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Disparar ráfagas de sonrisas contra un enemigo que sólo sabe odiar

“Déjenme decirles, a riesgo de parecer ridículo,
que el revolucionario verdadero
está guiado por grandes sentimientos de amor.
Es imposible pensar en un revolucionario auténtico sin esta cualidad.
Quizá sea uno de los grandes dramas del dirigente;
éste debe unir a un espíritu apasionado,
una mente fría y tomar decisiones dolorosas
sin que se contraiga un músculo”
Ernesto Che Gueveara

Ese es nuestro combate. Construimos una trinchera de amor para enfrentar al egoísmo, a la crueldad y a la saña permanente con la que el capitalismo, no conforme con explotar cotidianamente a las trabajadoras y trabajadores, también quiere arrasar la memoria y la conciencia de clase para imponer una esclavización de nuevo tipo contra la humanidad.

Venezuela se encuentra cada vez más bajo el asedio desesperado del poder del capital que pretende asfixiar nuestra economía, arrancarnos nuestras riquezas, nuestro amor y nuestra conciencia, para pretender colocarnos a sus plantas como neocolonizados de su imperio.

En la medida que el pueblo venezolano ha ido definiendo su camino de libertad en dignidad y, en ejercicio de su plena soberanía, construye la Patria socialista, observamos como el poderoso enemigo imperial alista las armas y de las amenazas pasa a las acciones con el propósito de intentar someternos, invadirnos, vencernos.

El despliegue no es nada nuevo. EE.UU. de norteamérica, ese espacio geográfico que concentra el poderío militar, político, hegemónico y que es asiento de los instrumentos estratégicos de planificación y ejecución terrorista contra el mundo, desde el Departamento de Estado, de la CIA y del Pentágono, tiene diseñado un plan de ataque contra Venezuela, evitando directamente manchar sus manos asesinas con sangre de este pueblo valiente.

Su plan no es nuevo, se viene desarrollando a través de diferentes tácticas, en las que ha logrado involucrar delictualmente a los gobiernos de países como Colombia con  el triunvirato de los narcogobernantes Uribe-Santos-Duque, Brasil con el dictador Temer al frente, Guyana con el pusilánime Granger al frente , Panamá con Varela a la cabeza, Ecuador (ahora a punto de reestrenar bases militares con la alcahuetería de su presidente traidor, Lenin Moreno) y otros ubicados en islas vecinas, que se aprestan para servir de puntas de lanza o infanterías de despliegues fronterizos que, utilizando falsos positivos, quieren establecer un “territorio liberado” en Venezuela para instalar allí un gobierno paralelo y punto de hostilidades político militares.

Mientras todo eso acontece, las amenazas se arrecián, las pretendidas “sanciones” que vociferan forasteros aumentan para hacer bulla mediática por el mundo y una sarta de habladores de paja gritan que “al dictador Maduro” le queda muy poco tiempo en el poder.

Aquí lo que hay es un pueblo aguerrido y en pie de lucha, como nos lo enseñó el Libertador Simón Bolívar, justo hace 200 años, cuando le tocó enfrentar directamente al naciente Imperio yanqui amenazante en la figura del tristemente célebre Juan Bautista Ivine, quien pretendió desconocer la independencia de  de Venezuela que había sido sellada en 1811. Es entonces cuando Bolívar, con su claridad, fuerza y firmeza le riposta al Imperio con esta frase que queremos dejar para la reflexión al cerrar, por ahora, este Diálogo en la acera: «Lo mismo es para Venezuela combatir contra España que contra el mundo entero, si todo el mundo la ofende».

Ilustración: Xulio Formoso