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Cuándo hablar de sexualidad con nuestros hijos

Incomoda y a veces no se sabe cómo abordar los temas sobre sexo, salud sexual y reproductiva en casa. Temas que en algunos hogares llega hacer tabú. A muchos padres les incomoda hablar con sus hijos sobre sexualidad porque sienten que se relaciona con su propia intimidad. Para otros, hablar de esto les provoca mucha vergüenza, o no saben cómo empezar. Otros creen que con lo que les explican en la escuela alcanza y, por último, están los que consideran que a ellos nadie les explico nada del sexo y que tuvieron que aprenderlo todo solos. En todas estas posturas las familias están cediendo un espacio a los otros sin poder convenir la información a los valores, las creencias y las expectativas que cada familia tiene.

No existe el momento perfecto, ni hay que esperar una larga conversación sobre sexualidad. Los mejores consejos surgen cuando el tema es espontáneamente, y puede ser a partir de una pregunta, escena en una película, nota que se lee en un periódico, revista e internet o conversando sobre la nueva relación de pareja de alguno de sus amigos, cuando ya son adolescentes.

Es importante no forzarlos a hablar de sexo cuando no quieren o cuando aún no están preparados para esto. Hablar del tema con palabras muy académicas puede que resulte muy lejano a sus inquietudes. A veces es mejor, cuando se habla de propias experiencias, miedos, sin necesidad de hablar de la sexualidad de los padres ni contándoles cuestiones íntimas.

¿Cuál es el momento para empezar a hablarles de sexualidad?

Desde que nacen estamos hablando de sexualidad. De acuerdo a su momento evolutivo, y a las preguntas que el niño vaya generando, es la información que los padres les vamos a ir transmitiendo. Es importante tener en cuenta que los niños aprenden y se informan no solo de lo que les decimos, sino de lo que ven que hacemos. Escucharlos va a ser el mejor indicador para saber qué y cómo hablar con ellos.

A partir de que el niño tiene lenguaje, podemos comenzar a hablarle del reconocimiento de su cuerpo. A los 3 años vamos a hablar de sus genitales, darle el nombre correcto pene y vulva, que nadie se los tiene por qué tocar, que son una parte de su cuerpo que solamente le corresponde a él o ella. Se le puede hacer diferencias con otras partes del cuerpo, que las usamos muchas veces con otros, por ejemplo: los brazos para abrazar al otro. Los genitales no se comparten con nadie durante la infancia.

Entre los 7 a 10 años le podemos hablar del cuidado del propio cuerpo y de preservar su intimidad. Por ejemplo, cuando se termina de bañar no tiene que pasearse desnudo por la casa.

A los 11 años se empieza a anticipar cómo es el desarrollo y cambios del cuerpo. A los varones se les puede hablar sobre el crecimiento de los vellos, eyaculaciones nocturnas, erección. A las niñas, sobre la menarquia y qué significa la menstruación en la mujer: es mejor hablarles antes de que llegue el momento, porque las prepara para vivirlo de una manera lo más natural posible, sin por esto restarle la importancia que la situación conlleva.

Entrando los 13, tanto en hembras como en varones, se empieza a hablar del encuentro sexual con el otro, se busca favorecer espacios de diálogo donde se escucha al otro, y no meros espacios de información. Se da información de los métodos anticonceptivos y su importancia, las infecciones de transmisión sexual, y la necesidad de uso de preservativo.

Siempre tener presente hablar, escuchar y respetar, son verbos que se necesitan para generar un diálogo en el que participan ambas partes. Darles un sermón a los hijos no suele ser lo más recomendable y mucho menos amenazarlos con castigos si tienen relaciones antes de tiempo o con quien uno no quiere. Esto solo romperá la confianza, condimento indispensable en esta etapa.

No se debe olvidar respetar sus opiniones y decisiones. Debemos estar preparados para escuchar lo que nuestros hijos nos quieren decir. Esto no implica como padres estar de acuerdo en todo lo que los hijos elijan o hagan. Incluso, se puede estar en total desacuerdo pero, se debe decírselo siempre con respeto y sin desvalorizar sus propias elecciones.

Nunca debemos evadir ninguna pregunta los niños aprenden de lo que se dice y de lo que no se dice. El silencio es la peor de las opciones.

Orientadora en sexología