Los niños del barrilete

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Desde que mi hijo Miguel aprendió a hablar, no ha parado un solo minuto. Habla mientras come, mientras juega, mientras duerme; habla hasta por los codos. En una de esas charlas a bordo del Metro de Caracas, Miguel me hablaba de las cosas que quería hacer cuando fuera grande: que si astronauta, que si futbolista y otros oficios que ha ido abandonando con el pasar de sus cinco años de edad. Sin embargo, el chamo está claro que esas son cosas del futuro, que no está en sus planes trabajar en este momento porque es tiempo de ser niño.

El monólogo de Miguel se vio interrumpido por unas palabras pronunciadas con un extraño “cantadito”: “¿Una Venezuela carismática y educada que me dé las buenas tardes? Buenas tardes – se responde él mismo – Vengo a ofrecerte, Venezuela, los ricos y deliciosos barriletes de menta. A 200 Bs el barrilete, comparte y disfruta… llévale algo a los pequeños en la casa…”. La voz, que provenía de un niño más pequeño que Miguel, invitaba a los potenciales compradores a endulzarle la vida a otros pequeños, que nunca serían él.

Con preocupación vemos la proliferación de niños ejerciendo oficios para ganarse la vida, situación que no los convierte en trabajadores, sino en niños que están siendo explotados por un adulto, que por lo general son sus propios padres. La complicada situación económica que atraviesa el país seguramente ha contribuido a que sea más notoria la presencia de niños, niñas y adolescentes buscando dinero o comida en las calles, pero es también conocido que muchos adultos se aprovechan de esa problemática social para sacar ventaja de los menores de edad.

Desde los chamos que piden, pasando por los que cantan en trenes y autobuses, sumando a los que juegan loterías en muchos casos enviados o incentivados por sus padres – estamos en presencia de una generación que está creciendo a la sombra de la mendicidad, el desamparo y el vicio. El peligro que todos corremos, pero sobre todo ellos mismos, no tardará mucho tiempo en escribir páginas más oscuras en la prensa amarillista, que es allí el lugar que el periodismo le otorga a las víctimas de la desigualdad.

¿Un fenómeno nuevo?

Esto del “trabajo infantil” no es un asunto nuevo. No nos caigamos a engaños y manipulaciones mal intencionadas para atacar a un gobierno. Vivimos entre personas que con orgullo nos cuentan sus anécdotas sobre una infancia lejana en la cual la madre lavaba y planchaba ajeno para alimentar a varios “tripones”, alguno de ellos tenía que vender helados, limpiar zapatos o vender “arañitas dulces” para llevar algo de comer a la casa. El asunto es que en estos días que vivimos, el trabajo infantil está penado por muchas legislaciones a escala mundial y Venezuela no es la excepción.

El acento de la problemática actual, lo ponemos sobre quienes usan a los niños para que vendan mercancía producto del contrabando o de dudosa procedencia. Es escandalosa la forma en la que operan estas mafias al menos en el Sistema Metro de Caracas, que aunque adelanta un ambicioso plan llamado “Buhonería Cero”, se sigue permitiendo que en estaciones como la de Petare, los informales mantengan una especie de base de operaciones, donde intercambian mercancías y dinero a la vista de todo el que transita por allí, dejando en evidencia además el uso de menores para tales actividades.

Miguel observa al niño vender su mercancía, lo miran también cientos de niños que seguramente tienen mejor suerte. Confiamos en que las autoridades contemplen el fenómeno, porque la sociedad en pleno les observa expectante.