Así no sea atómica, ni mundial, guerra es guerra

Ataque terrorista en Francia, golpe de Estado en Turquía, conflicto de alta intensidad en Siria, el Estado Islámico se atribuye atentados en Europa y Estados Unidos, país que por su parte realiza un despliegue de sistema antimisiles en Corea del Sur, en este contexto, medios y usuarios en Twitter alertan sobre una Tercera Guerra Mundial, al igual que el Papa Francisco durante su reciente visita a Polonia y este sábado 6 de agosto se recuerdan los 71 años del bombardeo atómico de Hiroshima, en Japón. La oportunidad es para hacerse la pregunta: ¿Es éste el escenario para una Tercera Guerra Mundial?

Aunque la opinión global haga sus advertencias, hay condiciones que indican la poca factibilidad de una Tercera Guerra Mundial «a la antigua» con el empleo de armas nucleares. Dos internacionalistas nos explican cuáles son las modalidades y características de los conflictos actuales, además, coinciden en que no sería posible en estos momentos una guerra con la magnitud de las Guerras Mundiales aunque haya condiciones similares, sin embargo, tampoco es seguro un tiempo de paz.

Se reanima la Guerra fría

Las dos llamadas guerras mundiales, cuyo foco real fue Europa, han tenido como causas la correlación de fuerzas de las potencias sobre otros territorios de lo que ha resultado el cambio del mapa mundial tanto en 1918 como en 1945.

Primero fue la Gran Guerra, que puso fin a los imperios Alemán, Austro-Húngaro, Otomano, Ruso y repartió los territorios de Oriente próximo entre Francia y Gran Bretaña; luego la Segunda Guerra Mundial dividió al mundo en dos polos de poder, fundamentados en los principios ideológicos capitalista y comunista, produjo la ocupación judía en Palestina, segmentó en dos partes a Alemania e inició la descolonización de Asia y África.

El telón de fondo de la Guerra Fría, que se supone concluyó en 1989 con la caída del bloque soviético, han sido varios conflictos que se extienden hasta elsiglo XXI, con la Primavera Árabe y la crisis en Siria, donde ahora nuevamente se encuentran, como némesis necesarios, los atávicos polos de poder de la segunda mitad del siglo pasado: Rusia y Estados Unidos.

Con la concesión aparente de luchar contra el terrorismo en el tablero de ajedrez geopolítico, juegan por sus intereses la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), con una Arabia Saudita que busca reducir la influencia de Irán y la movilización de tropas en zonas fronterizas con Rusia. Éste país sostiene tensiones con una Turquía enfrentada a los kurdos y al mismo tiempo en la región todos combaten al Estado Islámico. La pugna por el control de la influencia territorial permanece con la razonable la presunción de un conflicto a gran escala o guerra total.

El objetivo continúa siendo el territorio

En entrevista para Desde La Plaza el internacionalista y profesor universitario Luis Quintana, refiere que desde 1945 se han presentado distintos conflictos colaterales al enfrentamiento entre las potencias en una guerra fría que aún se manifiesta, no en las diferencias ideológicas, sino en “quiénes controlan determinados centros geopolíticos del mundo, como parte de un dominio, no solo cultural e ideológico, sino económico y territorial”.

“Las guerras de ahora siguen siendo por controles de territorio, porque son garantía del desarrollo económico favorable para determinadas potencias”, menciona y como ejemplo cita a Siria y Ucrania, espacios determinantes en la geopolítica de la Unión Europea, EEUU y Rusia. Entre 2014 y 2016, Washington ha suministrado a las Fuerzas Armadas Ucranianas insumos bélicos por más de 117,5 millones de dólares, señala la revista digital Apostrophe.

Quintana indica que actualmente los actores de estos conflictos son distintos, puesto que en el pasado eran los gobiernos o Estados-Nación y ahora “son entre grupos armados ilegales, que tienen orígenes diversos, religiosos, financiados y organizados por las potencias occidentales”, como Al Qaeda o ISIS, que multiplican las formas de confrontación, como el atentado perpetrado por Mohammed Lahouaiej Bohuel el 14 de julio en Niza, Francia, quien asesinó a 84 personas e hirió a otros 202 al arrollarlas con un camión durante la celebración de la Toma de la Bastilla.

La guerra es no convencional

Señala el profesor de geopolítica en la Academia Militar Bolivariana del Ejército que este tiempo es caracterizado por conflictos de baja intensidad, no convencionales, con distintos métodos y en varios polos geográficos, como las confrontaciones civiles en Ucrania, Asia, África, el paramilitarismo y narcotráfico en América Latina, que obligan a ver la guerra desde otra perspectiva, que incluye el ámbito global, mediático, de cuarta generación.

Quintana considera que actualmente las potencias no se plantean el empleo de armas nucleares, aunque su proliferación aún no se ha detenido por su carácter disuasivo. “Creo que las grandes potencias tienen un altísimo desarrollo tecnológico como para lanzar una bomba atómica para resolver un conflicto, creo que esos no son los métodos del siglo XXI”, sostiene y recuerda que permanece el riesgo de otros tipos de armas masivas, como las químicas y biológicas.

No son casuales las declaraciones que este 2 de agosto ofreciera el viceministro ruso de Defensa, Yuri Borísov, al conmemorara el 70 aniversario del Centro Sarov, que desarrolló las municiones nucleares para la Unión Soviética que “garantizan la paridad y la paz en el planeta», informó el portal de noticias Sputnik, que refiere este hecho como la liquidación del monopolio de armas nucleares por parte de EEUU.

Mientras tanto, las movilizaciones de la alianza atlántica en las fronteras de Europa del este con Rusia continúan y el ex agente de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) Steven Kelley, sostiene que se busca un conflicto abierto en la región.

“Seguimos lamentando la política de expansión de la OTAN hacia nuestras fronteras, lo que es objeto de preocupación en Moscú y causará acciones predecibles, consistentes y sistemáticas de Moscú para asegurar sus propios intereses y garantizar su seguridad en este contexto», declaró en mayo pasado a los medios el portavoz de Moscú, Dimitri Peskov.

Estados Unidos perdería en una guerra atómica

Por su parte, en declaraciones a Desde La Plaza, Ernesto Wong, internacionalista y profesor de la Universidad Central de Venezuela, sostiene que el avance de potencias emergentes como la alianza entre China y Rusia, junto a Irán, Pakistán y la India, que tienen la bomba atómica, han disuadido a EEUU de llevar a cabo una acción parecida a la de agosto de 1945 contra Japón, en la Segunda Guerra Mundial.

“La potencialidad que ha desarrollado el bloque de Rusia y China va a mantener sin posibilidad de una guerra nuclear por parte de Estados Unidos, que sí va a provocar escaramuzas para ir conquistando espacios, porque su política es expansiva”, advierte el profesor de la Escuela de Estudios Internacionales.

El portal digital nationalinterest.org publicó una información donde indica que EEUU presenta deficiencias en su complejo militar industrial, el cual no presenta ventajas en la fabricación de armas y dispositivos bélicos a gran escala como ocurrió en la Segunda Guerra Mundial. Actualmente, el país del norte cuenta con 6.970 cabezas nucleares, mientras que Rusia le supera con 7.000, señala el portal icanw.org.

Al estar excluida la posibilidad de utilizar la fuerza, Washington continuará empleando la guerra no convencional, operaciones mediáticas para debilitar a gobiernos populares y a la vez “ser un chantajista de la guerra nuclear, que no puede usar y que otros tampoco pueden usar en su contra; y con su política expansiva, seguir avanzando y conquistando territorios en el mundo”, dice Wong.

En febrero pasado, Yevséi Vasiliev, jefe del Centro de análisis de procesos internacionales ruso, denunció que el país norteamericano tiene previsto para Oriente Medio crear países pequeños, con gobiernos títeres que les permitan la extracción de petróleo a precios económicos.

Se mantienen las periferias como zonas de influencia

Wong explica que nuevamente en estos conflictos son aplicadas las áreas de influencia, como ocurrió en la Guerra fría, con la diferencia de que son los pueblos soberanos los que piden el apoyo, como lo hicieron Egipto y Pakistán a Rusia y China, respectivamente, mientras EEUU busca fortalecer otras posiciones como en Libia, al norte de África.

A la vez, refuerza su presencia con bases militares alrededor de estos países, como en la frontera de Europa del este con Rusia y el mar del sur de China, al tiempo que Corea del Norte se ha preparado ante una eventual ofensiva en su contra “lo que la propaganda mediática hace presentar esto como una provocación, pero en realidad es una acción defensiva de Corea”, sostiene Wong.

En este contexto, América Latina posee un estatus favorable a la paz, aunque el imperialismo está incentivando el enfrentamiento entre países de la región, sin embargo, “los pueblos están constituyendo una barrera muy fuerte contra esos intentos”.

Sostiene, que en caso de ocurrir una guerra, tomando en cuenta que algunos países latinoamericanos tienen como aliados a Rusia y China, se asumiría una posición distante, ofreciendo apoyo con materias primas a países de Medio Oriente y Asia.

De presentarse eventos locales relacionados con una conflagración mundial, no les convendrían a EEUU, porque “los pueblos aprovecharían para destronar a gobiernos pro-imperialistas, porque quedarían muy desenmascarados”, sostiene el internacionalista.

DesdeLaPlaza.com/Pedro Ibáñez