San Violentín

Amar violando, o ¿violar amando?

Llegó el día que tanto esperábamos: 14 de febrero (suspiro). Nos van a sacar a comer, nos van a regalar rosas y ositos de peluche súper cuchis, nos van a decir lo bellas que somos y cuánto nos aman, y… capaz nos violen. ¡Qué emoción!

“Te quiero penetrar mientras te hago el amor”, oigo mientras paso los torniquetes del metro de La Hoyada. Ay, ¡qué romántico! Se me evaporan las pantaletas. No sé bien, me cuesta dilucidar, si lo que quieres es violarnos mientras nos amas, o amarnos violándonos, ¡o ambas! No es necesario que nos agarres por el pelo ni nada. Puedes llevarnos por las escaleritas esas cochinas que suben a la Av. Universidad. Tú sabes, pa no hacer tanto chou. Sé cuánto te excita, y más cuando gritamos porque estás claro que nadie nos va a escuchar.

Es difícil, ¿verdad muchachos?  Cómo se nos ocurre la brillantez de salir con ustedes sin conocerlos “bien”… siempre nos buscamos estos malos ratos por putas, lo sabemos. Pero como ustedes son tan buena vaina, y nosotras los provocamos tanto, tanto, tanto, acá les van una serie de tips para que, si llegasen esas ganas casi incontrolables de maltratarnos, sepan qué hacer y no queden ustedes como los malos:

  1. Si nos pusimos camisa con escote, falda corta o medias pantis, no es incitación. Pareciera, sí. Es confuso, sí. Pero no es incitación.
  2. Si deciden regalarnos un ramo de rosas, los chocolates y el Pelanas gigante, no significa que debemos recompensar ese hermoso gesto con una buena cogida.
  3. No es necesario gritarnos o halarnos por el brazo si estamos revisando el celular, así estemos hablando con “otro”. Todo puede solucionarse (OJO, a golpes no).
  4. Si la cosa no fluye mucho, les parecemos aburridas o huevo sin sal, pero aún así quieren coger, no se nos abalancen encima. Se ve un poquito desesperado y los caballeros no se comportan de esa manera.
  5. Si por alguna razón nos incomodamos mientras nos meten la mano por debajo de la falda, no se ofendan. No siempre estamos dispuestas a que nos manoseen sin que lo queramos.
  6. A la hora de pagar: si quieren dividir la cuenta y ella no sabe sumar bien (sabemos cuánto nos cuesta), no usen la palabra “bruta”; es un poco fuerte, un poco niche. No se rebajen y tengan paciencia. Pero, si somos nosotras quienes ofrecemos picar la cuenta por la mitad, no se molesten. Puede que nos creamos de esas feministas o no entendamos lo exitosos que son; déjennos creer que tenemos el control.
  7. Si al culminar la cena nos proponen pasar la noche juntxs y decimos que no, hágannos caso. En verdad estamos diciendo que no. (Esto es bastante común, no se sorprendan. Las microondas sobran).
  8. Si van a celebrar San Valentín con su pareja/culito/mejor es nada, y ella no quiere salir, hacer algo romántico y/o vestirse como una vampira sexy, entiéndanla y respeten su decisión. A veces nos cansamos de ser tan provocadoras.
  9. Y, finalmente, lo más importante chicos: no nos violen. Si creen que las ganas van a sobrepasarlos llamen a su número de emergencia o avísennos para irnos y no terminar violadas o, bue… Muertas. Las cosas a veces se escapan de las manos y siempre es mejor prevenir que lamentar, ¿ok?

P.D: pidan postre si pueden pagarlo.

P.D.D: no usen condón.

P.D.D: ¡FELICES CITAS A TODOS Y TODAS!


Según una investigación mexicana, Venezuela es el primer país de Latinoamérica en celebrar el día de San Valentín (o de los enamorados, o del amor y la amistad… como quieran llamarlo) con un 89.7% de participación de la población. Pero también resulta que es uno de los días del año en los que la agresión, la violencia doméstica y las agresiones sexuales aumentan en países que más celebran esta fecha.

Es difícil dar con las estadísticas reales de las violaciones en nuestro país; logré revisar una publicación del 2007: los índices de denuncias por agresión sexual en el Cicpc indicaban que sólo llegaban 233 denuncias anuales a escala nacional, de las cuales sólo representaban el 10% real de la cantidad de violaciones. Lo que se traduce a que hay más de dos mil violaciones anuales (o, 6 casos diarios durante un año); que de 100.000 habitantes, 2.79 personas son violadas diariamente en Bolívar, y que hay 13 veces mayor chance de ser violada en Barinas que en Zulia, y a su vez, 3 veces mayor que ser violada en Distrito Capital.

Las cifras continúan subiendo: si bien las movilizaciones feministas y en pro de la protección de las vidas de las mujeres han aumentado (o se han hecho más mediáticas), y hemos avanzado enormemente en la visibilización y denuncia del maltrato, la violencia y los femicidios no han disminuido. En definitiva, la agresión sexual aumenta el día de San Valentín, y suele ocurrir por personas que la mujer conoce o acaba de conocer. Los mensajitos cuchis por Whatsapp, los “te quiero”/”te amo”, los regalitos y las cenas no son lo único que abunda: el maltrato también. Ese día la meta es “conseguir” a esa “persona especial”, de “buscarse al indicadx”, de “revivir el fuego”, y de coger (románticamente).

Sí, se supone que la celebración de esta fecha parte de un reconocimiento y oda al amor, al cariño a la amistad, al respeto; cosas que no pudiesen ser más ajenas a maltrato, agresión y violación. Pero es un constructo sumamente complejo, donde la presión por lograr el emparejamiento y la permisología impune del maltrato se exacerba: el sentido común que indica que si nos golpean es porque algo hicimos, o que si nos violan es porque los provocamos, continúa saliéndose con la suya y con nuestras vidas.

Después de un suceso de agresión, viene, inmediatamente, toda la habladera de mierda que indica que la jeva fue violada porque quién la manda a salir con gente que no conoce, quién la manda a ponerse una falda, quién la manda a llevarse a un tipo a su casa. Siempre, siempre, por putitas. Quién nos manda.

Entonces, ya saben muchachos: en este San Valentín 2017 súper riquiquito y romanticón, por fi, a pesar de nuestras provocaciones, no nos violen. Se los agradeceremos, literalmente, con nuestras vidas.

Ilustración: César Mosquera

Sahili Franco

Nació en Caracas, el 15 de marzo de 1990. Inició su carrera editorial en el Taller de Creación Editorial Agujero Negro, formando parte del equipo de editorxs, correctorxs y productorxs de contenido de esta revista, órgano divulgativo de la Escuela de Artes-UCV. Durante ese período, inició paralelamente y de forma autodidacta estudios sobre la imagen, la gráfica, la fotografía, el cine y el audiovisual. Su producción de contenidos apunta a la comunicación pertinente de historias de vida que hablan respecto a la soberanía de los cuerpos, la alimentaria, la des-mercantilización de la vida y a las contradicciones discursivas y estructurales que enfrentamos como pueblo oprimido, colonizado y en eterna resistencia al mismo tiempo que incluye la necesidad discursiva y coyuntural que nos tocará atacar al momento. Sus canales de participación son el impreso y el web, y sus formatos, video y texto en géneros como la crónica, pequeños cuentos y micros.

Actualmente produce contenidos desde sus pequeñas trincheras de lucha, y trabaja como productora audiovisual freelance.