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¿Tienes fe en la cultura del crucificado?

El tema de la fe, muchas veces, no tiene fuente en una opción individual de espiritualidad. La espiritualidad de los individuos está condicionada por el ser social y éste la determina.

Digo “muchas veces”, en vez de siempre, para no colocarme en una posición teóricamente determinista. Aunque, desde la perspectiva marxista que suscribo, estoy convencido de que el ser social determina la conciencia social. Pero, regresemos a la pregunta del título de esta nota de opinión por la que establezco mi Diálogo en la acera: ¿Tienes fe en la cultura del crucificado?

La pregunta la formulo en plena semana santa, justo en un momento cuando los cristianos -especialmente los católicos dentro de ese amplio espectro de “seguidores” del Nazareno- conmemoran “la pasión y muerte” de Jesús el Cristo. Nunca he escuchado decir, de manera oficial, “pasión, muerte y resurrección”, aunque el último de los días del martirologio crístico se conozca comúnmente como “Domingo de resurrección”.

Es decir, a lo que quiero referirme, para sustentar mi argumento en este Diálogo, es que las y los cristianos, llevan siglos fundamentando su cultura y su fe, en un muerto, en un torturado y defenestrado en la más cruel de las muertes, que se reservaba para los perseguidos políticos de comienzos de esta era, posterior al liderazgo en vida de ese maravilloso ser humano conocido como Jesús el Nazareno (por su ciudad de origen).

La cristiandad (¿quién sabe por qué extraña razón?) no centra su cultura y fe en el “vivir viviendo” que, 21 siglos después, invoca Hugo Chávez en medio de una nueva fe cristiana y bolivariana, sobre la cual fundamenta su accionar revolucionario para la construcción del cielo… es decir, del socialismo del siglo XXI. Aquella, convertida en religión -más que en militancia de la esperanza, como lo fue la de sus seguidores que pasaron a la clandestinidad y, sin rendirse, para reorganizarse en medio de las catacumbas- desarrolla una cultura en torno al sufrimiento, al castigo, la culpa y la muerte. Es la cultura del dolor, de la crucifixión y no de la liberación y la vida, del resucitado.

La cultura concebida en torno a la tortura y la muerte de su líder, Jesús el Nazareno, es una cultura de la desesperanza, del acabose, de lo finito. La cultura concebida en torno a la resurrección es una cultura de lo vital, de lo trascendente, de lo irreductible, de lo revolucionario en sí mismo.

La cultura conformada en torno a la muerte y la derrota es la cultura de los rendidos, de los desesperanzados, de quienes traicionan y se regresan al dominio imperial Romano, pero más tarde del capital y de su expresión política en el imperio estadounidense y sionista.

Entre tanto, la cultura que se conforma en torno a la vida es la cultura de la victoria, del amor, de la igualdad y la justicia. Es la cultura del resucitado y no del crucificado. ¿Tienes fe en la cultura reaccionaria y contrarrevolucionaria del crucificado o tienes fe en la cultura revolucionaria del resucitado? Es hora de meditar en este Diálogo en la acera.

Ilustración: Xulio Formoso