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Cuidado que viene el Diablo (II) o Cuidado que llegamos las diablas

En el capítulo anterior de las aventuras de una mujer en un mundo patriarcal exponía cómo, de alguna manera, las mujeres vivimos en un cuentico de terror constante. Algunas vamos por la vida tapándonos la cara para no ver, otras pensamos que es una comedia romántica lo que vivimos y otras sabemos que vinimos a ver el Exorcista (bue, qué vaina. Nunca pensé que haría analogías de maltrato patriarcal con películas).

Todavía falta mucho para que la sociedad deje de vernos como las loquitas mal cogidas, insatisfechas, histéricas, exageradas que a según somos. Pongámoslo en una escala de uno pa uno  a ver si me hago entender: si una mujer reclama haber sido maltratada por un hermano/padre/familiar hombre/pareja/amigo/pana/cualquier güevón, lo más probable (si ese hombre no ha hecho su chambita de despatriarcalizarse) es que esa mujer sea subestimada y burlada porque la naturalización del maltrato hacia las mujeres está aterrorizantemente naturalizada en nosotres, al punto que las maltratadas no nos damos cuenta de que somos sujetas de discriminación y quien discrimina no se da cuenta de que es discriminador.

Ahora, lo que viene inmediatamente al reclamo nuestro es la descalificación (estás reglúa, eso no pasó, estás exagerando, estás hipersensible, yo no dije eso); el segundo nivel es la burla (si eres loquita, todo el mundo está en tu contra, búscate un psicólogo); el tercer nivel es la insultadera (maldita puta, perra desgraciada, feminazi de mierda, malcogida); el cuarto nivel es el maltrato físico (que nos caigan a coñazos y/o abusen sexualmente de nosotras) y el último nivel es pues, el asesinato. Si llevamos eso a escala sociedad tenemos como resultado situaciones cotidianas donde las mujeres somos constantemente discriminadas, menospreciadas, humilladas, maltratadas y asesinadas.

Aun con mil evidencias —gracias interné—algunes de quienes (ojalá) lean esto igual van a dudar de lo que aquí escribo hoy, igual van a pensar con el rabito de la mente que qué trauma habré tenido para escribir así, igual van a dudar. Y eso, querides, es negación entrenada por un sistema de mierda que no solo alcahuetea el maltrato a las mujeres sino que lo celebra. Y es chimbo, ¿oyeron? Es chimbito en banda.

Dentro de todo, una insiste en seguir teniendo sentido del humor y se burla también de algunas de las cosas que el machismo mundial hace en respuesta a nuestras luchas, que ahora menos que nunca pueden callar. En Venezuela todo el mundo ha escuchado el nombre de Mayell; en Latinoamérica todo el mundo sabe de Lucía; en el mundo entero la gente sabe qué es abortar. Estarán de acuerdo o no, entenderán o no, se apegarán a la lucha o no, pero la gente sabe y eso no nos lo pueden quitar. Lleva, Zuckerberg. Estoy segura de que ese bicho tiene un algoritmo hecho para que cada vez que alguien en el mundo escriba su nombre le llegue una notificación. Marico no eres tan arrecho como Voldemort pero sí eres más peligrosito porque Voldemort no existe y tú sí.

E me compartió un linksito que contaba la noticia de la pared que más de 5.5 millones de mujeres hindúes del estado de Kerala se armaron el 1ero de enero de este año. Le decía que acá en Beijing también nos enteramos de la vaina a pesar de que algunos medios ni le pararon bolas. ¿Ustedes saben lo que significa que 5.5 millones de mujeres se agarren de manos y formen una pared? Es una vaina bestial, histórica, vergataria. Y además, en respuesta a las acciones ultraderechistas de los sacerdotes y hombres que se niegan a que las mujeres entre los 10 y los 50 años tengan acceso al templo de la diosa célibe Ayyappan (con el argumento de que la diosa se va a arrechar porque las mujeres menstrúan). Si nos ponemos a pensar el arrebato carajitoide de estos hombres que se montaron senda peluca porque “mardita mujer reglúa quedate en la casa y dejate de joder”, la vaina da risa.

La cosa, en verdad, es que si vamos allá de los motivos del odio de los hombres hacia las mujeres y entendemos lo peligroso que es y lo cerca que lo tenemos podríamos empezar a entender que sí vivimos en una sociedad que discrimina, humilla y maltrata a las mujeres sólo por el hecho de ser mujeres. Y eso, compas, no da risa. Que estemos inundades de machirulos inseguros es patético, pero no da risa.

Nadie pregunta cómo iba vestido el agresor, nadie cuestiona la aparente inhabilidad del perpetuador de controlarse, nadie pregunta sí él había bebido; aparentemente las mujeres muertas son más verosímiles que las vivas porque las vivas están haciendo drama. A las muertas todo el mundo les cree; nadie parece reparar en la abismal diferencia que hay entre “muerta” y “asesinada”. A Rosa Luxemburgo, por ejemplo, no “fue muerta por herida de bala”, fue asesinada marditos. A la piba no “la consiguieron muerta”, coño, la asesinaron. No fue que, ¡ay, paf! se murió. No, la mataron; a las que denuncian y terminan asesinadas en manos de a quienes habían denunciado las culparon por denunciar primeramente, y bueno, mirávé, las terminaron asesinando. ¿Da risa? Yo creo que nop.

Están pasando varias cosas: sí, hay más femicidios y feminicidios que antes, y sí, ambos tienen mayor escrutinio que antes. La cuestión de las crisis es que hay más violencia y muere más gente. El patriarcado, así como el capitalismo, se siente profundamente amenazado porque por primera vez en la historia de la humanidad las mujeres se han hecho un movimiento a escala global para evitar que nos sigan maltratando y asesinando tanto por ser mujeres como por ser pobres, negras, indias, campesinas, inmigrantes, putas, en situación de discapacidad, lesbianas, trans.

No me canso de decirlo: la lucha es de género, y también es de clase y raza/etnia. Si la discriminación es triple, la lucha es triple. Si la discriminación es cuádruple porque se es mujer, se es negra, se es pobre y se es trans, la lucha será cuádruple. Y si se resulta ser mujer, ser india, ser pobre, ser inmigrante y estar situación de discapacidad, la discriminación es quíntuple pero la lucha será cinco veces más fuerte.

¿Quedó más claro? Se sigue subestimando a este movimiento considerándolo un vaivén, uno que se apaga. Pero somos la mar embravecida, bebé. Cuida’o se ahogan.

#NiUnaMenos #QueSeaLey#VasACaerMachirulin