Tamara, impecable y reflexiva

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La nueva película de Elia K. Schneider bajo la producción de José Novoa, puede definirse en una sola palabra: impecable. En ella destaca la forma sutil de contar una historia que corría el riesgo de ser relatada desde el lugar común o la obviedad. Sin embargo, esta cinta no cae en facilismos ni en superficialidades, inspirada en la vida de Tamara Adrián, reflexiona y devela situaciones sobre un tema del que poco se habla.

Aunque fue este año que Alicia Vikander ganó un Óscar por su rol en “La chica danesa” (2015), película inspirada en la historia real de Einar Wegener (Lili Elbe) quien fue la primera persona conocida por someterse a una operación de cambio de sexo a principios del siglo XX, el tema de la identidad de género no es el favorito de mucha gente, existe un gran desconocimiento y muchos prejuicios.

Tal vez por ello, una cinta como “Tamara” tiene doble responsabilidad: crear un discurso de ficción que juegue muy bien con los elementos cinematográficos y a la vez generar un relato que pueda descubrir una realidad para muchos ignorada o simplemente incomprendida.

Luis Fernández protagoniza esta cinta brindando una excelente interpretación, supo crear un personaje a través de un evidente trabajo interior. En su rol hay mesura, hay control y dominio actoral para expresar las características emocionales que asume el personaje desde el inicio de la trama hasta su desenlace.

Mientras avanza la película, Teo, un abogado y padre de familia, decide comenzar un viaje hacia sí mismo del cual serás espectador. Un viaje lleno de dudas, de confusión, pero también de ganas de ejercer su libertad, la más elemental, la primera que todos tenemos: la de ser uno mismo.

Durante toda la película y no porque se cambie el color del pelo o pase de lucir una barba profusa a ponerse un vestido, Fernández se transfigura, sobre todo emocionalmente, su interpretación es sutil y detallista, rica en matices.

Y es que “Tamara” es una cinta llena precisamente de eso, de detalles, de pequeños momentos que juntos logran la cohesión de un  filme que no decae en ningún punto y cuya coherencia deslumbra.

En la película se toma en cuenta cada una de las situaciones que viven los personajes para lograr la verosimilitud tan necesaria en toda obra cinematográfica. Este es un filme que arriesga y no pierde, en él no se tiene miedo de llamar a las cosas por su nombre y de mostrar en imágenes una verdad que pocas veces se quiere ver.

Ser quien uno es puede que no sea tan fácil en todos los casos, si en términos generales –ocasionalmente- encubrimos nuestra personalidad para mantenernos a salvo de la mirada ajena, es duro imaginar lo que deben sentir aquellos que pueden perder todo por ser simplemente fieles a sí mismos.

¿Quién eres: quien te dicen que eres, quien ves en el espejo o ese que miras solo tú? ¿Existe algún lugar donde la esencia de uno mismo se guarda más allá del mundo exterior? ¿Qué te hace ser quién eres?  Cuando la realidad física no corresponde con la emocional, estas se vuelven preguntas difíciles de responder.

Hace algunos años, fue Almodóvar quien habló de la identidad como tema, lo hizo en su cinta “La piel que habito”, donde el protagonista masculino pierde todo vestigio de virilidad al ser transformado físicamente en mujer por un científico que deseaba venganza. Años después y a pesar de estar en el cuerpo equivocado, siguió siendo un hombre en el cuerpo ajeno.  Nunca olvidó quién era o es que quizás  como se dice en la película de Schneider “siempre se vuelve a la esencia”.

“Tamara” es una película sobre el valor que hay que tener para ser uno mismo y las ganas con las que debes enfrentar un mundo donde muchas veces las personas no están preparadas para decirse la verdad, con la luz encendida y mirándose a la cara.

Excelentes actuaciones de todo el elenco.

“Tamara” es lejos la mejor cinta venezolana estrenada este 2016.

@luisauguetol