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La fiesta del Indio

“El que sabe, sabe”

                                                                                                                      Tego Calderón.

Aunque la realidad que se nos restriega a diario como la torta en la cara, es que somos un país que va de retro, espichado por la Av. Libertador a medianoche, escapando de las cifras y del luminol que salpican el mapa, sin repuesto porque se lo robaron, sin comida y sin libertades democráticas, al borde de una “crisis humanitaria” en la transición de la guerra económica a la guerra total, terminamos entrampados en un escenario de verdades desgastadas a medias por la reducción al absurdo de los discursos de poder, condenados por nuestras propias fuerzas telúricas y siderúrgicas al rebote azaroso de la historia, atrapados dentro de una gelatina, desafiando sobre todo, la física de las interpretaciones.

Por otro lado, siempre aparecen – y menos mal – los condenados a ser libres, por designio del existencialismo, que no son otros, sino los que vieron en la crisis las oportunidades para proyectarla y pegarla del techo: porque por más que lluevan limones,  aprendieron fue hacer cerveza.

Esa tarde, llegué preguntando por el presidente vitalicio del club del ron, el periodista y escritor Humberto Márquez, quería oírle hablar sobre el premio nacional de crónica urbana que me habían otorgado hace unas semanas, El Indio y La India lucían embotellados en el Twerk del Dance Hall dentro de un tobo de hielo, con una gama de matices que se condensaban en la esencia de sus sabores para subirle el nivel a la rumba del fin de semana.

(Si pudiera ponerle nombre a una nueva variación de la cerveza negra, le llamaría Blackout)

– Así que relájese y no se la tome como una Ice, que no estoy hablando de los bachaqueros. El conspiranoico 2.0 que está en todas partes, aún no ha terminado y viene en sustitución del borracho con síndrome socrático, super ladilla, provocador y aguafiesta, que se queda mal pegado en lo trascendental de sus argumentos –

La luna se puso ámbar para los gatos pardos cerca de las nueve, sin embargo tuve que irme cuando apenas empezaban a soltarse los caballos. La voz que dieron por muerta, (Lavoe) sonaba en vinilo desde las páilas de Afrorraiz Selecta. Nadie extrañó el tercio polar, sólo Humberto. El marketing empresarial ávido de poder político en un país donde la gente sufre baja de Cocacola tenian el juego trancado, sin embargo y para no perder la costumbre, brindamos y brindaremos, porque aunque la vida te maltrata, no te pega.

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