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Clementina Barazarte Heroína Nacional – Juancho Domínguez

CLEMENTINA BARAZARTE HEROÍNA NACIONAL

I

El catire Sánchez Pérez
fue quien me contó la historia
me dijo lleno de euforia
escuche pa’ que se entere.
Orgullo de las mujeres
y los hombres por igual
de manera natural
el pueblo quiso nombrarte
Clementina Barazarte
heroína nacional.

II

Resulta que Clementina
sufría de flatulencia
no se explicaba la ciencia
tanto ruido y jedentina.
Bebía colonia fina
para perfumar su arte
se reunía los martes
a tocar con la retreta
su fundillo de trompeta
fue famoso en todas partes.

III

Aquella vez se aguantó
en la iglesia por respeto
inflándose por completo
como un globo ella flotó.
Del campanario salió
al garete aquella masa
como cohete sin traza
impulsada por sus peos
y cuando intentó un planeo
se estrelló contra la plaza.

IV

El pueblo estaba sitiado
por las fuerzas españolas
trajeron las cacerolas
como habían recetado.
Prepararon un guisado
con caráuta y coliflor
una bomba sí señor
que comió en el desayuno
después de estar en ayuno
desde la noche anterior.

V

Puso en fuga a los realistas
con un viento tan hediondo
que pisaron chola a fondo
hasta perderse de vista.
Ahora llegan periodistas
y científicos del mundo
buscando en lo más profundo
el por qué desde la guerra
ha quedado en esa tierra
un olor tan nauseabundo.
¡Clementina Barazarte heroína nacional!

J.D.

Juancho Domínguez es uno de esos pocos creadores populares cuya chispa está compuesta de un nitrógeno explosivo reposado en los sedimentos de la contracultura y agitado por la izquierda jodedora del materialismo histórico de los años 60.

La buena vibra lo acompaña hasta en su manera de andar, su rebeldía la encapuchó hace rato en la sonrisa de un niño que aprendió a caminar sobre los muertos de la historia, de allí también le sobrevino su prosa, cuya poética se desprende como un piloto de combate eyectado bajo el marfil celeste para dejarse caer sobre las piernas de una mujer y sobrevivir a la guerra de guerrillas.

Cuando le preguntaron qué mensaje le dejaría a las nuevas generaciones su respuesta fue la de un artista del Pop Art “yo les aconsejo que no se espichen las espinillas”.

Así como Víctor Hugo reivindica en su obra esa duplicidad entre lo grotesco y lo sublime, Juancho Domínguez reivindica con justicia el binomio entre lo obsceno y lo sagrado inmanentes a la cultura popular, arrancándole fuera de todo cálculo la verdad a la belleza a través de su canto.

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