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Cuidar(nos)

Me miró, me dio belleza,
y yo la creí mía.
Feliz, me tragué la estrella.
Permití ser pensada
a imagen del reflejo
producido en sus ojos. Bailo, bailo
a compás de repentinas alas.
La mesa es una mesa, el vino, vino
en una copa, que es una copa
y está estando en la mesa.
Y yo soy imaginaria,
increíblemente imaginaria,
imaginaria hasta la médula.
Le hablo de lo que quiere, de las hormigas
que mueren de amor
bajo la constelación del diente de león.
Juro que una rosa blanca
salpicada de vino, canta.
Me río, inclino la cabeza
con cuidado, como si comprobara
un invento. Bailo, bailo
en una sorprendida piel, en un abrazo,
que me crea.
La Eva de la costilla, la Venus de la espuma,
la Minerva de la cabeza de Júpiter
eran más reales.
Cuando él me mira,
busco mi reflejo
en la pared. Y sólo veo
un clavo del que han descolgado un cuadro.
“Tomando vino”
Wislawa Szymborska

Nunca pensé que escribiría textos que se parecieran a los de autoayuda. Después de haber organizado la repisa de “cuídate/quiérete/ámate” de la sección de autoayuda mientras trabajaba en una librería, cuando “El Secreto” estaba bien de moda, creo que quedé traumatizada al punto que a los 17 años me dije “jamás enloqueceré para no tener que caer en esta mierda”: si caía en alguna Coelhería estaría perdida (susto. Amigas, hermanas, es hora de que me saquen de este pozo. Llegó la hora de la intervención). Pero, hoy, 10 años después (con menos inseguridades, otros rollos existenciales y una guerra económica que batallar) son otros tiempos.

Entre amigas comentamos cómo solemos abandonarnos: cómo en medio de la cotidianidad jodida que debemos atender, no nos apoyamos con el argumento bobo de que “no tenemos tiempo”. Porque claro: estando pegadas de la olla, sin poder visitarnos tranqui porque #CaracasCity está es Sin City (con vampiros, zombies y bicho feo a granel cambimbeando porai esperando que una se resbale pa mordéla), trabajando enloquecidas entregando a tiempo los tigres, lavando ropita pa por lo menos tené las pantaleticas limpias, cocinando, limpiando y, siempre, siempre, siempre, resolviendo las mierditas cotidianas que de cuando en cuando se atraviesan en el camino, ¿cómo carajo nos vemos pa querernos?

Pero, ¿Por qué? ¿Hemos permitido que el capitalismo voraz también, además de nuestro tiempo, se adueñe enteramente de nuestras relaciones? Coño, sí. No sólo se adueña de nuestros tiempos, de nuestros cuerpos, de nuestros seres, de nuestras voluntades, sino también de las formas en las que decantamos el acaecer sentipensante.

Debemos dejar de permitir ser pensadxs a imagen y reflejo de las imposturas sociales que los dictámenes patriarcomachistas imponen, pero para siquiera pretender iniciar esta aventura, debemos desentrañar el discurso hegemónico. Ya va, ¿qué? Pensarán “esta jevita si es intensa. Háblame claro, mami”.

En dos platos, chamo: que la Iglesia, el patriarcado y el Capital nos chupen el lado izquierdo con o sin depilar. Nosotrxs dicidimos. Sólo nosotrxs. Acá nadie es imaginarix hasta la médula, y nosotras, aún más, debemos dejar de serlo.

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Ahora, paso dos. ¿Cómo pretendemos decir que militamos y que deconstruimos si partimos de un discursito teórico infinitamente repetitivo y ya, a estas alturas, vacío de sentido? Las movilizaciones, los cambios en las consciencias, se materializan en la práctica, no en la teoría. Y se hacen estando juntxs. Juntxs.

Las relaciones cercanas que construimos, que cuidamos y mantenemos, se hacen vínculo importantísimo para el devenir político, económico y social. Solxs estamos es jodidxs, hermanxs.

Cuidar(nos) es hacerlo juntxs: es no abandonarnos en medio del reconocimiento de que somos vida hecho cuerpo y ser consciente, de que quien tenemos delante tiene una cosmovisión maravillosa muy diferente a la nuestra y no por ello menos válida, y que ese cuerpo es un cuerpo sentipensante con posibilidades de ejercer prácticas liberadoras (sólo si hizo su chamba).

La invisibilización del otrx nos va a seguir jodiendo, incluso más que la soledad más terca.

Entonces, siguiendo la onda cursi de la autoayuda, cuidemos al cuerpo (movilizador, herramienta operativa para llevar a cabo nuestras acciones),  al corazón (salir resilientes de situaciones de mucha carga emocional es fundamental, y NO debemos hacerlo solxs. Nos tenemos), y al coco: sepamos cómo no envenenarnos (quitarnos las malas mañas, las imposturas; develar nuestras contradicciones más duras y jodidas, las más feas).

Y para finalizar lo que podría ser el próximo paso a un librito rosado que se venda en Locatel con prólogo de Érika de la Vega, les dejo (obviamente) una listita marica:

  1. Apoyémonos en nuestra gente, en la que nos quiere de verdad; en la construcción genuina de amistad, amor y compañía. ¡Que viva la sororidad!
  2. Creemos espacios de construcción que abran brecha para nuevos patrones relacionales sin veneno.
  3. Deconstruyamos el amor romántico, par favar.
  4. Dejemos de caernos a muela: seamos reales.
  5. Aprendamos a hablar claro. Transparencia o nada, camaradas.
  6. Ya dejémonos de mariqueras y asumamos nuestros machismos.
  7. Usemos condón, por amor a los dioses. Evitemos una camináita pa PLAFAM por una ITS. Y si el tipo no quiere porque “a rin pelao es más rico”, se ponen su pantaletica y se van.
  8. Encontremos pequeños espacios de bienestar: pongamos la cabeza y el corazón en cosas agradables que si bien no quitan la mierda que nos toca vivir en el momento, nos hacen sanar y eso es sumamente valioso.
  9. Reconozcamos que necesitamos momentos de soledad, de estar con nosotrxs mismos pa enfrentarnos a quienes somos. Y luego, cuando llegue el maricoteo, llamar a lxs amigxs y llorarles maricamente.
  10. Hagamos cosas que nos gustan sin la pendejera de que “no hay tiempo”: tomémonos un cafecito en la Plaza Bolívar; fumémonos un cigarrito bajo la lluvia; salgamos en citas con las amigas; vayamos al cine a ver estupideces en 3D; vayamos a la playa; hablemos con mamá por teléfono; vayamos a bailar o a un toque de tambores; vayamos al yoga o a caminar. ¿No han pagado la quincena? ¿O la pagaron y la debemos completa ya? No importa: cafecito en casa con lxs amigxs. Pa cuadrar hay que ponerle ganas.
  11. Dejemos de pensar con nuestras ansiedades: la ansiedad es gasolina con veneno. Moviliza el cuerpo, lo mantiene activo, pero jode el coco y el corazón, y nubla la vista en banda ancha.
  12. Mujeres: recordemos que nosotras decidimos y que no estamos solas.

P.D: tómenme en serio a pesar de que yo me burlo de mi misma. La vaina ta jodía y no hay de otra sino caerse a coñazos y florecer. Acá nadie se quita los guantes.

Sahili Franco

Sahili Franco

Nació en Caracas, el 15 de marzo de 1990. Inició su carrera editorial en el Taller de Creación Editorial Agujero Negro, formando parte del equipo de editorxs, correctorxs y productorxs de contenido de esta revista, órgano divulgativo de la Escuela de Artes-UCV. Durante ese período, inició paralelamente y de forma autodidacta estudios sobre la imagen, la gráfica, la fotografía, el cine y el audiovisual. Su producción de contenidos apunta a la comunicación pertinente de historias de vida que hablan respecto a la soberanía de los cuerpos, la alimentaria, la des-mercantilización de la vida y a las contradicciones discursivas y estructurales que enfrentamos como pueblo oprimido, colonizado y en eterna resistencia al mismo tiempo que incluye la necesidad discursiva y coyuntural que nos tocará atacar al momento. Sus canales de participación son el impreso y el web, y sus formatos, video y texto en géneros como la crónica, pequeños cuentos y micros.

Actualmente produce contenidos desde sus pequeñas trincheras de lucha, y trabaja como productora audiovisual freelance.