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Jorge Rodríguez, el narrador

Yo conocí a Jorge Rodríguez primero como político que como escritor. A mucha gente le pasó al revés. Sin embargo, conmigo el azar jugó sus cartas y me lo mantuvo escondido hasta hace un par de años atrás, cuando en un taller de escritura creativa en el Celarg alguien llevó un libro con una importante selección de relatos ganadores del Concurso de Cuentos del diario El Nacional. Allí estaba Jorge, con su “Dime cuántos ríos son hechos de tus lágrimas”. Lo leí sin imaginar siquiera que ese Jorge Rodríguez era este Jorge Rodríguez, el político. Quedé fascinada y sin la sugestión de la simpatía automática por nuestra similitud ideológica. Fue un impacto sincero, plagado de inocencia.

Recuerdo casi fotográficamente ese primer párrafo que se apoderó por completo de toda mi atención:

“Al negro Smith le encantaba atraversar la universidad en las mañanas camino del trabajo. Sentía, al contacto de la 357 en la espalda, que violaba la autonomía universitaria, las consignas que envejecían en las paredes. Con la fuerza de su mirada lograba hacer descender hasta los tobillos los bluyines de las delicadas niñas que con el pelo aún húmedo corrían hacia los edificios de las aulas. Rió fascinado con la imagen de decenas de pantaleticas aleteando como mariposas por los jardines de la UCV. El templo del saber; pensó con rabia, mientras mostraba los dientes a una flaca espigada, con ojos asustados de gacela. Euclides Smith continuó su camino, orgulloso de su estatura y del andar reposado de sus piernas poderosas. «Desconfía de las mujeres sentadas» recordó las palabras de Proto, su padre, cuando retardó los ojos en una morena que sobre un banco, miraba al frente sin esperar nada”.

Al tiempo, supe que se trataba del mismo Jorge. ¿Quién se iba a imaginar que ese luchador social, responsable de tantas victorias electorales para el PSUV, alcalde reelecto de Caracas, sería tan gran narrador? La vida sorprende siempre. Sabía que era psiquiatra, médico internista y que había dado clases de postgrado en la UCV. Sabía que había sido líder estudiantil y presidente de la Federación de Centros Universitarios de la misma UCV. Al indagar un poco más, supe que también es un gran lector. Comprendí entonces esa fuerza para la gestión cultural que ha impulsado desde Fundarte, acompañado por el poeta Freddy Ñañez. ¡De alguna parte tenía que venir esa sensibilidad tan especial y decidida para la promoción de las artes y la cultura! Evidentemente, mi simpatía por él creció aún más.

Ahora, durante la 6ª Feria del Libro de Caracas, que se realiza hasta este domingo 2 de agosto (y espero la extiendan una semana más) en el Parque Los Caobos, coincidimos una vez más. Presentó su segundo libro, con el título La piel del lagarto. Cuentos reunidos. Allí reúne nuevos textos y nos trae de vuelta los relatos de su primer libro, El sueño de los ciegos, publicado originalmente por Comala en el año 2000 y que le hizo merecedor de una mención especial en la Bienal Latinoamericana de Literatura José Rafael Pocaterra.

Sin pensarlo, claro está, lo sumé a mi adquisición de nuevos libros para mi único refugio: la biblioteca que se despliega a lo largo de mi sala. Allí, en ese libro de Jorge Rodríguez, me encontraba de nuevo con “Dime cuántos ríos son hechos de tus lágrimas”, con el que ganó en 1998 el 53° Concurso de Cuentos de El Nacional.

La edición está muy bonita y cuidada en detalle, como todas las publicaciones de Fundarte. La portada es del maestro Juan Calzadilla y el prólogo de otro maestro: Juan Anotnio Calzadilla Arreaza. En las primeras páginas, Juan Antonio (quien califica la narrativa de Jorge como un “trabajo silencioso”) nos dice:

“Lo que reivindica este narrador que funde las dos dimensiones del sujeto en un gesto de autobiografía fabulada y autocrítica, cínica pero irónica, es un pathos de enunciar el deseo de toda la libertad que permite el acto verbal. Lo que algún moralista podría condenar (con susceptibilidad enfermiza) es la reivindicación en acto de ese espacio de libertad conquistada que constituyen la literatura, la poesía y la imaginación, para expresar las intensidades del deseo, de la pasión y del afecto. Desde el amor más loco hasta la repulsión más abyecta”.

Sin duda que la publicación de La piel del lagarto es un espacio ganado para quienes estamos sedientos de buena narrativa venezolana: tenemos en Jorge Rodríguez, entonces, la demostración en carne y hueso que el deber patrio, las responsabilidades políticas y el hecho creativo no tienen por qué recorrer caminos distintos.

En este libro encontrarán más de veinte relatos, entre los cuales hay dos iniciales (Los peces, Canción), nueve que llevan el título del libro (114-B, Sala de partos, 47-A, Anatómico, Consulta Externa, Wiscon, Pediatría, Infecciosas, Técnica quirúrgica) y diez de El sueño de los ciegos (El sordo, Un winchester y el primer beso; Crece en los árboles, La comida china, La fiesta de las larvas, Dime cuántos ríos son hechos con tus lágrimas, La última guardia, Historia de una alfombra, Vida moderna, Escualos y Zamuros). Esto se convierte en una selección bastante amplia para conocer el recorrido literario del autor.

Los oscuros rincones de la vida médica cruzan como línea transversal estas historias, no sin antes pasar por el filtro de la realidad política de finales del siglo pasado y principios de este siglo. Un tono oscuro al momento de contar sus historias, hacen de La piel del lagarto un libro bastante duro, capaz de mover los más oscuros rincones. Por ejemplo, en el cuento 114-B, Jorge comienza así:

“Anoche murió el viejo de al lado. Parecía que se estaba pudriendo desde abajo porque algo le estaba poniendo negros los pies y cada vez que le quitaban las gasas para limpiarlo el olor a caraotas podridas se hacía insoportable. El pobre viejo se fue encogiendo como un pajarito y tenía varios días soltando unos chillidos amortiguados por los gargajos que le caían hasta el pecho como una catarata de leche condensada”.

La dureza de sus imágenes debe llamar nuestra atención. Así que si no han podido ir a la Feria, seguramente encontrarán este libro en el café-librería El Techo de La Ballena. Hay dos sedes: una en pleno centro de Caracas (cerquita de la Plaza Bolívar) y otra en La Pastora, en el piso de arriba de la Casa de la Juventud Robert Serra. No se quede por fuera, de verdad que leer a nuestro querido Jorge Rodríguez vale la pena.

DesdeLaPlaza.com/Gipsy Gastello

@GipsyGastello

 

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