haciendo algún chiste y, acto seguido, las invitaba a dejar el calorón de la calle. Él mismo les presentaría al dueño, que segurito “dejará que se refresquen en el viaypí”.

Juancho recuerda que más de una vez dejaron de alquilar ese salón, procurando una fiesta íntima. Confiaba en la labia de su amigo… y casi nunca le falló.

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Pan Quema’o, te van a llevar las hormiguitas. Dejá la viveza… dale duro a la botella esa. Ve que te tengo pilla’o, ya cayó 3 veces donde mismo. -Reclamó Juancho a su amigo encargado de hacer girar “La Botellita(3).

Con dos de güisky en la cabeza no fue complicado jugar aquel divertimento de adolescentes, intercambiando besos por “prendas”.

Luego de varias vueltas, Juancho vestía sólo unos interiores “Leopoldo” y medias blancas de paño; Pan Quema’o había perdido, en una de esas vueltas de botella, pantalón, camisa y unas extravagantes botas vaqueras que no se quitaba ni pa’ dormir; y las chicas mostraban sus sostenes.

Ey, mijo!… Esto está muy seco -Increpó Pan al sacar de un morral la tercera botella de escocés de la noche. Acto seguido se la pegó “a pico”.

¡Echáte un palo! -Dijo acercándole la botella por el piso a Juan.

Las chicas se negaron con un elegante “yo paso”, pero sonrieron amablemente.

La noche pintaba buena, pensó Juancho. Y cuando los besos ya empezaban a darse sin hacer girar la botella, le hizo señas a su amigo para que se fuera con la suya a la otra habitación y lo dejara solo.

Pasaba la media noche y Juancho veía llegar su sábado de gloria.

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Pan Quema’o detectó un “modus operandi” en las afueras de la licorería. Las dos chicas que estaban bebiéndose las cervezas dentro del carro, lo usaban sólo como mesa. Notó que estaba apagado y tenían las ventanillas abajo. Descubrió, tras una breve espera, que ellas se turnaban para buscar una nueva ronda. Cuando las pedían en el mostrador (apuntó el detective) que tonteaban con los muchachos que las atendían, pero no avanzaban en las bromas y se iban con las birras al vehículo.

Mijo, vení a ver esto.

¿Qué ?

Las tengo!.

Juan se acercó a la computadora y con las explicaciones que le dio Pan, señalando en el monitor cada paso que ellas daban, entendió toda la jugada.

Como dice la gaita: Bueno primo, la tardanza es que arranque el cuatro… -Entonó Juan, señalándole a Pan la puerta de salida.

Pan Quema’o salió de la oficina disparado como saeta. Cruzó la licorería y se dirigió al carro de las chicas. Caminó “con agüaje de beísbolista nalguita pará, como cuando van pal’ jon” escribiría David Sánchez Juliao en “El Flecha”.

Las chicas notaron que se acercaba y dejaron de hablar. Pan se agachó en la puerta del lado del conductor y desde la oficina -a través del monitor- Juancho notó que la chica que manejaba se reía con el recién llegado.

Ese mardito debe ser brujo! –Se dijo Juan mientras pensaba en las habilidades sociales de su amigo.

Vio (en la pantalla) a Pan Quema’o levantarse, las puertas del carro abrirse y las chicas seguirlo.

Entonces él salió de la oficina y como si esperara a un visitante a la entrada del palacio presidencial, Juancho se paró firme para recibir las visitas.

Afuera hay mucha calor. -Dijo Pan Quema’o cuando entraron. –Les dije que en el viaypí van a estar más cómodas ¿No creéis vos?

-¡Por favor! -Fue lo único que Juan atinó a decir.

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-¿Vos no te diste cuenta? Pensando aquí pa’ tras y pa’ lante, que esas mujeres casi ni hablaron.

Veeeeerrrga! ¿Cómo te dicen a vos? ¿Cherlo Jom ? -Se quejó Pan Quema’o.

En serio mardito, lo único que decían era: “Bueno”.

¡Va puej ! ¿Te vas a quejar ahora? Eso nos pasa por guevones.

-¿No te la dáis de vivito, puej?

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Mientras Juancho les mostraba la licorería a las chicas, Pan Quema’o se adelantó al salón, bajó más las luces y puso musiquita romántica. Cuando por fin entraron las invitadas ya había puesto la mesa con 4 vasos, una hielera y una botella de güisky 18 años.

-¿Un trago? -Preguntó Pan levantando la botella.

Bueno… -Respondió una de las chicas encogiéndose de hombros y sonriéndo con la otra.

-¿Pasapalitos? -Invitó Juan Miguel.

Bueno… –Le contestaron con cortesía.

Ellos bebían a palo seco, “como beben los machos”, alternándose para atenderlas, lo mismo que ayudaban en la atención del depósito.

Perdonen pero los viernes esto se pone hasta las metras. -Se disculpó Juan Miguel.

¡Ey! ¿Y si nos vamos a un hotel? Pa’ echar vainas, no más –Se le ocurrió a Pan Quema’o.

Y la respuesta fue:

Bueno

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Estando medio desnudos Juan pensó que era momento para mostrarle a su conquista que él podría estar interesado en algo más que lo evidente. Al detener el beso la miro con ojos de “vaca cagona” (dicen en Carora):

Y vos ¿Cómo te llamáis?

Ella le sonrío tiernamente, le puso la mano en la boca y sólo dijo: “ssshhhhh”.

Juan atendió al pedido obedientemente y no dijo ni una sola palabras más. Dirigió sus manos al sostén de ella y lo quitó con suavidad. Descubrió con la vista y el tacto unos senos hermosos, firmes… besables. Ella no hizo ningún gesto de resistencia.

Juancho cerró los ojos y acercó sus labios a uno de los pezones.

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Algo no se sentía bien en los labios. Cuando abrió los ojos de nuevo, Juan Miguel estaba sólo en la habitación, chupándose una esquina de la almohada:

Puajgggg -Escupió.

Pegó un salto de la cama más caga’o que palo e’ gallinero. La chica de los senos  hermosos, firmes… besables, no estaba. Tampoco la luna, su ropa había desaparecido, las llaves del carro y también su billetera.

Corrió en interiores hasta la habitación de al lado donde se encontraba Pan Quema’o. Lo encontró buscando algo debajo de la cama. Al mirar a su amigo parado en interiores en la puerta le dijo:

No me digáis nada, mardito

Juan guardó un respetuoso silencio. Tenía más ganas de llorar que de reír. Tomó una toalla y se la puso en la cintura.

Pan Quema’o que no halló nada debajo de la cama tomó lo único que le dejaron: sus botas vaqueras y así bajaron hasta la recepción: Juancho en toalla y Pan Quema’o a lo Brad Pitt en Thelma y Louise.

Mientras esperaban al taxi le echaron este cuento a Vanadio. Era su versión de lo que le hicieron “las marditas-esas”.

Casi a punto de terminar una muchacha de limpieza se les acercó:

-¿Esto es de alguno de ustedes?

En sus manos, las llaves del carro.

DesdeLaPlaza / Ernesto J. Navarro

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1.- En maracucho antiguo, La Bulla de los cocíos, traduce: Orgasmo. http://estaisenmaracaibo.blog.com/diccionario-de-maracucho/.

2.-En alusión a Gill Grissom, personaje principal de las primeras temporadas de la serie CSI Las Vegas.

3.-Uno consigue en internet de todo. Hay una web que ofrece instrucciones con dibujitos para jugar La Botellita ¿No me creéis? Mirálo aquí, ve: http://es.wikihow.com/jugar-a-la-botella.

 

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