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Comunicar es conectar

Eso fue lo que mi paso por el mundo de las comunicaciones y el periodismo me enseñó. Por ese entonces, recuerdo me proponía un debate y estrategias comunicacionales sobre cómo “convencer” al “pueblo” a movilizarse en pro de la Asamblea Nacional Constituyente, es decir lograr que la gente se “animara” y apostara por postularse y votar. Me detenía en ver mis limitaciones logísticas para llegar a muchas personas.

Mi enfoque se dirigía a explicar a las personas cual maestra de primaria las razones y justificaciones, cometiendo un error básico, el hecho comunicacional está fuertemente cargado de elementos emocionales más que de elementos racionales. Cuando queremos hacer llegar un mensaje apostamos por la sinceridad y la simpleza. Apelamos al yo emocional del otro. Por ello Chávez era un comunicador innato, él sentía y estaba convencido de lo que decía, era muy sencillo para todos sentirnos identificados con él, pues apelaba a lo más básico y primitivo que poseemos: nuestros sentimientos. Al mismo tiempo que conocía nuestro lenguaje, es decir la apuesta comunicacional de Hugo Chávez estaba cargada de la comprensión del universo simbólico de la venezolana y el venezolano común.

En 2013 Chávez obtuvo “una victoria por toda la línea de batalla” con una campaña que señalaba que él era el corazón del pueblo, nadie lo dudó, no tuvo que subirse al metro de Caracas para demostrarlo.

Hoy nos encontramos de nuevo en un escenario electoral presidencial, la mayoría de los que analizan al chavismo sin Chávez pareciera que lo hicieran con lástima. En efecto vivimos de luto pero estamos culminando el mandato del primer presidente chavista con altas posibilidades de reelección, según los estudios de opinión de las distintas consultoras del país. Nicolás Maduro es hoy la primera opción electoral  para las y los venezolanos.

No tengo por qué ocultarlo. Nicolás Maduro es también mi opción para este 22 de abril por ello van estas líneas. Tengo 23 años estoy terminando mi carrera, trabajo y por ahora mi proyecto de vida sigue estando en Venezuela. Pertenezco a una generación que creció con las prédicas de Hugo Chávez y como la mayoría de los nacidos en los 90´s mi imaginario de la Venezuela ideal es la Venezuela Potencia del Plan de la Patria.

Pertenezco al sujeto social que el chavismo como proyecto societal construyó, soy su Frankenstein. Pero desde hace como 3 años siento que no existe una vanguardia política que hable mi lenguaje, que comprenda mis necesidades y que viva en la misma Venezuela que yo. Los chavistas que hablan en la televisión no conectan conmigo, incluso me he dado cuenta que mientras menos los escuche más dispuesta estoy a votar por ellos. No se trata que no crea en ellos, todo lo contrario, creo tanto en ellos que a pesar de saber las cosas que dicen prefiero tapar mis oídos y a darles durante estos 3 años mis votos de confianza.

Sin embargo, desde inicios de 2018 siento un compromiso político tremendo, noto que ya la  falta de comunicación entre los chavistas de la televisión y los chavistas de la calle es tan grave que puede que nos perdamos en el camino. La caotización de la vida cotidiana tiene ahora un componente del terror, casi a diario las operaciones del Metro de Caracas son interrumpidas por la explosión de una bomba lacrimógena, alguna falla eléctrica o la quema de algún vagón.

Mientras, el discurso oficial se centra en hechos geopolíticamente importantes como: la  patada de la oposición a los acuerdos de dialogo y paz en República Dominicana, la movilización de fuerza militares colombianas a nuestra frontera común, las declaraciones de Tillerson y las sanciones de Donald Trump. Pero, deja por fuera que las y los venezolanos, en su mayoría chavistas de la calle, estamos sometidos a condiciones de vida parecidas a la película “El día después de mañana”.

Resulta evidente que ante la ausencia de un candidato la derecha venezolana apuesta por obstruir la gestión gubernamental, es natural en ellos jugar a la anti política. Pero a mí como joven venezolana me duele la ausencia. Sin duda me afecta salir todos los días a la incertidumbre, pero lo que más traumatiza mi existencia es que por ejemplo un ministro catalogue como vandálico un acto terrorista y que se convierta en normal estar un día sin agua y/o sin luz eléctrica.

Estamos en campaña, la derecha ante la ausencia de público ha pasado de la guarimba al atentado terrorista. Esto sumado a la fuerte crisis económica que nos afecta parece ser la versión del shock neoliberal que le imponen a Venezuela. Los chavistas, sobre todo los chavistas jóvenes necesitamos que se comuniquen con nosotros. Comunicar es conectar.

@AngelaMariaGV