El próximo multimillonario tecnológico será chino

Hace 20 años eran muy pocos los que apostaban por el futuro de Jack Ma, por entonces un profesor universitario de inglés que pasaba largas horas encerrado en su apartamento conectado a un computador, a algo que los occidentales llamaban “internet”. Pero hoy todos quieren hablar con él, proponerle un nuevo negocio y convertirlo en un amigo cercano.

Porque aquel hombre que prefiere disfrutar el té sentado sobre un cojín y en canceltines, es un genio. En rigor, un nerd. Y, en estos días marcados por el mundo digital, un multimillonario.

Desde mediados de la década pasada es uno de los personajes fijos en la lista de multimillonarios de la revista especializada Forbes. De hecho, para la edición de este año, ocupa el puesto 122 con una fortuna avalada en US$10.000 millones, cifra que puede ser meramente anecdótica en 2015, una vez que se haya consumado uno de los eventos más importantes en el mundo de la tecnología: la salida a la bolsa de Nueva York de las acciones de Alibaba. Por supuesto, es su empresa.

Se trata del conglomerado de comercio electrónico más importante de China, el mercado digital de más rápido crecimiento en el mundo (se calcula que tiene 600 millones de usuarios activos). Y en él, Alibaba es rey: el diario británico The Financial Times asegura que las ventas del emporio sobrepasa las de Ebay y Amazon, lo cual representa el 2% del PIB chino.

Por si fuera poco, sus 11 portales (cuenta con páginas dedicadas al comercio en línea, las compras colectivas, procesamiento de pagos, servicios en la nube, entre otros) concentran el 80% de las transacciones digitales del gigante asiático y 70% de los paquetes que se envían a lo largo y ancho del territorio cuentan con su sello.

Se calcula que sus ganancias anuales superan los US$4.500 millones, todo un sueño hecho realidad para un proyecto que nació a finales de los años 90 en un apartamento. Y para su creador, que pasó buena parte de su primera adolescencia tratando de aprobar el examen para convertirse en profesor.

Porque la vida de Jack Ma estaba destinada a eso: a enseñarle el mundo a los demás. Nació en 1964 en la ciudad de Hangzhou, al oriente de China, en pleno desarrollo de la revolución cultural y agraria de Mao Zedong. De pequeño trabajó en un hotel y servía de guía a los turistas extranjeros. Tal vez de allí provenga su primera aspiración de convertirse en profesor, meta que logró, tras diversos fallos, en 1988 al recibirse de Inglés en el Instituto de Profesores de su ciudad.

Posteriormente, mientras se desempeñaba como profesor de Inglés y de Comercio Internacional en la Universidad Hagzhou Dianzi, descubrió el internet. Y se convirtió en un seguidor inmediato con el desarrollo de las primeras páginas web del país. Por entonces organizaba auténticas reuniones de culto en su apartamento para enseñarles a sus amigos cómo lucía y funcionaba la autopista de la información.

Aunque su primer experimento, Yellowpages (el primer directorio virtual de páginas amarillas), no tuvo mayor éxito y tuvo que aceptar un trabajo como funcionario en el Ministerio de Comercio, siempre supo que con la tecnología tenía el poder de alterar el curso de su destino. Es más, por aquellos días conoció a Jerry Yang, fundador de Yahoo!, uno de los momentos más significativos de su vida porque entendió que en la industria de internet (en especial por aquellos días de burbuja) había que tener paciencia.

Con esa visión fundó Alibaba en 1999 con 18 compañeros, un proyecto que no tardó en apoderarse del gigante asiático. La idea era simple: conectar a los fabricantes chinos con compradores internacionales. Y de un gran valor, porque se convirtió en uno de los protegidos del gobierno chino para impulsar la economía. A medida que la empresa iba creciendo, se encargó de construir un equipo fuerte, que pudiera ir siempre un paso más adelante de sus competidores.

“Si tenemos un buen equipo, y sabemos lo que queremos, cada uno de nuestros hombres puede valer por diez estadounidenses”, decía por aquellos días.

También tuvo un espectacular golpe de suerte con la entrada de nuevas compañías occidentales a China y la zambullida del país en las aguas de la globalización. Hoy en día su compañía abarca alrededor del 84% del comercio electrónico interno; de hecho, es tan buen negocio que Yahoo! mantiene el 24% de la propiedad accionaria que también comparte con la japonesa Softbank.

Sus críticos aseguran que Ma es egocéntrico, que le gusta que los demás alaben su personalidad y castiga a quienes hablen mal de él gracias a sus contactos en las más altas esferas del gobierno chino. Pero también le atribuyen que es un genio, uno de los impulsores del buen momento que vive la industria digital de su país.

Una razón de peso por la que Alibaba escogiera fortalecer sus planes a través del mercado bursátil. Tras la negativa de Hong Kong a respaldar su emisión de acciones, el conglomerado encontró a más de un banco y fondo dispuesto a asesorarlo se decidía por Wall Street a la hora de buscar nuevos fondos. Uno de los estructuradores es el banco Morgan Stanley, que ha estimado que la salida en bolsa atraería capitales por más de US$15.000 millones.

Ese valor la situaría en las grandes ligas. De hecho, se calcula que el valor de Alibaba asciende a US$175.000 millones; la única compañía de su tipo que la supera es Google (su capitalización de mercado supera los US$390.000 millones).

Buena parte de esos beneficios irán a parar a las cuentas de Ma. Aunque se retiró como director ejecutivo del conglomerado en mayo del año pasado, sigue siendo uno de los miembros de su junta directiva y se encarga de definir su estrategia. Por supuesto, mantiene su propiedad accionaria.

Le será clave para los múltiples proyectos que tiene en mente, como fundar una universidad para emprendedores en Hngzhou, crear un fondo que invierta en nuevas empresas tecnológicas en Sillicon Valley, abrir una academia de tai chi con el actor Jet Li o invertir en iniciativas para proteger el medio ambiente en China.

Desde La Plaza/ El Espectador/ YB

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