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(perversas) Cotidianidades (I)

Una mujer está en casa
ama desde la llama
de la cocina humeante

Desde el territorio esquivo
del mejor detergente
y la ropa limpia para el otro

Una mujer está en casa

casi nadie puede verla

*
Cama-Jardín
Plantar
Regar
Abonar
Olvidar
Marchitar
Secar
Yurimia Boscán
Ama de casa

Ay, vivir en armonía… ¿De verdad es nuestro sueño dorado? ¿Queremos, o no, vivir tranquilxs, con la capacidad de resolver conflictos sanamente, crecer, portarnos a la altura de las circunstancias? ¿Queremos de verdad o resulta más fácil pelear, llevarse la contraria y ponernos obtusxs? Pa’ luego andar quejándonos y sufriendo:

“Recoge la ropa del piso del baño, no puedo abrir la puerta; La poceta está toda orinada; Coño, limpia la cocina; ¿Por qué siempre debo limpiar yo el baño si es un espacio que ambxs usamos?; ¿Y el pan? ¿Qué pasó? ¿Te lo comiste todo?; No, no quiero salir; Recoge los interiores limpios que quiero guindar mi ropa, coño; Epa, pero yo no tengo por qué lavar todos estos platos. Comimos todxs; Yo no voy a limpiar esta vaina. No me toca; Coño, ¿puedes recoger del piso el cabello que se te cae?; Marica… de pana. No quiero ver tus toallitas; ¿El maquillaje tiene que estar ahí siempre?; NO USES MI JABÓN, Pero si el jabón se autolimpia, NO USES MI JABÓN; Ellos perfectamente pueden limpiar la casa y lavar los platos. Acá nadie es mocho; ¡TE ECHASTE EL TANQUE DE AGUA CALIENTE ENCIMA!; ¿Las pantaletas tienen que estar ahí guindadas?, ¿Ajá, y masomenos dónde las guindo? ¿En el balcón?, No seas grosera; No me desordenes mis vainas; No me ordenes mis vainas; Verga, ¡te tomaste todo el cocuy, otra vez!; ¡¿Me revisaste el teléfono?!; ¿Vístete, viene gente para la casa, ¿Vístete? Yo estoy en mi casa; No te me encimes. ¿Tú te crees bien macho, tienes el pipí más grande y tal?; No grites. Te van a escuchar los vecinos. YO ESTOY EN MI CASA Y GRITO LO QUE ME DÉ LA PUTA GANA.”

Si sigo con ejemplos se me van los caracteres, pero a que se rieron de varios y, al mismo tiempo, les hizo recordar algún episodio desagradable en casa que ha ocurrido reiteradas veces y que ya de tanto que pasa lxs tiene bien ladillaxs, molestxs, cansadxs, ¿o no? Todo parece estar tan diluido que esa sensación se vuelve costumbre.

La convivencia, la cotidianidad conjunta, es un espacio de construcción, y es en definitiva un espacio hermoso que muchxs anhelamos (vivir en pareja, vivir con una amiga, vivir en familia, vivir solxs), pero que puede pervertirse dentro de su propia naturaleza, y también, dentro del devenir naturalizado de sus prácticas.

¿Responsabilidades? ¿Flojera? ¿Ladilla? ¿Maltrato? ¿Dónde está el punto inicial, y en qué momento se va poniendo todo tan nublado que ni sabemos por qué estamos molestxs en primera instancia? Tenemos momentos maravillosos, tenemos momentos normales y tenemos episodios que son tan malditamente desagradables que empezamos a cuestionarnos nuestro lugar en esa casa, en esa gente, en nosotrxs mismxs.

La mayoría de los peos surgen de sentidos comunes machistas, ejercidos por los hombres y permitidos también por nosotras, y amparados por nuestras inseguridades estructurales. Es decir, pretendemos atacar las molestias legítimas con nuestras inseguridades. Por ejemplo: desde molestarnos porque amanecimos y la cocina estaba hecha mierda y argumentar que nadie nos toma en cuenta, hasta ver al jevo abrazado de otra jeva en el FB y armarle peo porque “es un falte respeto”.

Inseguridades, muchas inseguridades que se ven alborotadas por las injusticias que el machismo en efecto produce pero que no pueden fungir como argumento para denunciar el maltrato. Quizá para los hombres también sea de igual manera, o parecida por lo menos: los celos, la perseguidera, la constante inquisición, la mandadera, la desconfianza, la controladera. Ojo, y no sólo hablo de relaciones amorosas, sino de relaciones en general.

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Ahora, ¿Cómo construimos patrones relacionales desde las vivencias cotidianas, desde el quehacer que se vive y se construye en casa? ¿Cómo crecimos, todos y todas, en este machismo que nos jode la vida? ¿Cómo, desde el hogar, se van construyendo y continuando las mañas perversas que el Capital y el patriarcado nos imponen? Lo aprendimos en casa, y lo continuamos aprendiendo y replicando en la calle y otros espacios del quehacer cotidiano, para luego, años más tarde, venir a seguir forjándolo en espacios de construcción propia y heredárselo a lxs chamxs.

Pareciera que hablo güevonadas feministo-vacías. Esta jeva sí es loca, vale. Me va a venir a decir que el hecho de que mi mamá me ladille día y noche por los platos es machismo; que mi novia me revise el teléfono es machismo; que mi papá no lave los platos es machismo; que mi novio no me deje salir en falda con mis amigas es machismo; que el hecho de que yo haga sola todo en la casa es machismo; que mis amigos se burlen de mí y me maltraten es machismo; que yo críe sola porque el tipo se fue es machismo; que quiera coger y yo no, y me insista, es machismo; que me meen la silla es machismo.

Eh, bueno… sí lo es. Todo aquello, es machismo.  Ahora, de todo eso, ¿qué es en realidad lo que tanto molesta? ¿Por qué las mamás siempre dicen que naaadieee las ayuda y al mismo tiempo quieren controlarlo todo, por ejemplo? Vivimos en una matria patriarcomachista dirigida por mujeres que controlan todo y al mismo tiempo están abandonadas por hombres, compañerxs e hijxs que están acostumbrados al “pero no me lo pediste”.

Sí, es sumamente complejo. Son escenarios realmente complejos donde hallar la génesis del problema es jodido. Resulta que estar en espacios de tensa interacción y tener relaciones insanas es común, pero no sabemos cómo se originó todo aquello.

En la segunda parte de esta pequeña discusión asomaremos interrogantes respecto a cómo mejoramos nuestros patrones relacionales acunados desde casa, y cómo podríamos construir espacios del quehacer cotidiano sanos, conscientes y que apunten a desligarnos de nuestras conductas machistas, insanas y de maltrato.

Epa, eso sí, juntxs: yo acá no estoy (espero) lanzándoles un manualsito ahí chimbo de autoayuda. Pretendo enunciarles cosas que yo misma he naturalizado y hecho transparentes desde mis experiencias propias esperando que en ellas nos reconozcamos, de modo que ustedes están más que invitadxs a seguir interrogándonos respecto al tema.

Me imagino a mis amigas que están casadas, con chamxs, solas leyendo esto y recordando algunas conversas y experiencias. Recuerdo a algunos ex o tipos con los que salí, también; a veces con rabia, a veces con risa. Pienso en mi mamá, y en mi familia. Pienso en muchas mujeres que no conozco, en espacios que se construyen y se pervierten poco a poco, terriblemente.

Activxs, que queda chamba por hacer.

Sahili Franco

Sahili Franco

Nació en Caracas, el 15 de marzo de 1990. Inició su carrera editorial en el Taller de Creación Editorial Agujero Negro, formando parte del equipo de editorxs, correctorxs y productorxs de contenido de esta revista, órgano divulgativo de la Escuela de Artes-UCV. Durante ese período, inició paralelamente y de forma autodidacta estudios sobre la imagen, la gráfica, la fotografía, el cine y el audiovisual. Su producción de contenidos apunta a la comunicación pertinente de historias de vida que hablan respecto a la soberanía de los cuerpos, la alimentaria, la des-mercantilización de la vida y a las contradicciones discursivas y estructurales que enfrentamos como pueblo oprimido, colonizado y en eterna resistencia al mismo tiempo que incluye la necesidad discursiva y coyuntural que nos tocará atacar al momento. Sus canales de participación son el impreso y el web, y sus formatos, video y texto en géneros como la crónica, pequeños cuentos y micros.

Actualmente produce contenidos desde sus pequeñas trincheras de lucha, y trabaja como productora audiovisual freelance.