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Los terribles cólicos

Por: Morella Martínez

Durante los primeros meses de vida, algunos bebés presentan episodios cíclicos de llanto muy agudo que son interpretados como cólicos. Su aparición es repentina y se caracterizan, además del llanto, porque el bebé está muy intranquilo, irritable, y suele arrugar la carita y flexionar las piernas sobre su abdomen como si tuviera dolor. Es casi imposible saber realmente qué está pasando en esos momentos, pero hasta ahora se había interpretado como dolor abdominal que se presenta con oscilaciones de intensidad, de allí su nombre. Puede durar de unos minutos hasta horas y es muy angustiante y frustrante para los padres porque hay muy poco qué hacer.

Los padres de bebés que los padecen, recuerdan estos episodios como lo peor de los primeros meses de vida, y pueden llegar a ser tan desesperantes que son motivo de consulta muy frecuente en emergencia y en el control pediátrico, inclusive además de repercutir en la paz y equilibrio familiar, trae como consecuencia muchas veces medicaciones innecesarias desde temprana edad, ya que las crisis se adjudican a dolor, gases, mala digestión, intolerancia a la lactosa, problemas neurológicos, dieta materna e incluso casos de resolución quirúrgica si el médico que los enfrenta no se informa bien sobre las características individuales de cada caso. Se requiere experiencia para realizar adecuadamente los diagnósticos diferenciales necesarios y buscar la solución o por lo menos orientar en el manejo de este problema.

Para hacer el diagnóstico, los episodios deben presentarse por lo menos durante 3 horas al día, 3 días a la semana en los primeros 3 meses, aunque suelen iniciar en la segunda o tercera semana de vida.

Se ha observado cierta predisposición para sufrir de estos episodios, en bebés cuyos hermanos y/o hermanas han presentado dicho cuadro; igualmente es mucho más frecuente en bebés que no reciben lactancia materna.  La teoría actual más aceptada para explicar los cólicos es que no se trata de un dolor físico en sí, sino de un momento de “ansiedad” o angustia del bebé debido a su inmadurez neurológica y emocional, ya que llama la atención que la mayoría de los episodios son en la noche o al final de la tarde (alrededor de las  6 pm) cuando ya el niño está “cansado” de las actividades del día (la llamada “Hora Loca”).

Durante estos episodios el mejor calmante es todo lo que le brinde la seguridad y confort que el bebé tenía en el vientre materno. La voz de mamá, el contacto piel con piel, la música, los movimientos rítmicos como mecerlo, acunarlo y abrazarlo, acercarlo al pecho, masajes en el abdomen con alguna crema suave en el sentido de las agujas del reloj, un baño con agua tibia, sonidos repetitivos como por ejemplo la lavadora, un ventilador, la lluvia, una corriente de agua, etc, logran calmar o disminuir la duración y frecuencia de la mayoría de las crisis. Lo importante es no desesperarse, porque la angustia de los padres empeora las sensaciones desagradables del bebé; hay que intentar tranquilizarlo, vigilar las técnicas de alimentación y en caso de no lograr alivio consultar de inmediato a su pediatra, ya que hay problemas de salud que pueden provocar crisis de llanto.

Es útil llevar un “diario” de las características de los episodios donde se incluya hora, frecuencia semanal, duración, manifestaciones y si se observa qué cosas lo empeoran o mejoran. Luego de los 5 a 6 meses, tal como aparecieron, las crisis se van y aunque hay niños que tienen horas de intensidad con conductas que suelen ser rítmicas en el tiempo, ya se asocian con causas específicas como sueño, calor, hambre, deseos de cambiar de actividad u otros motivos ya identificables que para los padres y pediatras son más fáciles de solucionar.

Dra. Olga Morella Martínez de Herrera
Pediatra y Puericultora UCV
Consejera de Lactancia Materna
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