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Leer o no leer autoayuda (he ahí el dilema)

“Para ustedes las mujeres especialmente, Walter Riso es una fuente de respuestas para sus preguntas; así que para poder recomendarle un título, usted debe explicarme el problema por el cual está pasando”.

Yo no tenía (o creía tener) problema alguno. Simplemente estaba curucuteando el stand de la editorial Planeta en la Feria Internacional del Libro de Venezuela (Filven). ¿La razón? No lo tengo muy claro: aburrimiento, curiosidad, mercadeo, ocio, qué-se-yo.

Pero allí, entre esos anaqueles dispuestos para diez días, yo observaba las ofertas de una de las editoriales más grandes en nuestra lengua. La autoayuda es, en definitiva, un negocio muy rentable para ellos. Walter Riso, Paulo Coelho, Laurent Gounelle, el venezolano Renny Yagosesky y cualquier otra variedad de autores y autoras que hablan de sexo saludable, buenas acciones, mandalas, oraciones y autoestima que convenientemente van etiquetados por la palabra “bienestar” (y me pregunto si la palabra autoayuda está tan rayada como para empezar a buscar alternativas). Los best-sellers no son solo para quienes deben aprender a quererse antes de pretender ser queridos, Dan Brown también tiene su reinado junto a Paula Hawkins y La chica del tren, el título más vendido en esta ocasión.

Pero ahí estaba Walter Riso, con decenas de libros de su autoría, metiéndonos hasta por los ojos aquello de la inteligencia emocional o desapegarse sin sentirse culpable. La gran novedad era su libro nuevo, Ya te dije adiós, ahora cómo te olvido, el cual bautizó en Caracas a propósito de su conferencia en uno de los hoteles cinco estrellas más elitescos de la capital, con entradas impagables entre cuatro y doce salarios mínimos. ¿El título de la conferencia? “El arte de amar sin apegos”, ¿el gran tema? Amor, amor saludable, amor propio, amor sin sufrimientos, amor, amor, amor.

En ese momento, yo cargaba una franela que en la espalda lanzaba una frase ineludible, más bien una sentencia: “Aquí no se lee autoayuda”. Esa franela responde a cuatro modelos que lanzamos en la Filven un grupo de panas que decidimos fundar Brújula Librera, un proyecto literario. Allí, además de publicar libros, pretendemos promover la lectura a través de los objetos. En nuestro stand, más parecido a un tarantín con ropa colgada en tendedero, mostrábamos mensajes provocadores. ¿Por qué no leer autoayuda? Preguntaron unos cuantos a su paso, y llegó el momento en el que dije: “verdad chica, ¿por qué es que me desagrada tanto la autoayuda?”

Ciertamente, convertirse en mercaderes literarios es una especie de prostitución cultural, pero en estos tiempos de crisis emocionales y parejas disparejas, el gusanito de la duda comenzó a morderme la oreja. “No me gusta la autoayuda, vender fórmulas mágicas me resulta falso, todo eso lo tengo claro, pero además de campañas publicitarias multimillonarias ¿qué tiene la autoayuda que revolucionó tanto el mercado?”

Pasé por el stand de Planeta al menos unas tres veces diarias durante toda la feria. Y hubo un momento en el que no lo aguanté más. Me dispuse a echarle un ojo a las decenas de títulos de Walter Riso, a quien los libreros anunciaban con orgullo a cada persona que se detenía para curiosear. Entonces, sin más ni más, Enamórate de ti, un libro sobre autoestima, se me pegó literalmente a la mano. Decidí comprarlo y renovar mis argumentos anti-autoayuda. De ñapa se me vino en la bolsa El cambio emocional de Renny Yagosesky, como para no quedarme con las ganas.

La angustia sería entonces dónde y cuándo leer a Walter Riso. En mis clases siempre despotrico contra la autoayuda, monté un stand con una franela que sentencia “Aquí no se lee autoayuda”, en casa peor (qué diría mi marido a quien le digo todos los días que la autoayuda apesta). El drama era leer sin mostrarme como sujeto de doble moral.

Lo medité un par de días. Al tercero me decidí. Estaba en la cama, mi esposo miraba el béisbol, rompí el plástico, abrí el libro y allí estaba el psicólogo italiano en pleno apogeo: “¿Resaltamos la importancia del autoamor?”

“¡Me jodí!”, exclamé con resignación, saqué una libreta, marcalibros, resaltador y comencé mi viaje de reencuentro con aquello que superé hace tanto tiempo: la lectura ligera, la promesa engañosa de un final feliz en diez pasos. “Somos víctimas de nuestras propias decisiones: cada quien elige amarse a sí mismo o no”, decía Walter Riso mientras yo le daba la razón con un movimiento vertical de cabeza. “No mereces sufrir, así que mientras puedas evitar el sufrimiento inútil e innecesario, te estarás respetando a ti mismo”. Y frases así, altamente motivacionales, inundan 130 páginas.

Recordé a mi gran amiga, Marialcira Matute, cuyo lema es “leer siempre y leer de todo”. “Bueno, si Marialcira lo dice…”, me dije en voz alta como para justificar mi breve desliz. En dos sentadas me devoré Enamórate de ti. Y a la vez El cambio emocional de Renny Yagosesky, con menor kilometraje por hora, pero avanzando sostenidamente. Y no solo que me di todo un banquete, sino que lo convertí en mi único tema de conversación durante una semana.

Pensé en lo que me dijo el librero; aquello de las respuestas. Y cierto es que cada lectura tiene una o muchas respuestas, pero que dependen de nuestras interrogantes. Por eso es que cuando uno relee encuentra algo totalmente distinto a la primera vez, porque como dijo Jorge Luis Borges: “Uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído”. Para bien o para mal, ahora soy un poquito más. Encontré varias respuestas entre las páginas de Walter Riso. No es que ahora levantaré la bandera de la autoayuda, pero sí pensaré muy bien en lo que acongoja a cada quien que encuentra en esas lecturas ligeras (de fórmulas mágicas) las respuestas que tanto necesitan. Porque mientras nos sirvan de puerta abierta, ventana de par en par, desahogo y compañía, los libros (sea cual sea el género al que pertenezcan) son nuestros mejores amigos. Seguiré usando mi franela sentenciosa, pero con la flexibilidad de quienes comprendemos que somos diversos, diferentes y es allí donde nos vamos enriqueciendo y complementando.

Leer es (más allá del lugar común) un placer, así sea un objeto de vitrina maquillado del marketing más elaborado.

Fotografías: Cortesía Agencia Venezolana de Noticias (AVN)

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