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Quemar al Samán en el Amazonas

No tengo referencias ciertas de que ese paraguas natural que abunda en nuestros llanos, en el estado Aragua, en la mismísima capital de la República, pero también en muchas otras zonas tropicales de Nuestramérica, conocido como el Samán (Samanea, Pithecellobium saman) esté entre los árboles incinerados por las manos que obedecen órdenes a los amos del mundo o a las voces supremacistas, que desde la Casa Blanca, planifican y ejecutan terrorismo y genocidio en nombre de la libertad (una estatua en el centro de Nueva York) y de la democracia (un viciado comicio tetraanual realizado desde la élite de los llamados “colegios electorales”).

No tengo referencias, repito, pero sí la seguridad de que al incendiar nuestra Amazonia se buscaba quemar al Samán y con ello a toda la simbología que encierra ese árbol que dio cobijo a Bolívar y sirvió de asiento a Chávez en el histórico juramento fundacional del Movimiento Bolivariano 200 (Bicentenario).

Muchísimos intelectuales de pensamiento crítico, orgánico al proletariado, han opinado por el mundo en torno a una evidencia que está presente en el acto genocida de quemar al pulmón del planeta, al mayor reservorio de agua del mismo y al espacio más vital de biodiversidad en el presente y para el futuro: el capitalismo es, en esencia, la expresión más acabada de la anticultura o de la cultura para la muerte.

Pero yo quiero centrarme en otro hecho, igualmente objetivo, que está presente en el plan diseñado por el Pentágono y ejecutado por el fascista Jair Bolsonaro como gobernante fascista en el país más grande territorialmente, vecino a la Amazonia. Es el hecho de que los amos del mundo tengan interés político por frenar, quemar, incinerar, los procesos anticapitalistas, antiimperialistas y revolucionarios que han seguido el ejemplo del bolivarianismo y del liderazgo de Chávez como mentor y propulsor de la Revolución inspirada en lo que el propio Comandante denominara “el árbol de las tres raíces”. Por cierto… otro árbol, un árbol muy importante en la biodiversidad vital para la Patria socialista.

Es verdad que al quemar al pulmón del Planeta se acorta abruptamente nuestro respirar y, por tanto, la vida. Es verdad que se asesina, con el mismo estilo de los terroristas que actuaron en Venezuela en 2017, con “protestas” y “guarimbas” en las que se quemaba viva a la gente que “parecía” o vestía como chavista. Es verdad que los reservorios acuíferos se disminuyen o se secan. Es verdad que la esperanza ancestral y paradisíaca del Planeta se difumina, desaparece. Pero, además -en lo inmediato- en el acto criminal de ese fuego forestal prolongado durante casi un mes ante la indiferencia capitalista, abriendo terreno para que “fertilicen” nuevas bases militares gringas o para que “florezcan”, en él, granos o semillas transgénicas buenas para multiplicar capital mientras se acorta o elimina la vida.

Quemar al Samán plantado en el Amazonas, para Venezuela, para Nuestramérica, para el Planeta, es el angustioso desespero capitalista por seguir dominando, por intentar perpetuarse con su anticultura destructiva. El Samán, árbol simbólico que junta a Bolívar, a Chávez y a nuestras posibilidades ciertas de Independencia definitiva, es temido por todo cuanto significa. Contra él todo decreto supremacista que lo califica de “amenaza inusual y extraordinaria” o que lo somete a cerco y aniquilamiento genocida, mediante bloqueo, porque lo que pretenden obtener de inmediato es acabar con la Revolución Bolivariana y Chavista.

Quemar al Samán en el Amazonas no es asunto de ficción. No estamos ante una fantasía, sino ante el paso que precede el exterminio capitalista de la vida.

Ilustración: Iván Lira / Vía Correo del Orinoco