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El suministro de agua

Con motivo de la crisis en el suministro de agua que viene sufriendo la población del país, se han estado emitiendo opiniones variadas, algunas de las cuales tienden a responsabilizar a las autoridades nacionales, por no haber tomado las necesarias previsiones, lo cual busca generar desaliento y frustración ante la supuesta ineficiencia del Gobierno Nacional, más que orientar a la opinión pública en base a argumentaciones serias, quien suscribe estas líneas intenta plantear la situación sobre bases técnicas objetivas, para inducir una actitud más acorde con las circunstancias que estamos viviendo. Estos planteamientos se fundamentan, en parte, en la experiencia profesional vivida como miembro del personal técnico de la desaparecida Dirección General de Recursos Hidráulicos del igualmente desaparecido Ministerio de Obras Públicas.

Algunas opiniones que se oyen se refieren a que el Gobierno no previó la construcción de los embalses necesarios para enfrentar la situación actual, respecto a lo cual es necesario puntualizar los siguientes aspectos:

1º.- La toma de decisión sobre la construcción de ese tipo de obra es responsabilidad del alto gobierno y la suele anunciar el propio Presidente de la República, pero la realidad es que, detrás de la misma está un equipo complejo de profesionales de la ingeniería que han sido los responsables de los análisis y estudios, desde la etapa más preliminar, es decir, desde el ante-proyecto, hasta la conceptualización del proyecto y ese equipo siempre queda en el anonimato.

Dentro del mismo se debe destacar, en primer lugar, la participación de los especialistas en hidrometeorología, quienes son los primeros en identificar la posible cuenca donde se podría construir el embalse y los posibles sitios donde se podría desarrollar el proyecto. Pero es importante destacar que la meteorología, con todos los avances tecnológicos con que se cuenta en la actualidad, no puede adelantarse a realizar predicciones sobre las condiciones climáticas precisas de una región o un país, con diez o veinte años de anticipación. Cuando se acusa al gobierno de no haber previsto la situación actual se está precisamente en el caso de esta imposibilidad técnica, además de que la rigurosidad matemática dentro de la cual se mueve el ingeniero especialista en cálculos estructurales, está totalmente ausente en el caso de la meteorología.

2º.- La construcción de un embalse, si no tiene contratiempos, puede tardarse entre 10 y 15 años, pues se trata de una obra compleja y si surgen problemas inesperados, puede tardarse mucho más.

Los ejemplos más aleccionadores son los del Guri, cuya construcción duró cerca de 25 años y el de Yacambú, que a casi 40 años de haberse iniciado, aun no está en servicio. Si en el primer quinquenio de la administración del gobierno bolivariano se hubiesen realizado todos los estudios para el desarrollo de los proyectos, con el acelerador al máximo podríamos estar en la fase final de alguna de dichas obras, más no en su operatividad.

3º.- Todos los embalses construidos en el planeta son vulnerables a los efectos climáticos y sus variaciones, de manera que lo que está sucediendo con Guri y el resto de embalses del país, no es la excepción ni el producto del mal manejo de las obras, ya que en años anteriores se han vivido situaciones similares a la ac-tual, solo que ésta parece ser más fuerte.

4º.- Cuando el autor de estas líneas fue funcionario de la D.G.R.H. del M.O.P., siendo Presidente de la República el Sr. Carlos Andrés Pérez, las obras de embalse que se proyectaban desarrollar para solucionar el abastecimiento de Caracas para el año 90 eran tres, a saber, Taguaza, Taguacita y Cuira, y me correspondió hacer reconocimientos de campo preliminares para tratar de definir el posible sitio de presa en este último río. Pues de esas tres “soluciones”, solo Taguacita, la más pequeña y de menor impacto para el acueducto de Caracas, fue concluida antes de los años 90. Taguaza fue inaugurada y puesta en servicio por el segundo gobierno de Rafael Caldera, y Cuira, la de mayor capacidad ha sido acometida por decisión del Presidente Chávez y está en fase de construcción actualmente. En esos años del primer gobierno de Carlos Andrés Pérez, el Presidente del INOS también planteó la construcción de un embalse sobre el río Macarao, que nunca fue concluido. De manera que la historia de la imprevisión sobre el abastecimiento de agua de Caracas debe ser publicitada para establecer claramente las responsabilidades en la citada “falta de previsión” del gobierno.

5º.- El documento básico del Plan Nacional de Aprovechamiento de los Recursos Hidráulicos fue publicado a principios de los años 70, con sus lineamientos para establecer una política para el desarrollo de programas y construcción de las obras necesarias. Sería oportuno preguntarse ¿ En qué medida los diferentes gobiernos y que a partir de esos años antecedieron al Presidente Chávez, tomaron las iniciativas para materializar los lineamientos de ese Plan ?

6º.- Desde esos años en que se fundó COPLANARH, el suscrito participó en actividades profesionales orientadas a sensibilizar al gobierno nacional sobre la conveniencia de estructurar un organismo que asumiese la responsabilidad de estudiar sistemáticamente las aguas subterráneas para establecer una política de aprovechamiento de tal recurso, como respaldo al desarrollo del país.

Al respecto debe reconocerse que la primera administración de Rafael Caldera apoyó la creación de una unidad con rango de División en el Ministerio de Minas e Hidrocarburos, destinada a la realización de dichos estudios, pero la misma se concentró en la elaboración del primer Mapa Hidrogeológico del país y no atendió los estudios sistemáticos de aguas subterráneas en el territorio nacional, siendo luego fue di-suelta por la Administración de Carlos Andrés Pérez, por lo que el país sigue esperando por un ente oficial que asuma esa responsabilidad y pueda reivindicar las posibilidades de las Aguas Subterráneas para colaborar con el país y permitir afrontar situaciones críticas como las actuales, pisando terreno firme.

Con relación a este último punto, conviene destacar que en Venezuela muchas ciudades han sido o están siendo abastecidas por aguas subterráneas, entre ellas Barinas y muchos centros poblados menores, a través de un programa que había desarrollado el Ministerio de Sanidad, denominado “Acueductos Rurales”, pero el caso más relevante es el Maracaibo, la segunda ciudad del país, cuyo acueducto estuvo siendo abastecido por un campo de `pozos, en los alrededores del actual aeropuerto de La Chinita, en el cual existían pozos con rendimientos de hasta 100 lt/seg, los cuales fueron abandonados luego de entrar en servicio la presa de Tulé, Socuy y otros embalses ¿ Sabrá el gobernador Arias Cárdenas de la existencia de esos pozos ?.

También es conveniente destacar que la política de los distintos gobiernos que hemos tenido, de aprovechar las aguas superficiales mediante embalses, tiene un componente económico y táctico ya que esas obras son muy costosas e implican el movimiento de grandes sumas de dinero a través de los bancos, para el beneficio de las empresas que las construyen, además que permiten dar empleo a un volumen relevante de obreros, por varios años, mientras que la construcción de pozos no emplea sino un número insignificante de mano de obra, los costos son ridículamente más bajos que los de las presas y su construcción puede tardarse, como máximo, dos meses. Además, un embalse es una obra que inaugura el Presidente de la República, un pozo lo pone en funcionamiento un Alcalde o un Gobernador.

Como puede verse, el problema actual tiene raíces y es complejo, sin embargo es necesario resaltar que dentro de esta complejidad, hay una labor que no se ha enfrentado con suficiente firmeza y es la siembra y consolidación en la colectividad nacional de una cultura de ahorro y no dilapidación del recurso agua. Es posible que la actual crisis sirva de base para el inicio de tal tarea.

En espera que estos comentarios “históricos” contribuyan a aclarar la situación y encaminar las posibles soluciones para dar una respuesta firme y bien sustentada a las críticas malsanas generadas por las cíclicas crisis en el suministro del recurso agua, debido a fenómenos climáticos que el hombre no puede controlar, les saluda.

DesdeLaPlaza.com /  Armando Díaz Q.