Machos Progre

“El acto político de aquellxs varones que intentamos ponernos en cuestión ante nuestros privilegios, es hacer uso del feminismo para alertar a otros varones sobre la implicancia de nuestras acciones sobre los cuerpos y vidas de las mujeres, lesbianas, trans y maricas…
Y no hacer uso del feminismo para tener más argumentos para seguir hablando, para seguir pisando fuerte, para discutirles al movimiento de mujeres y feministas.
Claro es que el feminismo busca liberarnos a todes, pero si lo usas para ser más aceptado, para ser más progre, más copado, tener más personas con las que irte a la cama…
Tu igualitarismo apesta.”
Christian Oscar Prieto
“El feminismo en esta concepción particular no puede ser puro pragmatismo, ni puro pensar, no puede hacerse de una praxis sino a través de la producción de nuevas herramientas conceptuales sobre el sujeto, sobre la  producción del sujeto y la actuación del poder.”
Yuderkys Espinosa Miñoso

Sabemos que hay varias tipologías de “machos”: el macho-macho, el macho decimonónico, el macho progre, y también, el macho pogre de izquierda al que tanto, tanto amamos.  El jevo es de izquierda, trabajador y “está claro en lo claro”… Ay, nos encantan. Se nos evaporan las pantaletas.

 ¿Y cómo no? Si el chamo milita (por tanto, segurito, tiene el discurso de las relaciones que el capital establece con nuestros cuerpos bien claro. Y, así mismo, tiene la capacidad de enfrentar las incoherencias y contradicciones del sistema opresor, y las suyas en consecuencia porque se asume sujeto oprimido y móvil mismo de esa opresión), se cae a coñazos todos los días en la institución en la que trabaja (porecito, todavía no le aumentan los Cesta de diciembre), es guapo (adherido al canon de belleza, claro), elocuente, culto, divertido…

No me arriesgo cuando digo que muchas de nosotras hemos salido con un macho progre, pero por no dejar, me remitiré a mis experiencias: De cuando en cuando aparece un muchacho con las características anteriores, y yo, cumpliendo con mis machismos estructurales y mis opresiones discursivas, le echo bolas. Ya sea porque se haya acercado él o le haya dicho yo pa salir.

Al inicio todo bien: birras, buena conversa, buenos ratos… Hasta que, de repente, el pana sale con “creo en el poliamor”, o un “tienes que aprender a relajarte y vivir”, o “las pastillas anticonceptivas son otra forma opresora del capital” o, peor aún, algo como “eres una muchacha tan valiosa y sales con este montón de pendejos que no te ven por quien eres”. Y ahí toda la parafernalia respecto a quien se supone es ese hombre se desinfla, y bueno, se me seca. Obviamente se me seca. Cerrada. Es una bóveda.

Y luego recuerdo, con mucha frustración, cómo seguimos pervirtiendo nuestros patrones relacionales.

Esas frasesillas no son las únicas que salen a volar: el macho progre está convencido de que manejando términos como “feminismo”, “equidad de géneros”, “ni una menos” (y no “ningunx menos” o “ni una más”) entiende, maneja y deconstruye las prácticas opresoras del machismo patriarcal (partiendo de que entiende qué es el machismo patriarcal). Pero, en verdad, ¿qué es lo que supuestamente deconstruye cuando sale con vainas como “creo en el poliamor porque yo soy libre, y tú también, mi amor”? ¿Cuáles son las contradicciones estructurales del sistema a las que se enfrenta cotidianamente y con las que batalla? ¿Cómo lleva a la práctica su “sacrificio” por ceder su poder social y por asumir sus privilegios?

A estas alturas ya resulta interesante, más que enervante: Enuncian los términos que las mujeres hemos incluido en el habla cotidiana por medio de la fraseología barata sólo, única y  exclusivamente, para su favor: resultan ser bien militantes, bien izquierdosos, bien machos y bien individualistas. De igual manera, criminalizan, juzgan y critican desde un no lugar porque ustedes no son mujeres, ni maricas, ni lesbianas, ni trans. Y en todo caso podría acercarnos la raza y la clase, pero a fin de cuentas la diferencia es abismal.

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Seguir usando al feminismo y sus códigos relacionales para continuar aplicando sobre nuestros cuerpos sus querencias opresoras, lamentablemente, les sigue funcionando.  ¿O no? Yo misma he dicho ya que he salido con varios de ustedes. Y gracias a sus incoherencias nefastas y a mis equivocaciones la cosa nunca ha llegado a largas; me queda es la anéctoda, la risa y el punto de partida.

Yo no les pido que sean feministas, no. Les pido que, por lo menos, reconozcan sus privilegios y dejen de usarlos en nuestra contra, que dejen de apropiarse de los códigos y prácticas concretas que las mujeres hemos utilizado en pro de nuestra libertad (desde el uso de la retórica, la teoría y la fraseología más manipuladora) para seguir aprovechándose de nosotras, e impulsando, así mismo, sus libertades.

Asuman sus privilegios de hombres machos heterosexuales, y reconózcanlos. A los que son negritos y pobres, agradezcan las desventajas. Pero todos: asuman, reconozcan los privilegios inexorables que la mirada colonizadora heteroeuropea que heredaron les ha dado, y que ustedes continúan.

Porque qué de pinga es levantarse a una jevita con una franela de Lenin en ruso, tirarle unas líricas ahí acertadas (como los LiriKings que son), ponerse a hablar con ella de feminismo, Revolución y lucha emancipadora y coger con ella. Qué rico.

Quien diga que “ella decidió salir con él, es su responsabilidad” puede ir a buscar “feminismo” en Wikipedia y luego meterse el dedo en el donde no le da la luz (epa, cero estarme diciendo malhablada y prosaica. En la nariz tampoco pega la luz). Se lo agradeceré enormemente, porque la cuestión es que hay diferencias entre derechos y posibilidades. Todxs tenemos, al parecer, los mismos derechos (en la teoría: en la legalidad, en el deber moral, en el humanismo) pero ni de vaina las mujeres tenemos las mismas posibilidades que los hombres.

Ser feminista no es sentir lástima (escudada por empatía) de que a nosotras nos viene la regla y nos duele, ni ser sensiblero con las prácticas concretas que nosotras hacemos cotidianamente, ni leerse Simone de Bauvoir y levantarse jevitas con lo que leyeron (que luego convierten en fraseología barata y descontextualizada), ni tener discusiones eufóricas y vehementes de por qué es mejor usar toallas de  tela que P&G.

Dejen(mos) de caernos a muela, y sobre todo, de caerse a muela a ustedes mismos. Sí, en efecto puede que con la mascarita de feministos cojan más, pero bue… A fin de cuentas el vacío sigue estando, sólo que el pote está lleno de un machismo que pretende estar deconstruido sin siquiera saber en un principio qué carajo es lo que se va a deconstruir.

Ilustraciones: Nacho Progre

Sahili Franco

Sahili Franco

Nació en Caracas, el 15 de marzo de 1990. Inició su carrera editorial en el Taller de Creación Editorial Agujero Negro, formando parte del equipo de editorxs, correctorxs y productorxs de contenido de esta revista, órgano divulgativo de la Escuela de Artes-UCV. Durante ese período, inició paralelamente y de forma autodidacta estudios sobre la imagen, la gráfica, la fotografía, el cine y el audiovisual. Su producción de contenidos apunta a la comunicación pertinente de historias de vida que hablan respecto a la soberanía de los cuerpos, la alimentaria, la des-mercantilización de la vida y a las contradicciones discursivas y estructurales que enfrentamos como pueblo oprimido, colonizado y en eterna resistencia al mismo tiempo que incluye la necesidad discursiva y coyuntural que nos tocará atacar al momento. Sus canales de participación son el impreso y el web, y sus formatos, video y texto en géneros como la crónica, pequeños cuentos y micros.

Actualmente produce contenidos desde sus pequeñas trincheras de lucha, y trabaja como productora audiovisual freelance.