Nuestros Gobiernos ¿a todo o nada? o ¿la voluntad de poder que no queremos?

Hay personas que durante años luchan para que sus creencias se idealicen en una forma de gobierno que, defiendan sus convicciones. Esos ideales políticos se cristalizan muchas veces en gobiernos que abarcan casi todo el amplio espectro de esas creencias políticas pero, con algunas acciones que ni remotamente se acercan a ellas, esas acciones ¿tienen que ser defendidas a todo o nada ó, tenemos que criticar actos de codicia y de voluntad de poder que  llevan, a los gobernantes, a querer arraigarse en una posición de mando para beneficio propio?

De chico me gustaba escribir poesía. Mis padres siempre me alentaron y también a la lectura, crecí en un mundo rodeado de libros, enciclopedias y manuales. Quizás no leía lo que debía, lo del colegio. Quizás tampoco leía lo que debía por mi edad, aunque mi papá se esforzaba por colocarlos a una altura inalcanzable, las sillas y los niños hacen milagros, y los alcanzaba. Entendía lo que entendía para mi edad, 11 o 12 años. El Capital; el Manifiesto Comunista, libros de teoría sobre el Radicalismo, sobre Perón y de Perón. Lo que entendía era que había un mundo injusto, que los que tenían el poder eran siempre los mismos y, que el dinero se estaba transformado en un Dios cuya iglesia eran los bancos. Eso se refleja en un viejo cuaderno con largos, tediosos y malos poemas de protesta que había escrito.

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Los años pasaron y las luchas quedaron, con la palabra, con las ideas, a veces con el cuerpo. Los gobiernos pasaban y, los ideales quedaban en el voto a un partido que nunca ganaba. Quizás a veces, se lograba un diputado o un senador, alguna intendencia, pero no más de eso. Después de muchos años llega al poder un gobierno por casualidad, por crisis, porque no había nadie más y los que habían eran más de lo anterior, que nadie quería. No lo había votado, mis creencias no me lo permitían, seguí (y sigo) votando por mis ideales. Pero este gobierno comenzó a promulgar leyes y a realizar actos que eran por lo que había luchado tanto, pero tanto tiempo y, me gustó. Pero también a hacer cosas que me parecían indefendibles: el acuerdo con el grupo Clarín, la falta de convicciones para enfrentar al poder oligárquico agrícola con unidad, La ley de Glaciares, la poca defensa de la minería sustentable frente a una minería desbastadora. Los corruptos que continuaron (y lamentablemente continuarán por los siglos de los siglos) y sobre todo el arraigarse en el poder, el no cambiar, el ser siempre los mismos, en hacer un movimiento de caudillo.

La democracia es un sistema perfectible, la misma reside en el cambio que se produce por las posibilidades de elección. Lamentablemente en eso también el mundo del capital insertó sus garras. Los políticos ya no se presentan como defensores de proyectos, de ideas, de planes de obras, los candidatos se presentan en campaña publicitarias como si fueran actores, como si fueran sanadores, como si fueran referentes de autoayuda, en fin se presentan como un producto de Marketing.

En los años de gobierno se cometieron muchos errores y no sólo hablo de la corrupción, ya que hacerla propiedad exclusiva de un gobierno es tirar la primera piedra (lamentablemente la hipocresía no tiene límites). Para mí el error principal fue el no recambió de las figuras, el perpetuarse en una persona, el no tener preparadas personas para el recambio. Y no hablo del año 2015, hablo del año 2011. Quizás un paso al costado hubiera cambiado mucho la historia. Una mariposa muerta en la prehistoria puede hacer estragos en nuestro presente (Ray Bradbury dixit).

No sé si mis creencias son “la verdad”, pero son las que mi visión de la realidad me permiten y, no soy el único. Ya en el siglo XIX, un héroe chileno defendía las mismas creencias que hoy defiendo, Manuel Rodríguez Erdoiza dijo: “Usted ha conocido, señor Director, perfectamente, mi genio. Soy de los que creen que los gobiernos republicanos deben cambiarse cada seis meses, o cada año a lo más, para de ese modo probarnos todos, si es posible, y es tan arraigada esta idea en mí, que si fuese Director y no encontrase quien me hiciera la revolución, me la haría yo mismo».

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Como Manuel Rodríguez creo que perpetuarse en el poder corrompe. Para eso y, y no sé si para mucho  más, está esta democracia imperfecta que necesitamos reconstruir.