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Los musicales de la Televisión Venezolana (V)

¿Recuerdas los programas musicales que te gustaron desde niño, o desde niña? – ¿Conoces los programas musicales de la televisión venezolana de hoy? – En esta quinta entrega (como en la primerala segundala tercera, y la del lunes pasado, recordarás, o conocerás, los programas dedicados a la música que marcaron, o siguen marcando, la historia de la TV en Venezuela.

Los noventa significaron, como nunca en la historia de Venezuela, ni antes, ni mucho menos después, una época definitiva de cambios, motivada al fracaso y fin del sistema económico iniciado en 1958. A diferencia de los ochenta, la represión del gobierno de Rafael Caldera, último del siglo XX, no sólo estaba en  perseguir a los jóvenes en la calle, comprar bandas con mensajes distintos; ahora se criminalizaba, de forma sofisticada, a los movimientos musicales, alejando a los más jóvenes, a través de sus padres, quienes tenían más poder para imponer un «no» en un país donde debías trabajar en lo que hubiera, y no en lo que quieras, como hoy, y donde la ropa, los tatuajes y el cabello diferente era un privilegio de los hijos de las clases altas de Venezuela, que no tenían que depender de un empleo, o si lo tenían, como hijos o allegados al dueño, podían vestir y hacer lo que quisieran.

Venezuela estaba en lamentable sintonía con el fin de la identidad y de la diversidad cultural. El ‘fin de la historia’ buscaba imponer la idea que “ya todo estaba inventado”, que no había nada que hacer con la cultura. La música electrónica se pretendía la única forma de combinar sonidos, en lugar de una alternativa, y aún sin Internet, los medios mundiales comenzaron a sacar del aire cualquier espacio que no se sumara a la moda de canciones hechas sin virtuosismo musical, o de ‘la movida electrónica’, que se subdividió entre la de siempre, de las discotecas, de la vida despreocupada, y una nueva movida que representaba lo que la banda de metal progresivo estadounidense, Dream Theater, llamaba «la rabia prefabricada», que usaba los códigos visuales típicos de la rebeldía, inicialmente espontáneos (desafiar a la sociedad uniformada, usando cabello distinto, tatuajes, zarcillos y «piercings»), pero en los 90  convertidos en «fashion», en uniforme, en industria de la moda. Atrás pretendió dejarse al ‘punketo’ que se hacía su propia «pinta», o al rockero o metalero que hacía lo imposible por ir contra la moda, porque para comenzar, su dinero era invertido en sus instrumentos y en la música.

Nace la “movida rave», la acentuación de una sociedad que no tenía nada que aportar a un mundo que se convertía en monopolio de los poderosos, que ahora decidían sin cuestionamiento. La música sin letra, la frase sin sentido, repetida por la tecnología, representaba el fin de la comunicación, para una sociedad sin ideas, donde la norma para divertirse era la alienación voluntaria, el encierro por tres días, y la droga que algunos políticos venezolanos conocieron por esos años, aspecto que recordara el psiquiatra Jorge Rodríguez en 2013, droga que dividió a Venezuela, entre la impotencia de no poder hacer justicia contra quienes tenían el dinero para distribuirla, y el falso moralismo de las élites para distraer y ocultar un nuevo problema de salud pública: El “éxtasis”.

En esta realidad político-social-cultural, es donde la televisión reorienta el género de los programas musicales y de espectáculos; abre los espacios a las audiencias más jóvenes, pero con fines de distraer, no de recrear, y de alejarlos definitivamente de cualquier atracción por la cultura venezolana, sumándola dentro de la ola neoliberal y globalizante. El nacimiento de un movimiento popular, prácticamente espontáneo, a partir de El Caracazo llevó a la televisión a separar, a alejar a la juventud, de cualquier lucha social, reivindicativa, para entregarse al entretenimiento sin rumbo.

Esta visión dictatorial contra la cultura hizo que la televisión de entonces fuera contra su público y sonido natural: los barrios y su música latino-caribeña. La salsa, el merengue, el bolero, comenzó a ser presentada como ‘algo para viejos’, para «pegados en la nota». Los programas tradicionales, como Sábado Sensacional, mantuvieron esa música ‘para viejos’ orientando su concepto hacia el público ‘adulto’, o ‘adulto joven’, mientras que la decadencia económica cerró las puertas a nuevos talentos, dando espacio sólo a los que brillaron en los ochenta con la producción nacional de música, y que buscaban nuevos puntos de apoyo ante unas disqueras venezolanas que se fueron quedando atrás, bien fuera creando sellos independientes, o buscando sellos en el exterior (Desorden Público con su disquera independiente , o Franco De Vita con Sony).

Es en esa situación donde el atraso y la desinversión en la televisión del Estado fue una ventaja. El antiguo ‘canal 5’ y el ‘canal 8’ se convirtieron en el refugio audiovisual para los géneros, distintos a lo comercial, que estaban prácticamente prohibidos en pantalla. En su última década de vida, la Televisora Nacional presentó los musicales como: Jazz, La juventud musical de Venezuela, Encuesta con gaita zuliana y Opus. Venezolana de Televisión mantuvo también el género de los musicales con: Latinos, Hora musical, En concierto, Vuelo en parapente, María Teresa Chacín y sus amigos, Sólo latinas, Los melódicos, Opera, 3 en 1, Salsa oficial, Salsa brava, Vídeo 8, y Nuestra música.

Confiada la oligarquía monopolista que por fin podrían tomar el poder sin los partidos políticos Acción Democrática y COPEI (élite desenmascarada por el pueblo, que los rechazó hasta llevarlos a ser, de partidos con gran militancia, a tendencias insignificantes desde el punto de vista electoral) la televisión venezolana aumenta su oferta (sin la pionera Televisora Nacional, quebrada en 1992, antes de que el gobierno de Caldera privatizara la señal y se la entregara a Vale TV). A los canales tradicionales: Venezolana de Televisión, RCTV, en su máximo momento de crecimiento, Venevisión (que prácticamente abandonaba el negocio, pensando en su emporio comunicacional hermano – DirecTV), y Televen, se le sumaron nuevos canales: Marte TV (después ‘La Tele’, hoy TVepaco, de productores independientes que formaron parte de la TV, a agencias de publicidad exterior) y CMT (propiedad de los Petricca, dueños de la Universidad Santa María, quienes salieron del negocio, dejando la señal a Telesur).

Mientras la televisión del Estado se estancaba, la televisión privada innovaba con la televisión especializada, canales que no presentan todo tipo de programación, sino programación especializada en materias específicas: Nacen Globovisión (canal de noticias que en el siglo XXI se convertiría en mucho más que un mecanismo de defensa de la vieja república frente a la nueva República Bolivariana de Venezuela) y Meridiano TV, especializado en deportes como su versión impresa (y propiedad del Bloque De Armas).

Además, en 1995 nació un canal especializado en música, Bravo TV, creado por el artista y empresario José Luis Rodríguez, quien luego cambiaría el nombre de su canal por el apodo que lo hizo famoso: Puma TV. A pesar de su perfil juvenil, y de la variedad musical que ofreció, la señal que hoy conocemos como ‘Canal-I’ no pasó de ser un canal convencional, imitación de las cadenas estadounidenses de música, con alguna tímida variación basada en la creatividad nacional. Sin embargo, según el estudio que termináramos en 2005, la presencia de Puma TV en la televisión venezolana hizo peso en favor del género de los programas musicales, que se mantuvieron prácticamente igual en cantidad, respecto a la década anterior, de 2,42% en los ochenta, a 2,37% de lo que produjo o presentó la televisión venezolana en esta década de los 90. Y las viejas ofertas televisivas, especialmente a principios de esta década, incrementaron la producción del genero ‘Espectáculos’; de 1,30% en los ochenta, aumentaron en los noventa a 2,36%.

En cuanto a formato, a diferencia de las cuatro décadas precedentes, los noventa dejaron atrás el gran programa en vivo, de gran espectáculo, en vivo, e incluso vía satélite, con diversos géneros musicales, y diversas secciones, para privilegiar musicales de una hora, con visión juvenil, pero globalizante: como Sonoclips (RCTV), VH-10, de Televen, inspirado, hasta en su logotipo, por la cadena estadounidense ‘VH-1’, y conducido por Marco Antonio Lacavalerie, apodado ‘Musiuíto’ en honor a padre, ícono de la locución en Venezuela).

En la próxima, y última entrega, mostraremos cómo, desde Venezuela, el género de los musicales en TV, vuelve a surgir, incluyendo lo que nunca había sido incluido.

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