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Un vino, un ojo de la cara

Antes de empezar a escribir esta nota, hice varias consultas entre una amplia muestra de mis amigos. Una de esas encuestas inexactas e intencionadas. Para la mayoría de mis amigos: escribir o más bien reclamar sobre el precio de los licores es políticamente incorrecto y moralmente condenable. Me trataron como si nadie más en este país se echara palos.

Acordemos que hablamos de una de las poquísimas drogas, legal y socialmente aprobadas. ¿No le gusta cuando llaman droga a la cañandonga? Enumeremos:

  • Cuando nace un bebé, el papá debe brindar los miaos.
  • Se invita a un brindis cuando hay un ascenso, un premio (en las galerías de arte encontraron la forma de que no les suene a curda y entonces usan palabras del francés. No la apunto porque me babeo al pronunciarla).
  • Los jueves o pre-viernes se masificaron los Ladys Nigth, donde ellas no pagan la caña.
  • Los viernes, de las oficinas salen a tomarse unas birras, echarse unas o tomarse unas copas.
  • Hasta los curas se meten su “güaratacazo” cuando consagran el cuerpo de cristo los domingos.
  • Cada quien le pone su toque particular. Es como asignarle un apodo a un familiar o a un amigo: Birras, Curdas, Caña, Aniceto Rondón, Ronaldiño Gaúcho, Frías, Pecho Cuadra’o, Mazinger Z, Caci-güisqui.
  • Lunes y martes sólo la sacrosanta excusa del cambio climático ofrece una licencia para libar del alcoholado néctar y así puede uno tomarse “dos pa’ la calor”.

Si a usted le parece que estoy haciendo una defensa del alcoholismo y que desconozco los terribles efectos de esta droga, las estadísticas de accidentes y otros desmanes, puede dejar de leer.

PAUSA… mientras salen los que están mentándome la madre..

Seguimos. Me refiero simplemente a un hecho: como nadie se atreve a criticar que los vendedores de licores roban, estafan y trafican con los precios, ellos se sienten en un limbo moral que les facilita ponerle precios caprichosos a esos productos.

Me gusta el vino. Mucho más cuando descubrí uno chileno llamado Tocornal. Vinos que son “elaborados con fruta proveniente del VallenCentral, caracterizado por un clima mediterráneo, estaciones bien marcadas y una importante variación térmica entre día y la noche. La gran variedad de suelos y microclimas está determinada por la latitud y por la cercanía a los Andes y al océano”. Y que la botella de LITRO Y MEDIO (con tapa de rosca) costaba ¡¡¡80 bolos!!!

Mediaba 2013 y una botella de Tocornal nos alcanzaba para dos noches.

De pronto había que poner 40 bolos más pues de la noche a la mañana pasó a costar 120 ¿Qué pasó después?

La botella grande desapareció, en su lugar quedó una de 0,70 lts y el costo pasó a ser de 480 bolívares. ¿El resultado? Si uno hace una vaca, digamos entre 4 personas tendríamos que aportar 120 bolos por cabeza y saldríamos a una copa cada uno… más o menos.

Por botella

Nuestro mercado está inundado de vinos chilenos. De Argentina nos venden unas marcas que -al menos- mis amigos dicen no haberlas visto jamás en su país, de resto, habría que ir a una licorería especializada para encontrar vinos de Portugal, España, Francia o Carora.

Así que, dándome una vuelta por varios supermercados y depósitos (así decimos en el Zulia a las licorerías), estos son los precios (bolivaritos más – bolivaritos menos)

Tocornal – Bs. 480,oo
Santa Carolina – Bs. 447,oo
Casillero del Diablo – Bs. 570,oo
AltoSur – Bs. 576,34
Los Vascos – Bs. 760,oo
Santa Carolina Reserva – Bs. 821,oo
Masi – Bs. 1.189,62
Misiones de Rengo (un vino que a mi paladar vulgar no mató) – 1380,oo Bs. 1856 – 1.317,41

No quise meterme con los precios de otros licores (me dijo un amigo que un diario escribió sobre los güisquis y de verdad yo prefiero el vino).

Después de todo lo anterior la pregunta es qué hacer. La verdad creo que nada. No se puede denunciar, reclamar o manifestarse en contra. No creo que un grupo de indignados marche a mi llamado, para exigir rebajas en los precios de los vinos.

Seguiré fastidiando a los amigos para que me traigan cocuy artesanal en cualquier envase plásticos de refresco que les sobre y que por favor: no me lo cobren.

Desde La Plaza/Ernesto J. Navarro

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