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11 de Septiembre: Cronología de una década en llamas

Por: Emanuel Mosquera

Hablar de terrorismo no es un tema tan nuevo como solemos creer, a pesar de que se ha utilizado desde los primeros tiempos de la historia, aún puede ser relativamente difícil definir el terrorismo. El terrorismo ha sido descrito como tanto una táctica y estrategia; un crimen y un deber sagrado; una reacción justificada a la opresión y una abominación imperdonable. Obviamente, mucho depende de quienes están siendo representados en los grupos terroristas y cuáles son los planteamientos que sostienen su lucha.

El terrorismo ha sido a menudo una táctica eficaz para la parte más débil en un conflicto. Como una forma asimétrica del conflicto, confiere poder coercitivo con muchas de las ventajas de la fuerza militar, a una fracción del costo de la estructura Estatal. En algunos casos, el terrorismo ha sido un medio para la realización de un conflicto sin adversario al darse cuenta de la naturaleza de la amenaza, confundiendo el terrorismo con la actividad criminal. Debido a estas características, el terrorismo se ha vuelto cada vez más común entre las personas que persiguen objetivos extremos en todo el mundo.

Pero a pesar de su popularidad, el terrorismo puede ser un concepto nebuloso. Incluso dentro del Gobierno EE.UU., quienes, a raíz de los atentados del 11 de septiembre de 2001, se han planteado como el principal agente en la búsqueda de una suerte de cruzada mundial contra el terrorismo. No obstante, los organismos responsables de diferentes funciones en la actual lucha contra el terrorismo y el extremismo utilizan diferentes definiciones y no parecieran estar muy convencidos de la posición fijada por el gobierno norteamericano.

Cronología de una década en llamas

Tras los atentados perpetrados contra el World Trade Center en Nueva York, el siglo XXI amaneció con el fusil en la mano. Se abría una época oscura para la humanidad impregnada de un aroma belicoso alimentado por la intorelancia, la xenofobia y la conquista de los intereses personales por parte de los grandes hegemones internacionales. El terrorismo ahora tomaba una dimensión geopolítica, financiera, y social, que cubría las expectativas de seguridad integral que planteaba el Departamento de Defensa de los Estados Unidos “el terrorismo es una acción premeditada que utiliza la violencia por motivos políticos y es perpetrada contra objetivos no combatientes por grupos subnacionales o agentes clandestinos, generalmente con la intención de influir en una audiencia”.

Como una representación aproximada de la amenaza global del terrorismo; 15 años después de los ataques del 11 de septiembre, 15 años después de que George W. Bush declaró que su “guerra contra el terrorismo no terminaría hasta que se hayan encontrado todos los grupos terroristas de alcance global, sean detenidos, y derrotados” los resultados son muy desalentadores. Como lo señalan diversos activistas por la paz, como Thierry Meyssan, la guerra; sugieren, sólo ha traído más terror.

Aquella fatídica mañana de septiembre de 2001, 19 miembros de Al Qaida llevaron a cabo el mayor ataque terrorista de la historia al estrellar 3 aviones en Nueva York, Washington y Pensilvania. El saldo final arrojó más de 3.000 personas fallecidas y 9.000 heridas. El año 2002 no fue la excepción, en octubre 202 personas, morían al estallar simultáneamente dos coches-bomba en una zona de discotecas en Kuta, en Bali. Tan sólo once días después de este hecho, en Dubrovka, Moscú, un grupo de yihadistas chechenos asesinaban a 129 personas en medio de un atentado a las instalaciones de un teatro.

En marzo de 2003 Estados Unidos declaraba la guerra a Irak; tan sólo dos años después de haber invadido Afganistán. El Medio Oriente ardía en llamas y el año 2004 no sería la excepción, en marzo de ese año un múltiple atentado contra la comunidad chíi en Irak dejó un saldo de 171 muertos, 106 en el santuario de Hussein en Kerbala y 65 en Bagdad, mientras conmemoraban el día de Ashura. En Europa, diez explosiones en cadena causan 191 muertos y 2.062 heridos en cuatro trenes de cercanías en Madrid. El presidente José María Aznar intentó responsabilizar al grupo separatista vasco ETA (Euskadi Ta Askatasuna), aun cuando las pruebas involucraban claramente a miembros del grupo islámico Al-Qaeda.

Al finalizar el año, el 1 de septiembre de 2004, una treintena de terroristas, vinculados al guerrillero checheno Shamil Basáyev, tomaron como rehenes a más de mil personas, en una escuela de Beslán, en Osetia del Norte (Rusia). Murieron 331 personas, de ellos 186 niños.

En 2005 moría en un atentado el ex primer ministro libanés Rafic Hariri, se registraban cuatro explosiones en el metro de Londres, dejando 56 muertos y 700 heridos. En el balneario egipcio de Sharm el Sheij, Sinaí, 64 personas perdían la vida mientras que tres terroristas suicidas causaban sesenta muertos en tres hoteles en Amán, Jordania.

Para cerrar una década de sangre y miedo, en 2006 siete explosiones causaban 185 muertos en trenes suburbanos en Bombay, India. En 2007 cuatro camiones bomba estallaban en Nínive, Irak, pereciendo 250 personas en el acto. Otro atentado similar al caso libanés dejaba un saldo de 130 personas fallecidas cuando la comitiva de la exprimera ministra Benazir Bhutto en Karachi regresaba a Pakistán, posteriormente sería víctima de un atentado en Rawalpindi, que acabaría con su vida y además dejaba 54 muertos entre seguidores que habían acudido a su mitin. En Bombay, India, el año 2008 dejaba 166 muertos en diez puntos simultáneos producto de diversos atentados terroristas.

Llegó el momento de darnos una oportunidad por la paz

Axis for peace (Eje por la Paz) es una iniciativa del periodista francés Thierry Meyssan que busca construir un movimiento intelectual, laico y contrario a los movimientos neoconservadores e imperialistas. Su acucioso análisis sobre los sucesos que se han venido gestando en el Medio Oriente le permite disponer de una amplia comprensión de los hechos acaecidos y venideros.

La segunda década del siglo XXI no pareciera ser más alentadora que su predecesora, pero sirve como contraejemplo sobre aquello que el mundo demanda incansablemente: la solución a los conflictos bélicos de carácter internacional.  En 2011 un doble atentado perpetrado por el ultraderechista Anders Behring Breivik, dejaría en Noruega 77 muertos, hecho que quedó registrado como mayor masacre en la historia del país hasta ahora. En septiembre de 2013, 72 personas perdían la vida tras asaltar la milicia radical somalí Al Shabab el centro comercial Westgate de Nairobi, en Kenia. Finalmente, en 2014, un grupo talibán abría fuego contra una escuela en Peshawar (Pakistán) y morirían 126 personas. Este año coincide con la fundación de la organización conocida como “El Estado Islámico”, “ISIS” o “Daésh” quien proclamaba un califato desde la ciudad iraquí de Mosul y solicitaba el apoyo de toda la comunidad musulmana a nivel internacional.

A partir de ese entonces, los titulares de noticias de los principales periódicos del mundo se han visto abarrotados de decenas de noticias sobre las víctimas del terrorismo. Llueven decenas de informes de distintos organismos internacionales, como es el caso de las Naciones Unidas, haciendo un llamado al levantamiento de las posturas adversas y al cese de la hostilidad entre los países en el Medio Oriente. Sólo en 2015, se registraron ataques terroristas en casi 100 países, de acuerdo con la Global Terrorism Database de la Universidad de Maryland, cifras que el Instituto para la Economía y la Paz utiliza para sus análisis.

Ante este panorama cada vez más turbio, las formaciones terroristas han colocado el foco de sus miras en objetivos en el extranjero, principalmente en Europa y Estados Unidos ya que han registrado fuertes pérdidas de territorio en Irak y Siria. Así lo manifiesta Daniel Byman, experto en terrorismo de la Universidad de Georgetown quien alega que, en varios países de Oriente Medio, la gente tiene buenas razones para sentirse gravemente amenazada por el terrorismo. Sin embargo, en otras partes del mundo, según Byman, cada vez es más la gente que está prestando mayor atención a la amenaza terrorista de lo que solían hacerlo en el pasado “Estamos etiquetando como “terrorismo” aquellas cosas que antes habríamos visto en el contexto de las guerras civiles”, argumentó Byman. “Erramos en la comprensión básica de la cuestión más importante, que es: Después de la lucha contra el terrorismo ¿Acaso las cosas no están cada vez peor?”.

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