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Mensajes a punta de golpes

Por: Randolph Borges

“Eso es falta e´ palo” – dicen sobre los niños de conducta irregular. “Dos buenas nalgadas y se acabó”, “Bastantes palizas me dieron y no estoy traumatizado”; esas son frases comúnmente aceptadas que banalizan y justifican el maltrato físico infantil por parte de los adultos, en la mayoría de los casos, son los propios padres quienes infringen el castigo.

Mientras en nuestra cultura aún se acepta el pellizco, la nalgada, el coscorrón, el correazo y la bofetada como métodos de disciplina, 113 países han prohibido el maltrato físico en las escuelas y unos 29 han declarado ilegal pegarle a un niño. Por si no lo sabías, Venezuela forma parte de ambos grupos de países y no conforme con ello, tiene una ley (LOPNA) que vela por los derechos de niñas, niños y adolescentes.

En el complejo proceso de crianza de los niños, ingenuamente se deja correr la opinión de que “un golpe a tiempo evita males mayores”, y justamente quienes son de esa opinión resultaron maltratados y pueden ser maltratadores. Los niños tienen en sus padres y madres un modelo a seguir, y si ese modelo sólo sabe resolver conflictos a golpes, es justamente ese el mensaje que les estamos enviando a nuestros niños. Con esa conducta sembramos la violencia en los primeros años de crianza y corregirla no es tan sencillo.

Adicionalmente, cada golpe que les damos a nuestros hijos nos aleja de ellos. ¿Es que acaso no vemos la mirada llena de rencor en esos ojitos pequeños tras una paliza? El maltrato físico que los padres propinan a los chamos envía otro mensaje confuso: ¿será que puedo amar a quien me lastima?

Otro mensaje que grabamos en la vida de los chamines con cada pela, es aquel de: “es bueno abusar del más débil”. Ni ser más alto es ser más grande, ni ser más fuerte es ser más sabio. El maltrato físico infantil deja huellas imborrables en los infantes, entre ellas queda explícitamente grabado que es normal que un grande abuse de un pequeño. Si queremos que nuestros hijos lleguen a ser hombres y mujeres de bien, enseñémosle el valor de la compasión y no el de abuso de poder.

Existen muchos otros mensajes terribles que enviamos a nuestros hijos con cada tunda, como el de convertirlos en seres violentos o sumisos, abusadores o abusados, iracundos o inseguros. Estas conductas extremas son resultado de traumas en la crianza, que en muchos casos definen la personalidad permanente del individuo.

Ármate de paciencia, respira profundo, cuenta hasta diez. Las técnicas de relajación antes de pegarle a tu hijo te las puedes inventar tú mismo, pero sobre todo piensa en el amor infinito que le debes a ese ser pequeñito e indefenso. Mírate a ti mismo a su edad y piensa como niño, porque después de todo un niño malcriado es justamente eso: un niño “mal-criado”.