José Bestilleiro y sus malabares de avenida

José Bestilleiro

Le saludo y parece no escucharme, mientras el tropel de peatones, carros y motos corren por los lados y el corneteo ruge. El hombre continúa concentrado en su trabajo y luego de un diálogo breve me dice que puede atenderme a las 7:00 de la noche, porque está trabajando. Su entorno, la esquina de Candilito, en la parroquia La Candelaria, continúa allí, con sus camionetas por puesto esperando la luz verde sobre el rayado y la gente queriendo cruzar a la carrera aunque haya luz roja, mientras José Bestilleiro Calviño hace su rutina de malabarista sobre un pedestal, en la plenitud de la media avenida, con sendos aros de “Hula hula”.

José desconocía que este juego, al que también llama trabajo, tiene sus orígenes en Egipto y Grecia y que le llamaron Hula por su parecido a un baile hawaiano, haciéndose popular como juguete en la década de 1950, llamándose “Hula hoop”. “Se llama ‘Hula hula’ y yo no sabía cómo se llamaba cuando comencé a jugar”, recuerda José de cuando hace 15 años se le ocurrió trabajar como una atracción circense en la Plaza La Candelaria.

“Vine a la Plaza Candelaria, a saltar la cuerda y jugar hula. Los muchachos me rompían las cuerdas y las hulas y Dios me dio la idea de ponerme en el medio de la avenida en un muro pequeño, redondo, con apenas sitio para moverme”, relata quien con 83 años de edad cada tarde, de lunes a domingo, entretiene a los transeúntes de la parroquia. “Soy famoso en la tierra. Ese fue Dios el que me dio ese don de hacerme famoso en la tierra y quien me dio la idea de ponerme a jugar ahí”, dice señalando la avenida.

José-Bestilleiro

José Bestilleiro llegó a Venezuela de Montouto, provincia de La Coruña, España, hace 60 años, trabajó haciendo cabillas y luego surtiendo combustible en bombas de gasolina, una fue la de El Rosal, en el este y la otra fue El Cuño, en el puente Guanábano, al final de la avenida Baralt, labor que le llevó 50 años de vida y afectó sus pulmones, por lo que tiene dificultad para respirar, lo que no le impide hacer un ejercicio constante con su atracción circense de balancear hasta tres aros en sus brazos, piernas y cuello.

Un acto inacabado

“Empecé con una, luego con dos y luego tres. Salté la cuerda de todas las clases, de todos los saltos para adelante, para atrás, corriendo, en un solo pie, de todo”, comenta quien decidió dedicarse al malabarismo luego de quedar viudo y verse afectado en su salud por llevar tantos años expuesto al combustible. “Cuando metía gasolina, salía un vapor que me dañó los pulmones”, dice.

Hoy José Bestilleiro vive con su hija, yerno y tres nietos, quienes le dicen que es hora de dejar el hula hula, cosa que no va a hacer porque lo considera un trabajo; y además se reconoce a sí mismo como un personaje famoso de esta parroquia del centro caraqueño, cuyo juego le lleva incluso a caracterizarse. “Me afeito el bigote por un lado y por el otro no. La patilla por un lado y por el otro no, llevo años con ese modelo”, agrega.

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“Vivo a tres cuadras, voy y vengo a pie, a donde quiera que vaya, me conocen, yo soy conocido en todo el mundo”, asegura y comenta que hasta los conductores particulares y “camioneteros” lo conocen de cuando trabajaba en las bombas. “Yo les ponía gasolina en la bomba de El Cuño, a las camionetas y carros particulares”.

Su acto es todos los días de la semana, desde las 12:00 del mediodía hasta las 8:00 de la noche y recoge entre Bs 8.000 y 12.000 diarios que le ayudan a subsistir junto con la pensión que cobra por sus años de trabajo en las bombas de gasolina. “Con la pensión y lo que me dan aquí me va bien”.

La ruta

Por momentos no son los carros los que ruedan de un sentido o de otro, sino que José Bestilleiro es quien se desplaza, funámbulo, en medio de un estacionamiento perpetuo, haciendo los ciclos con sus aros y recibiendo el saludo de quienes están cautivos frente al volante y es cuando nos habla de su llegada a Venezuela, solo y con 25 años de edad, luego de trabajar en España “sembrando cosechas, arando la tierra con las vacas” para dedicarse a faenas duras en un país tropical. “Cuando llegué no sabía nada”.

Recuerda a una Caracas convulsa luego del derrocamiento de Marcos Pérez Jiménez, cuando gobernó Wolfgang Larrazábal, sin embargo, un país mejor que la España franquista. “Estaba (Francisco) Franco todavía, quise ir para Alemania, para Inglaterra, pero no sabía inglés y me vine aquí. España en aquel tiempo estaba un poco decaída, hubo millones de muertos”.

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Para él la mejor parroquia del país es La Candelaria, considera que Venezuela también sigue siendo un buen país, aunque haya una situación económica complicada y cree que su labor, aunque parezca riesgosa, coopera con el tráfico de la ciudad. “Nunca tuve ningún accidente, más bien yo evito accidentes ahí”, comenta y recuerda cómo en oportunidades ha evitado arrollamientos de peatones y transmite su reclamo a los choferes.

“Moviéndose los carros para arriba y para abajo y la gente cruzando por ahí, que no me da sitio para nada, pero yo me defiendo ahí, jugando hula, dos hulas en un solo pie, en ese murito”, explica quien a veces debe lidiar con los policías de tránsito que al final le dejan tranquilo, porque si hay algo claro para José Bestilleiro es que sabe hacer muy bien su trabajo. Me lo dijo: “Hago lo que no hacen los demás. Fue lo que me hizo famoso”.

DesdeLaPlaza.com/Pedro Ibáñez